José Cánovas
Viajero








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Yucatán (México)



La Riviera Maya es uno de los destinos turísticos más relevantes de México y como cabía esperar, tras una semana de estancia, no salí defraudado. La península del Yucatán alberga algunas de las ruinas mayas más importantes de centroamérica, así como los maravillosos cenotes, enigmáticos agujeros por los que fluyen aguas cristalinas y que me dispuse a conocer contratando algunas excursiones o a bordo de un confortable taxi.


bahía principe
Hotel Gran Bahía Príncipe
pirámides
Pirámide Kukulcán. Chichén Itzá

Consejos e información útil

Aquí tenéis algunas recomendaciones que os serán útiles:

  • Para moveros por la Riviera Maya a buen precio existen taxis colectivos (furgonetas blancas) que circulan continuamente por la autovía entre Cancún y Tulum.
  • En Playa del Carmen existen numerosas agencias de viaje donde podréis contratar excursiones a Chichén Itzá y otros recintos arqueológicos (incluyen, guía, transporte, entrada y almuerzo).
  • Los taxis convencionales que esperan junto a los hoteles también son útiles para visitar ruinas mayas. Yo utilicé uno para acercarme a Cobá y al cenote Choo-Ha.
  • Para moveros por la zona arqueológica de Cobá os aconsejo que alquiléis una bicicleta.
  • A las ruinas de Tulum y al parque temático de Xel-Ha podéis acercaros en taxis colectivos, no es necesario que contratéis las excursiones en el hotel ni en Playa del Carmen.
  • En Chichén Itzá hay muchas tiendas de souvenirs donde poder adquirir calendarios mayas a buen precio.
  • Si pretendéis visitar el parque de Xel-Ha os recomiendo que compréis una cámara de fotos acuática. Le sacaréis partido.
  • Tanto en el viaje de ida como en el de vuelta a España hicimos transbordo en MADRID. En ambos casos disfrutamos de seis horas antes de tomar el siguiente avión, lo cual nos dio margen de sobra para realizar dos pateadas exprés por la capital española.

Mapa completo de las rutas


yucatán


Hotel Bahía Príncipe y excursiones



bahia2 Hotel Gran Bahía Príncipe

Sector Cobá, Akumal y Tulum
Siete días

    El Gran Hotel Bahía Príncipe se encuentra en la Riviera Maya, entre Playa del Carmen y Tulum. Dispone de tres sectores: Akumal, Tulum y Cobá, con sus respectivas recepciones, y en cada uno existen numerosas piscinas, restaurantes y accesos directos a la playa. Un tren une todos los recintos con la entrada principal, presidida por la zona comercial de la Hacienda de Doña Isabel. El hospedaje fue en régimen de todo incluido: alojamiento, bebida y comida.


    hotel bahia2
    Piscina sector Cobá


    Estancia

    • Trayectos:
      - Avión Barcelona-Cancún, vía Madrid (i/v).
      - Acceso en autobús entre el aeropuerto y el hotel (i/v).
    • Alojamiento: Hotel Gran Bahía Príncipe de Riviera Maya.
    • Lo mejor:
      - Los restaurantes a la carta.
      - Los chiringuitos de la playa.
      - Las aguas cristalinas de la playa.
    • Lo peor:
      - Nuestra habitación estaba en el sector Cobá, muy lejos de la playa.
      - Precios altos de las excursiones.

    En este viaje a la Riviera Maya mexicana, aparte de disfrutar del maravilloso hotel Gran Bahía Príncipe: playas que se asoman al mar Caribe, piscinas varias, exquisita gastronomía y servicios varios, también lo pasamos en grande realizando excursiones al interior de la península del Yucatán (estados de Yucatán y Quintana Roo).

    Pero hablemos del hotel Gran Bahía Príncipe. Emplazado al sur de la Riviera Maya, a orillas del mar Caribe, cuenta con tres sectores o complejos: Cobá, Akumal y Tulum, cada uno de ellos con su propia rececpción, piscina, restaurantes y zonas de ocio. Un trenecito une los complejos en cortos intervalos, aunque las distancias no son muy grandes para cubrirlas a pie. En los parterres, ajenas a los turistas, podréis ver enormes iguanas exponer sus cuerpos al sol. Imponen mucho pero son mansas y tranquilas, sólo comen isectos.

    A nosotros nos tocó dormir en el complejo Cobá, el más retirado de la playa. Cortas caminatas solucionaron el inconveniente. El primer día nos ofrecieron la opción de contratar excursiones, pero sus altos precios decantó la balanza hacia las agencias de viaje de Playa del Carmen. Lo que sí hicimos, por estar incluido en el precio, fue apuntarnos a cenar en tres restaurantes a la carta.




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pcarmen Ruta 1: Centro de la Riviera Maya

Playa del Carmen
1ª excursión

    Playa del Carmen es la ciudad de referencia donde buscar agencias de viaje que realicen excursiones por la Riviera Maya. Se encuentra frente a la isla de Cozumel y una flota de taxis colectivos (furgonetas blancas) la une por un módico precio con los respectivos hoteles.


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    Plaza Antigua. Playa del Carmen


    Ruta

    • Trayectos:
      - Taxi colectivo Hotel-Playa del Carmen (i/v).
    • Alojamiento: Hotel Gran Bahía Príncipe de Riviera Maya.
    • Lo mejor:
      - Contratamos la excursión a Chichén Itzá a buen precio.
    • Lo peor:
      - En los taxis colectivos fuimos como sardinas en lata.

    Un autobús colectivo nos condujo en media hora hasta Playa del Carmen. La parada de los “Colectivos” estaba junto a la avenida Juárez, muy cerca del centro de la población. El viaje costó 60 pesos por barba (unos 4€).

    Playa del Carmen se encuentra a 60 kilómetros al sur de Cancún y a simple vista parecí una ciudad destartalada y descuidada. Al menos, a plena luz del día ofrecía al visitante una cierta seguridad. Localizamos la agencia de viajes Sergio’s en la Quinta Avenida, a escasos metros de la plaza Vieja. Muchos comerciantes nos habían invitado a que pasáramos a ver el interior de sus tiendas. Algunos de estos chicos andaban un tanto desesperados por vender algo y no dejaban de llamarnos: “españoles, qué tal”, “hola españoles”, “de dónde son ustedes”. La verdad es que eran un poco pesados.

    Contratamos la excursión a Chichén Itzá (75$ los dos) y antes de regresar al hotel dimos una vuelta por Playa del Carmen. Cerca de la playa descubrimos una amplia zona comercial compuesta por restaurantes, bares, tiendas de ropa, joyerías y agencias de viajes. A pocos metros de distancia se encontraba el muelle desde el que partían los barcos a la cercana isla de Cozumel. Desde el puerto se podía ver la isla. En una esquina de la plaza Vieja había una tienda de souvenirs gigantesca que tenía precios etiquetados en los productos. Aprovechamos que no había que regatear con los vendedores para llevarnos un poco de todo a buen precio.




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tulum Ruta 2: Riviera Maya sur

Tulum y parque Xel-Ha
2ª excursión

    Esta excursión comprende la costa sur de la Riviera Maya, concretamente la zona arqueológica de Tulum (las únicas ruinas mayas que se asoman al mar) y el parque acuático de Xel-Ha, organizado en torno a un río que desemboca en el mar Caribe.


    tulum tulum
    Templo de Las Pinturas. Tulum


    Ruta

    • Trayectos (taxi colectivo):
      1/ Del hotel a Tulum.
      2/ De Tulum a Xel-Ha.
      3/ De Xel-Ha al hotel.
    • Alojamiento: Hotel Gran Bahía Príncipe de Riviera Maya.
    • Almuerzo: Restaurante "La Terraza" de Xel-Ha.
    • Lo mejor:
      - Un baño en la playa de Tulum, frente a las ruinas.
      - El descenso en flotador por el río de Xel-Ha.
      - La fauna marina que habitaba la laguna de Xel-Ha.
    • Lo peor:
      - En Tulum pasamos mucho calor, aunque lo mitigamos bañándonos en la playa.

    1/ Recinto arqueológico de Tulum

    Un taxi colectivo nos trasladó, en quince minutos, desde el hotel hasta Tulum. Los últimos 800 metros, desde la autovía hasta la entrada al recinto arqueológico, los cubrimos a pie, prescindiendo de unos trenecitos que aguardaban la llegada de turistas. Tulum fue una ciudad amurallada que se abandonó poco después de la llegada de los españoles a las costas del Yucatán. Acogió un importante centro de culto en honor al llamado “Dios Descendente”. Sus templos más destacados son el Castillo, ubicado cara al mar, y el de las Pinturas o de los Frescos.

    Compramos dos entradas a razón de 51 pesos cada una y accedimos al interior del recinto arqueológico por una sección que habían abierto en la muralla. Eran las nueve de la mañana y el calor ya era insoportable, pegajoso a más no poder. No contratamos ningún guía, aunque realmente no hizo falta, puesto que los principales monumentos tenían carteles informativos escritos en castellano. Agradecimos haber madrugado porque a esas prontas horas todavía no habían llegado los turistas en masa provenientes de los hoteles.

    Estuvimos dentro del recinto amurallado dos horas justas, siguiendo el circuito marcado y disfrutando de las hermosas ruinas que formaron parte de la única ciudad que los mayas construyeron a orillas del mar. El resto de ciudades fueron levantadas en el interior de la península de Yucatán, entre la espesura del bosque. Los últimos minutos los empleamos en bañarnos en una de las playas más bonitas que habíamos visto en nuestras vidas. Sus aguas cristalinas, la arena blanca, las palmeras y las ruinas sobre el acantilado formaban un hermoso mosaico.




    2/ Parque temático de Xel-Ha

    Xel-Ha es un parque ecológico ubicado junto a la orilla del mar, entre Tulum y el hotel Bahía Príncipe. Tiene una gran caleta en la que el agua de un río se une al mar Caribe, y esto propicia la convivencia de unas 70 especies marinas y de agua dulce. Es por esto que Xel-Ha es conocido como el acuario natural más grande del mundo.

    Un nuevo autobús colectivo nos condujo por 40 pesos hasta la calle que conducía a Xel-Ha. Previamente, a la salida de Tulum, habíamos adquirido las entradas al parque temático a la sazón de 900 pesos cada una (nos ahorramos 200 pesos por las dos). Tras caminar medio kilómetro nos presentamos en la taquilla de Xel-Ha, donde nos colocaron la pulsera de todo incluido.

    La principal atracción del parque acuático de Xel-Ha consiste en descender un río de aguas cristalinas, desde que aflora a la superficie en la zona selvática hasta la laguna o caleta que lo une con el mar, montados en enormes flotadores. Y eso hicimos Isa y yo, subirnos a unos de esos donuts gigantes y dejarnos llevar por la corriente. Bajo el agua nos aguardaba un mundo maravilloso, repleto de peces de colores, rayas, barracudas, etc.

    Tras el almuerzo en el restaurante "La Terraza", decidimos practicar esnórquel en la laguna. En los vestuarios, a cambio de un depósito de 300 pesos, nos dieron las gafas y el tubo. Anhelé que nos hubieran dado unas aletas para los pies, pero no tenían. Realizamos varias inmersiones en compañía de escurridizos peces y luego cubrimos a pie la zona que rodea la caleta. Practicamos el salto de Mo, dejándonos caer en un cenote con una larga cuerda, vimos el cenote Paraíso y, antes de llegar a la cabecera del río, subimos hasta las copas de los árboles por unas pasarelas de madera que serpenteaban entre la espesura del bosque. Desde allí arriba tuvimos la selva a nuestros pies. Finalmente, realizamos un segundo descenso por el río haciendo uso de las gafas y el tubo, prescindiendo de los fastidiosos flotadores.




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kukulcan2 Ruta 3: Estado de Yucatán

Chichén Itzá, Pisté y Valladolid
3ª excursión

    La excursión estrella de este viaje a la Riviera Maya fue, sin lugar a dudas, el recinto arqueológico de Chichén Itzá, ubicado en el corazón de la selva de Yucatán. Una visita a la ciudad colonial de Valladolid completó el lote.


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    Pirámide Kukulcán. Chichén Itzá


    Ruta

    • Trayectos (furgoneta):
      1/ Del hotel a Chichén Itzá.
      2/ De Chichén Itzá a Pisté.
      3/ De Pisté a Valladolid.
      4/ De Valladolid al hotel.
    • Alojamiento: Hotel Gran Bahía Príncipe de Riviera Maya.
    • Almuerzo: Restaurante Sac-be de Pisté.
    • Lo mejor:
      - La pirámide de Kukulcán, en Chichén Itzá.
      - El cenote Zaci de Valladolid.
      - La plaza o parque Principal de Valladolid.
    • Lo peor:
      - La excursión a Ek-Balam se había cancelado y el chófer no nos devolvió el dinero que habíamos pagado (lo recuperamos al día siguiente).
      - La furgoneta no andaba muy fina.
      - Los badenes colocados a las entradas de las aldeas: o ralentizabas la marcha o te cargabas el coche.

    1/ Chichén Itzá

    La furgoneta con el logo de Segio’s, una Chevrolet parecida a la de los taxis colectivos, llegó proveniente de Playa del Carmen antes de las nueve. La noche anterior habíamos recibido un mensaje en la recepción del hotel anunciando que la excursión a Ek-Balam se cancelaba por falta de clientes. El chófer, como ya intuía, olvidó devolvernos los 50 dólares. "Lo solucionaremos a lo largo del día", nos dijo. Éramos siete los componentes que viajábamos en la furgo: un belga cuarentañero, un matrimonio de Valladolid (España) con sus dos hijas adolescentes, Isa y yo.

    Iniciamos la ruta desplazándonos por la autovía hacia Tulum. En este punto nos adentramos en la selva de Quintana Roo por la carretera 109. Dejamos el desvío de Cobá y pasado Valladolid (México) pasamos por Kaua, aldea maya compuesta por pequeñas chabolas que se asomaban a la carretera, plagada de niños que correteaban semidesnudos. En adelante avistamos las primeras plantaciones de ágave, planta de la que se obtiene el tequila, y poco después llegábamos al aparcamiento de Chichén Itzá.


    kaua
    Kaua
    agave
    Plantación de Ágave

    La entrada a Chichén Itzá estaba minada de tiendas de souvenirs. Varias de ellas realizaban calendarios mayas y cartuchos de plata. El chófer, que debía ir a comisión, nos llevó a una que según él tenía buen precio. Mientras confeccionaban los calendarios que habíamos encargado iniciamos la visita al recinto arqueológico de Chichén Itzá, uno de los más impresionantes de México.

    Un guía oficial (incluido en el precio) se hizo cargo de nosotros. Nos situó a todos en torno a la pirámide escalonada de Kukulcán, incluida en el patrimonio de la Unesco y cuyo ascenso a la cima estaba vetado. Y allí inició su discurso: "Chichén Itzá fue fundada en el año 525 d.C.", "en lengua maya significa 'boca del pozo de los brujos del agua' y es uno de los principales sitios arqueológicos de la península del Yucatán", "la ciudad fue un centro ceremonial que pasó por diversas épocas y culturas", "el año 1998 fue declarada Patrimonio Universal por la Unesco y en 2007 toda la zona arqueológica fue reconocida como una de las Nuevas Maravillas del Mundo...".

    Completamos la visita al recinto contemplando curiosos edificios, como el templo del Jaguar, que acogía el juego de pelota, la plataforma de las Águilas, el templo de las Mil Columnas, además del cenote Sagrado, que se encontraba algo retirado y que según contó el guía, estaba destinado a sacrificios humanos (de niños y mujeres hermosas). Quedamos muy impresionados al contemplar el cenote, un agujero de unos 60 metros de diámetro con paredes verticales de unos 15 metros de altura y de aguas turbias y profundas (unos 13 metros).




    2/ Pisté

    Una vez realizada la visita al recinto, con los calendarios ya terminados y comprados, llegó la hora de mover el bigote en el restaurante Sac-be, pero la furgoneta sacó humo por el capó al intentar ponerla en marcha. Al parecer, el depósito del refrigerante estaba vacío. El chófer consiguió un poco de agua y de esa manera, con varios minutos de retraso sobre el horario previsto, marchamos a comer a Pisté, población ubicada muy cerca de las ruinas de Chichén Itzá.

    El restaurante Sac-be estaba situado junto a la carretera, en el centro de Pisté. El chófer nos ofreció una mesa a los siete y nos dijo que teníamos servicio de bufé libre. Podíamos comer lo que quisiéramos. La bebida, como ya me imaginé, se pagaba aparte. El local era grande y tenía muchas mesas ocupadas por turistas, que al igual que nosotros, acababan de visitar Chichén Itzá. Hacía mucho calor y los ventiladores del techo no solucionaban el problema.


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    Iglesia de Pisté
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    Restaurante Sac-be de Pisté


    3/ Valladolid

    Llegamos a Valladolid a las cuatro de la tarde, bajo un calor bastante pegajoso. El chófer Giovanni nos dio veinte minutos para recorrer el casco viejo, que estaba situado en torno a la bonita plaza o parque principal Francisco Cantón, que tuvimos el placer de recorrer a pie.

    El Valladolid mejicano fue fundado por los españoles en 1543, aunque fue reubicado a su actual emplazamiento en 1545. La plaza principal del casco viejo está rodeada de edificios coloniales, como el que acoge el Ayuntamiento. También se encuentra allí la iglesia de San Gervasio, construida en el siglo XVI, cuyo interior visitamos Isa y yo.

    Tardamos cinco minutos en cubrir, en el interior de la furgoneta, la corta distancia que había hasta el cenote Zací, nuestra siguiente visita del día. Zací, que en lengua maya significa 'gavilán blanco' se encuentra en el mismo Valladolid. Estuvimos media hora en el interior de este enorme agujero a cielo abierto de espectaculares formas pétreas. Sus aguas son dulces, de color turquesa y abarcan unos 25 metros de diámetro en forma de óvalo. Tiene una profundidad de unos cincuenta metros y, aunque llevaba gafas de agua, me fue imposible ver más allá de mis narices.




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coba Ruta 4: Área de Cobá

Lago Cobá, recinto arqueológico de Cobá y cenote Choo-Ha
4ª excursión

    El recinto arqueológico de Cobá es uno de los más extensos de toda la península de Yucatán. Una bicicleta bastó para recorrer algunos sectores liberados de la espesa foresta. Cobá también cuenta con tres renombrados cenotes. Nosotros visitamos Choo-Ha.


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    Pirámide Nohoch Mul. Cobá


    Ruta

    • Trayectos (taxi):
      1/ Del hotel al lago Cobá.
      2/ Recinto de Cobá (bicicleta).
      3/ De Cobá a Choo-Ha.
      4/ De Choo-Ha al hotel.
    • Alojamiento: Hotel Gran Bahía Príncipe de Riviera Maya.
    • Almuerzo: Hotel Gran Bahía Príncipe de Riviera Maya.
    • Lo mejor:
      - Los cocodrilos del lago Cobá.
      - Vistas de la selva desde la cima de la pirámide Nohoch Mul.
      - Recorrer en bicicleta el recinto de Cobá.
      - Movernos por la zona en taxi. Paramos donde quisimos con la tarifa pactada de antemano.
    • Lo peor:
      - Nada que objetar. La excursión fue como la seda.

    1/ Lago de Cobá

    El día anterior, por la mañana, habíamos acudido al puente de la autovía para recuperar el dinero de Ek-Balam (50$). El chófer, el mismo de Chichén Itzá, realizaba ese día una excursión de un día a Cobá, con almuerzo incluido, y con los vallisoletanos a bordo de la furgo. El precio era caro y, además, nos ocupaba casi todo el día. Creímos más conveniente realizar la excursión por nuestra cuenta, y la dejamos para el día siguiente.

    Llegado el día, a primera hora de la mañana, montamos en un taxi y acordamos el precio de la excursión (la rebajamos de 1.300 a 900 pesos, unos 60€), que debía incluir el ida y vuelta al recinto arqueológico y uno de los cenotes de Cobá. En media hora alcanzamos la entrada de Cobá, ubicada junto al lago homónimo.

    El taxista nos dijo que en el lago Cobá podríamos ver cocodrilos. El avistamiento se realizaba desde una pasarela de madera que se adentraba en el agua, previo pago de diez pesos. Abonamos la pasta, caminamos hasta el final de las tablas y quedamos bastante impresionados cuando vimos a un par de grandes saurios acercarse a nosotros. Uno de ellos era enorme.




    2/ Recinto arqueológico de Cobá

    La entrada al recinto arqueológico de Cobá costaba 51 pesos (poco más de 3€). Cuando accedimos al interior vimos que las ruinas estaban literalmente engullidas por la selva. Nos pareció que quedaba mucho trabajo por hacer en labores de restauración.

    Cobá fue una ciudad de 60.000 habitantes que creció entre los años 600 y 900 d.C. Abarca una gran superficie dentro del bosque y consta de varios recintos arqueológicos (grupos) unidos por amplios caminos de tierra. Para recorrer las ruinas podíamos elegir entre bicitaxis y bicicletas de alquiler (30 pesos cada una). Optamos por la opción más económica, así que elegimos un par de bicis y marchamos a golpe de pedal por un amplio sendero que discurría por mitad de la espesa selva.

    De camino a la pirámide de Nohoch Mul nos topamos con varios templos, entre los que destacaban los del juego de pelota. La pirámide de Cobá o de Nohoch Mul, con sus 42 metros de altura, está considerada como la más alta de toda la península del Yucatán. Era pronto y no había turistas cuando acometimos, asidos a una gruesa cuerda, el complicado ascenso por la única cara apta para escalarla. Cuando llegamos arriba disfrutamos de unas espectaculares vistas de la selva. El bosque era tan espeso que ni siquiera veíamos el resto de las ruinas de Cobá.

    Descendimos de la pirámide con sumo cuidado, montamos en las bicicletas e iniciamos el camino de vuelta enlazando con una nueva pista de tierra que nos condujo a nuevos e interesantes yacimientos arqueológicos, como el área de Pinturas y las estelas del grupo Macanxoc.




    3/ Cenote Choo-Ha

    Para llegar a los cenotes, el taxista tuvo que atravesar Cobá, una localidad que presentaba un aspecto bastante deteriorado y pobre, con calles sin asfaltar y chabolas por doquier. Aun así, desde el coche pude ver un edificio que albergaba una biblioteca y la Casa de la Cultura.

    Tras cinco kilómetros de circular por una carretera asfaltada que discurría por mitad del bosque, arribamos a la caseta que controlaba el acceso a los tres cenotes de Cobá: Tamcach-Ha, Multún-Ha y Choo-Ha. No teníamos tiempo de visitar los tres, así que le pedimos consejo al empleado, un chico joven que según nos dijo el taxista empleaba el maya como lengua vehicular. "Visiten Choo-Ha", nos dijo el muchacho en un pobre castellano. Y eso hicimos.

    La entrada al cenote Choo-Ha, un pequeño agujero provisto de una larga escalera de madera, se encontraba a unos 500 metros de la caseta. El taxista aparcó junto a una zona de duchas y vestuarios y un empleado nos dijo que debíamos ducharnos antes de descender al cenote. Tomamos la ducha y nos introdujimos por la pequeña angostura. Tras descender unos quince metros por las escaleras de madera, los dos nos quedamos boquiabiertos cuando vimos una enorme cueva llena de estalactitas iluminada por potentes focos. Nos bañamos bajo un silencio sobrecogedor, en aguas cristalinas, en compañía de pequeños peces negros que carecían de ojos.




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República Dominicana



La República Dominicana, que junto a Haití conforma la isla Española, es el país caribeño que visité en 2006. Una semana en un hotel de Punta Cana, en régimen de todo incluido, no colmó mis pretensiones y por eso realicé algunas excursiones al margen de la mayorista: a Santo Domingo, la capital, a los Altos de Chavón y a la isla Saona, todo un paraíso caribeño de arenas blancas y aguas transparentes.


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Hotel Be Live Collection. Punta Cana
santo domingo
Plaza de España. Santo Domingo

Consejos e información útil

Consejos para pasar una semana de vicio en República Dominicana:

  • Trucos de los hoteles caribeños. Si viajáis con vuestra pareja y decís que estáis recién casados, os obsequiarán con una botella de cava.
  • Para aquellos que no queréis moveros del hotel y habéis contratado una estancia de "todo incluido", tenéis estas opciones: alquiler de bicicleta, esnórquel, kayak, pista de tenis, voleibol, etc.
  • No metáis dinero en los cajones de la habitación. Es mejor que dejéis la pasta en la caja fuerte que os ofrece el hotel (previo pago) o repartirla por la maleta, entre la ropa. Eso sí, no olvidéis cerrar la maleta con un buen candado.
  • En el hotel os ofrecerán participar en diversas excursiones. Los precios son altos, pero siempre podéis escuchar las ofertas que os propongan los chicos que recorren la playa.
  • De las excursiones que podéis realizar, yo os recomiendo estas:
    • Restaurante de langosta + recinto de delfines en lancha rápida.
    • Higüey + Santo Domingo.
    • Isla Saona + Altos del Chavón.
  • Nosotros contratamos todas las excursiones con Orlando, un tipo muy dicharachero y parlanchín que supo estar a la altura. Incluso nos obsequió con botellas de ron y paquetes de café.
  • Santo Domingo no es una ciudad segura. Es mejor que transitéis por sus calles en compañía de un guía, como hicimos nosotros.
  • Los cuadros son uno de los mejores regalos que os podéis traer de la isla. En Higüey hay varias tiendas, pero en el hotel los exponen un par de días a la semana. Son buenos, bonitos y, algunos, hasta baratos.
  • La ingesta en la piscia de mojitos, coco-locos, daiquiris..., a pleno sol del día, os puede pasar factura. Llevaos almax para contrarestar los efectos dañinos.

Mapa completo de las rutas


R. Dominicana


Hotel Be Live Collection y excursiones



piscinahotel Hotel Be Live Collection Punta Cana

Playa, piscinas, restaurantes, actividades deportivas...
Siete días

    El Hotel Be Live Collection de Punta Cana (antiguo Globalia), se encuentra en el extremo más oriental de la República Dominicana, al sur de playa Bávaro. Cuenta con tres piscinas (la principal incluye bar con taburetes en el agua), acceso a una playa de arena blanca repleta de altas palmeras y diversas instalaciones deportivas. El hospedaje fue en régimen de todo incluido: alojamiento, bebida y comida.


    hotelglobalia piscinahotel
    Piscina principal


    Estancia

    • Trayectos:
      - Avión Barcelona-Punta Cana, vía Madrid (i/v).
      - Acceso en autobús entre el aeropuerto y el hotel (i/v).
    • Alojamiento: Hotel Be Live Collection Punta Cana (antiguo Globalia).
    • Lo mejor:
      - Los restaurantes a la carta.
      - La piscina principal, con su bar y sus coco-locos.
      - Muchas opciones para practicar deporte.
    • Lo peor:
      - Desaparecieron algunos dólares que mi hermana guardaba en un cajón de su habitación.
      - El hotel ofrecía excursiones a precios caros.
      - Los comerciantes que se instalaban dentro del hotel, en un mercadillo ambulante, eran muy pesados.

    Los dos primeros días, aprovechando el buen tiempo, los dedicamos a relajarnos en el hotel Be Live Collection, dando buena cuenta de su exquisita playa, jalonada de altos cocoteros, y de sus tres piscinas. Aprovechamos el "todo incluido" para degustar la comida local en los muchos restaurantes con que contaba el complejo.

    El primer día, mientras descansábamos en las hamacas de la playa, contratamos las excursiones al margen del hotel. Orlando, un dominicano muy locuaz y avispado que había trabajado unos años en España, se encargó de resolvernos el asunto: visita a Santo Domingo, almuerzo en lancha al restaurante "La Langosta del Caribe" y excursión a isla Saona y Altos de Chavón.




    Actividades y pasatiempos

    Aparte de ofrecer buenos restaurantes a la carta y cócteles de todo tipo, el hotel Be Live Collection disponía de instalaciones deportivas de diferente índole. Nosotros dimos buena cuenta de casi todas ellas. En la playa montamos en kayak e hicimos esnórquel, en la piscina jugamos a voleibol, al caer la noche jugamos al pádel y al tenis y, de vez en cuando, también movimos la muñeca jugando al ping-pong.

    Algunos días de la semana, el hotel, en una especie de mercadillo ambulante, abría sus puertas a músicos y artistas locales para que pudieran vender su mercancía. Cuadros, collares, pulseras y figuras de madera se exponían a la vista de los sorprendidos huéspedes. Eso sí, algunos vendedores eran muy pesados y maleducados.





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santodomingo Ruta 1: Santo Domingo, la capital

Higüey, Faro de Colón y Ciudad Colonial de Sto. Domingo
1ª excursión

    Una de las excursiones estrella de la República Dominicana lo constituye, sin lugar a dudas, su capital, Santo Domingo. Situada al sur del país, en la costa caribeña, merece la pena pasear sin rumbo fijo por la ciudad colonial, ocupada por los primeros edificios que los españoles levantaron en el nuevo mundo.


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    Plaza de España de Sto. Domingo


    Ruta

    • Trayectos (furgoneta):
      1/ De Punta Cana a Higüey, La Romana y San Pedro de Macorís.
      2/ Faro de Colón (afueras de Santo Domingo).
      3/ Ciudad Colonial de Santo Domingo.
      4/ De Santo Domingo a Punta Cana.
    • Alojamiento: Hotel Be Live Collection Punta Cana (antiguo Globalia).
    • Lo mejor:
      - La Ciudad Colonial.
      - Atravesar pueblos de la ruta.
    • Lo peor:
      - El Malecón, con aguas sucias y llenas de basura.
      - El Faro de Colón, un edificio frío y sin encanto, que supuestamente acoge las reliquias del genial navegante.
      - Un sinfín de badenes y socavones al atravesar las poblaciones.

    1/ De Higüey a San Pedro de Macoris

    A las 7'30, con puntualidad, partimos del hotel en furgoneta. De copiloto iba Francis Feliu, el gigantón con el que hablé en la playa dos días atrás gracias al teléfono de su amigo Orlando. Fijamos el precio de la excursión en 200$ (33$ por cabeza), muy por debajo de los 60$ por barba que nos pedían en el hotel.

    La autopista que hoy día une Punta Cana con Santo Domingo (200 km.) estaba en construcción. Tan solo existía un tramo próximo a la capital. Así pues, iniciamos el recorrido avanzando por la vieja Nacional 3. Atravesamos la pedanía de Verón, llena de comercios que abrían a nuestro paso, y poco después alcanzamos Higüey, la capital de la provincia, que cuenta con una de las catedrales más grandes del Caribe. Higüey nos llamó mucho la atención por varios motivos: por sus mototaxis, por los grandes baches y socavones que inundaban sus calles, por las ristras de carne de vaca que colgaban en el exterior de las tiendas (por supuesto llenas de moscas) y por los muchos concesionarios de vehículos todoterreno que había.

    En nuestra ruta hacia el oeste atravesamos el río Chavón y una urbanización privada, conocida como Casa de Campo, próxima a La Romana. "Aquí vive rodeado de lujo el bueno de Julio Iglesias", nos dijo Francis. La villa de La Romana, aparte de estar situada de cara al Caribe, no resaltaba precisamente por su belleza. Desde la furgoneta contemplamos el trajín del día a día de una ciudad de más de 50.000 habitantes. Vimos un obelisco pintado con vivos colores, mototaxis, mucha gente yendo de un lado a otro y, sobre todo, mucho tráfico sorteando enormes badenes.

    Después de cruzar el caudaloso río Soco alcanzamos San Pedro de Macorís, última población antes de llegar a Santo Domingo. Desde el vehículo pude apreciar la falta de infraestructuras. Había muchas calles sin asfaltar y mucha gente usando mulos como medio de carga. Era como si hubiéramos retrocedido súbitamente en el tiempo. En algunos aspectos, me recordó mucho a mi querida Cuba.




    2/ El Faro de Colón

    En compañía de Francis, nuestro aplicado guía, hicimos un alto al este de Santo Domingo para visitar el Faro de Colón, un megaedificio frío y sobrio, donde supuestamente descansan parte de los restos mortales de Cristóbal Colón. Recorrimos la plaza bajo un sol de justicia y visitamos el interior del edificio hasta situarnos bajo la urna de Colón (acceso gratuito).

    Parece ser que los huesos del maltrecho Colón están repartidos entre la urna que teníamos ante nuestras narices y otra que se encuentra en Sevilla. Como no podíamos abrir la cajita e inspeccionarla por nuestra cuenta, tuvimos que creer lo que nos decían.




    3/ Ciudad Colonial (por la mañana)

    Francis nos condujo a todos hasta la zona colonial de Santo Domingo, ubicada al oeste del río Ozama. Él hizo de guía, ahuyentando a otros muchachos que se acercaban a nosotros; y comenzó por el viejo hospital de San Nicolás de Bari, el primero construido en el nuevo mundo, fundado por Nicolás de Ovando (gobernador de la Española en 1503.

    La ruta por la Ciudad Colonial nos deparó gratas sorpresas en forma de casas coloniales: Casa de la Moneda (1540), Casa de Tostado (principios del XVI), hotel Ovando en la calle de las Damas (primera calle del Nuevo Mundo), etc. En la calle de las Damas también vimos la fortaleza de Ozama, el fuerte más antiguo construido por los europeos en toda América. Muy cerca, en la plaza del Reloj, nos asomamos a un mirador sobre el río Ozama; visitamos el Panteón Nacional, un mausoleo donde se conservan los restos de destacados personajes de la historia de la República Dominicana, y contemplamos el palacio de la Real Audiencia (1511), el primer tribunal de la corona española en América.




    4/ Ciudad Colonial y Malecón (por la tarde)

    La visita al casco histórico de Santo Domingo continuó por la cercana plaza de España, que por esas fechas estaba adornada con un árbol de Navidad. En una esquina de la plaza, se hallaba el alcázar de Colón o palacio Virreinal de Don Diego Colón, concedido al hijo de Cristóbal Colón.

    Muy cerca, en la cercana plaza de Colón, presidida por la estatua del genial navegante, alcanzamos la catedral de Santo Domingo, terminada en 1546, la primera que se levantó en América. Contemplamos su fachada gótica desde la plaza y a continuación, marchamos en coche hacia el Malecón siguiendo el trazado de la vieja muralla, mandada construir por Nicolás de Ovando a lo largo del siglo XVI para proteger la ciudad de ataques piratas. En el Malecón, aparte de tomar un tentempié, nos asomamos a las sucias aguas del Caribe, infestadas de basura que flotaba al compás de las olas. Fue de lo peorcito que vimos en la capital.





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langosta Ruta 2: Playa Bávaro en lancha

Restaurante en El Cortecito y delfinario
2ª excursión

    Esta excursión en lancha trasncurre al norte de Punta Cana, en la línea costera correspondiente a Playa Bábaro. Se trata de una combinación gastronómica y lúdica: zamparnos una langosta y visitar el delfinario de Punta Cana.


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    Una langosta caribeña


    Ruta

    • Trayectos (lancha):
      1/ Del hotel al restaurante La Langosta del Caribe, en El Cortecito.
      2/ Del restaurante al delfinario.
      3/ Del delfinario a nuestro hotel.
    • Alojamiento: Hotel Be Live Collection Punta Cana (antiguo Globalia).
    • Lo mejor:
      - La comida, compuesta por langosta, bogabante y otras delicias del mar.
      - Navegar a toda leche por la costa.
    • Lo peor:
      - La lluvia vespertina nos aguó el espectáculo de delfines y tiburones.

    El día amaneció nublado y ventoso, tanto que las palmeras bailaban al son del viento. A mediodía, fieles a la cita, una lancha rápida con publicidad del restaurante nos recogió en la playa del hotel. Abordo nos acompañaban cuatro personas más de origen español, un matrimonio y sus dos hijos pequeños, los cuales se colocaron en la parte delantera. Un motor de gran cilindrada movía el bote a gran velocidad sobre las olas. El chico que lo manejaba realizaba giros bruscos sobre las olas para deleite y disfrute del personal. Estábamos navegando hacia el norte, entre la playa y el arrecife natural que cierra toda la costa. Desde el bote descubrimos cómo eran el resto de los hoteles de Punta Cana. Un día tan desapacible como ese implicó que no viéramos a nadie en ninguna hamaca. Los hoteles parecían estar desérticos y faltos de vida.

    Tardamos veinte minutos en llegar a La Langosta del Caribe, un pequeño restaurante ubicado en playa Bávaro, en la pedanía de El Cortecito. La excursión, que incluía transporte, almuerzo langostero y visita al delfinario, costó 50$ por persona, un poco cara, pero valió la pena. Las mesas y la barra se hallaban sobre la arena, a escasos metros del agua. Un camarero nos explicó que el precio incluía tres bebidas, parrillada de marisco y plato de langosta.

    Orlando, el negociante de la playa, nos aconsejó que compráramos café y ron en un supermercado de El Cortecito próximo al restaurante. Aseguró que los precios eran económicos y dimos fe de ello. Una vez realizadas las compras, emprendimos el regreso al hotel en lancha. Por el camino, bajo una fina lluvia, nos acercamos al delfinario de Punta Cana, que no estaba abierto al público. Rodeamos varios estanques, pero no vimos aleta alguna de delfín o tiburón. Dichosa lluvia.





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islasaona Ruta 3: Parque Nacional del Este

Bayahíbe, Isla Saona y Altos de Chavón
3ª excursión

    En el extremo suroriental de la República Dominicana se encuentra el Parque Nacional del Este, integrado por una pequeña península y la isla Saona. Bañado por aguas del mar Caribe, se trata de un lugar espectacular, de aguas cristalinas y playa idílicas repletas de cimbreantes palmeras cocoteras.


    islasaona saona
    Isla Saona


    Ruta

    • Trayectos:
      1/ Del hotel a Bayahíbe (furgoneta).
      2/ De Bayahíbe a isla Saona (catamarán).
      3/ De isla Saona a la Laguna Azul y Bayahíbe (lancha rápida).
      4/ De Bayahíbe a Altos de Chavón (furgoneta).
      5/ De Chavón al hotel (furgoneta).
    • Alojamiento: Hotel Be Live Collection Punta Cana (antiguo Globalia).
    • Lo mejor:
      - La playa del Gato, en isla Saona, de las mejores del Caribe.
      - Surcar las aguas del Caribe en catamarán, con bebida a bordo.
      - Bañarnos en la Laguna Azul, frente a la frondosa costa caribeña.
    • Lo peor:
      - A Francis, nuestro guía, le costó enrolarnos en un catamarán.

    1: Higüey y Bayahíbe

    Días atrás contratamos la excursión con Francis. El precio del pack isla Saona + Altos de Chavón nos costó 70$ por barba (20$ menos que en el hotel). A las 7,30 Francis y su chófer nos recogieron en el hotel. Media hora más tarde hicimos un alto a las afueras de Higüey, en un complejo de tiendas de regalos, pero no compramos nada.


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    Tiendas de regalo (Higüey)
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    Carretera a La Romana (Higüey)

    Reanudamos la marcha por la carretera del litoral y antes de llegar a La Romana tomamos un desvío hacia el sur. Al final de la ruta apareció la bahía de Bayahíbe conformada por el pueblo del mismo nombre. Nos detuvimos en la playa, junto a una hilera de tiendas de regalos, bares y restaurantes. Decenas de autocares provenientes de hoteles habían descargado a un nutrido grupo de turistas que, en un santiamén, fueron embarcados en catamaranes y lanchas rápidas. Los primeros aguardaban en la bahía y los segundos estaban junto a la playa. Francis habló con varios patrones de catamaranes, parecía que no llegaba a un acuerdo. Finalmente logró enrolarnos en un catamarán. "Ustedes viajarán como el resto de turistas. Tendrán bebida a bordo, almuerzo en la isla y regresarán en lancha rápida. Ya está todo pagado", nos dijo Francis.


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    Playa de Bayahíbe
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    Bahía de Bayahíbe

    2: Isla Saona y Laguna Azul

    Embarcamos todos y a los pocos minutos, ya con la vela del catamarán desplegada, partimos hacia Saona. La música comenzó a sonar y varios chicos sirvieron ron con cola. Navegábamos por un mar en calma, deleitándonos con la belleza del Caribe y de la costa virgen que nos rodeaba, hasta que pasada una hora ya pudimos avistar la exuberante isla Saona, con sus palmeras y su arena blanca. El catamarán echó el ancla frente a la isla y unas barcas a motor nos acercaron hasta la orilla.

    Pasamos las siguientes tres horas bañándonos en las aguas de color turquesa de la playa del Gato, de arena fina y blanca, con un transfondo único de exóticas palmeras repletas de enormes cocos. Saona era un lugar idílico, de postal. Por estar declarada Parque Nacional, carecía de hoteles, tan sólo existía una zona de bufet libre que incluía bebida y platos preparados de ensalada, pasta, pollo y fruta. Nos dimos prisa en comer para aprovechar una de las mejores playas del Caribe.

    Abandonamos Saona a las 15:30, montados en lanchas rápidas de doble motor, las mismas que vimos partir de Bayahíbe cargadas de turistas esa mañana. Ganamos velocidad rápidamente y en cuestión de segundos dejamos atrás la exuberante isla Saona. Veinte minutos después nos detuvimos a cierta distancia de la costa, junto a otras embarcaciones. Nos hallábamos en la Laguna Azul, una laguna natural de poca profundidad que se ha utilizado para el rodaje de muchas películas. Con los pies en el lecho, rodeados de estrellas de mar, degustamos un ron con cola que nos supo a gloria bendita.




    3: Altos de Chavón

    Esta tarde, a nuestro regreso de Saona, montamos en la furgoneta y partimos hacia Altos de Chavón, una villa empedrada levantada al estilo europeo en mitad de la selva, en un bello paraje por el que discurre el río Chavón, que sirvió para rodar películas como Rambo y Apocalypse Now.

    Nada más entrar en las calles del pueblo, Francis nos contó que Altos de Chavón se levantó gracias a la excentricidad de un tipo adinerado que vivía en La Romana. "Tenía mucho dinero y no sabía cómo gastarlo, así que en los años setenta lo empleó en construir esta villa", nos explicó. Un paseo por el empedrado pueblo, con Francis como guía, nos condujo hasta la iglesia, el mirador sobre el río Chavón, diferentes casas de estilo europeo repletas de flores en los balcones y el anfiteatro. Francis nos condujo al aparcamiento por el Túnel del Amor. "Toda pareja que entra por aquí acaba casándose", nos dijo con un poco de guasa.

    De regreso al hotel, observando los infinitos campos de caña de azúcar, fue como mejor se apreciaba el día a día del pueblo dominicano. La carretera se convirtió en nuestra tercera visita del día. Vimos muchos grupos de trabajadores postrados en las cunetas esperando transporte tras su jornada laboral, campesinos a lomos de sus mulos cruzando la única vía de tren que existe en el país, haitianos malviviendo en sus chozas a pie de carretera...





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bicicleta Ruta 4: El Tour de Punta Cana

Carretera y playa Cabeza de Toro
4ª excursión

    Esta excursión en bicicleta la realizamos en una mañana. Nos movimos por la carretera Cabeza de Toro, entre la playa del mismo nombre y la laguna Bávaro, y concluyó junto al mar, degustando deliciosos cocos recién abiertos a machetazos.


    bicicleta bicicleta
    El Tour de Punta Cana


    Ruta

    • Trayectos (bicicleta):
      1/ Del hotel a la tienda de regalos Plaza Gift Shop, en Cabeza de Toro.
      2/ Playa Cabeza de Toro.
    • Alojamiento: Hotel Be Live Collection Punta Cana (antiguo Globalia).
    • Lo mejor:
      - Recorrer Punta Cana a golpe de pedal, hasta una playa virgen.
      - Degustar cocos recién abiertos junto a la playa.
    • Lo peor:
      - Perdimos mucho tiempo en las tiendas de regalo.

    El penúltimo día de estancia en Punta Cana, el hotel organizó una excursión en bicicleta por la costa. El único requisito para no quedarse fuera era apuntarse el día anterior de los primeros. Y eso hicimos.

    A las diez de la mañana, Juan Carlos, el empleado del hotel, repartió las bicicletas y una botella de agua a cada uno. Partimos del hotel con el sol fustigándonos en todo lo alto. Hacía calor mientras nos movíamos hacia el sur de Punta por la carretera Cabeza de Toro, asfaltada y muy bacheada. Los campos que había a nuestra derecha rebosaban de basura: bolsas y botes de plástico, botellas de vidrio y un sinfín de escombros, aunque también vimos campesinos montados en carromatos tirados por caballos. Varios niños pequeños salían a nuestro encuentro. Todos sonreían a la vez que extiendían la mano para pedir unas monedas. Era una Punta Cana muy diferente a la que vivían los turistas en los resorts, con el todo incluido.

    Poco después de pasar por la puerta del hotel Catalonia Bávaro, giramos a la izquierda y tomamos un camino de tierra que conducía a la playa. Ahora nos sentíamos un poco más seguros y cómodos, sin la presencia de coches. Los baches eran más previsibles. Al final de la pista apareció de la nada un complejo de tiendas conocido como Plaza Gift Shop.

    Perdimos mucho tiempo mientras algunos miembros del pelotón realizaban compras en algunas tiendas. Nos enfadamos con el guía Juan Carlos, que de inmediato nos invitó a que le siguiéramos hasta la playa Cabeza de Toro, una zona virgen repleta de palmeras cocoteras, sin hoteles a la vista. El chico sacó un machete de la maleza, se encaramó a una palmera y cortó una ristra de enormes cocos. Luego, a golpes de machete, fue abriéndolos para que bebiéramos el líquido y comiéramos la pulpa. Fue un exquisito premio que colmó a los doce integrantes del Tour de Punta Cana. Todos nos consideramos ganadores de la etapa.





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Cuba



Cuba fue el primer país centroamericano que recorrí por mi cuenta a primeros de siglo. En dos semanas, bajo el yugo del régimen castrista, y utilizando todo tipo de vehículos: motos, taxis, autobuses Vía Azul (para turistas), autobuses para cubanos, bici-taxis, bicicleta, coches de alquiler y hasta una camioneta (autostop), recorrí el centro y la parte occidental de la isla.


la habana
Calle San Rafael. Centro Habana
trinidad
Plaza Mayor de Trinidad

Consejos e información útil

Consejos para descubrir la Cuba menos turística:

  • Si como yo, queréis ver lo mejor de Cuba al margen de complejos hoteleros, os aconsejo que hagáis un tour por vuestra cuenta. La experiencia resultará maravillosa.
  • En toda la isla encontraréis casas de hospedaje particulares con el distintivo nacional. Son económicas, incluyen el desayuno y os darán un trato exquisito, pues están regentadas por familias cubanas.
  • En algunas casas de hospedaje os recomendarán alojamiento para cuando os desplacéis a otras ciudades próximas.
  • Los turistas disponen de autobuses exclusivos (Vía Azul), aunque esporádicamente también podréis tomar autobuses de cubanos.
  • En La Habana se supone que los turistas no deben montar en bici-taxi. Si lo hacéis vigilad que no os pillen los guardias.
  • En algunas estaciones de buses puede que os pregunten cuál es vuestro destino. Viene bien responder, por varios motivos:
    • Si son empleados de la estación, os reservarán un alojamiento para cuando lleguéis a vuestro destino. Incluso os vendrán a buscar a la parada del autobús.
    • Si no son empleados, puede que os ofrezcan la posibilidad de realizar el trayecto en taxi a un precio más económico. Si todo va bien llegaréis con mucha antelación al destino.
  • Los taxistas os acercarán a donde les pidáis por unos dólares o euros. Sólo debéis acordar el precio antes de partir.
  • Vigilad vuestras pertenencias en los cayos. A mí robaron mientras me bañaba.
  • Dejad una buena parte del dinero en los hospedajes, hoteles... No llevéis nunca todo el dinero encima.
  • Si queréis probar la auténtica cocina cubana, podéis cenar en los hospedajes y también en los paladares.
  • En La Habana encontraréis buenos souvenirs; de todo tipo en el mercadillo del parque de la Maestranza de la Artillería; y si queréis sellos, monedas y billetes de pesos antiguos, debéis acudir al mercado de libros de la plaza de Armas.
  • En muchas plazas y parques merodean los "contadores de historias", hombres que suelen aproximarse a los turistas para guiarlos, contarles anécdotas de su pasado y obtener unas propinas. A veces son muy pesados.

Mapa completo de las rutas


cuba


Rutas del viaje



habana Ruta 1: La Habana

Cerro, Vedado, Centro Habana, Habana Vieja, el Cristo...
Del primer al cuarto día

    Los tres primeros días los pasé en La Habana, alojado en casa de Víctor, un taxista que junto a su novia Madeleine, se ganaba la vida con su destartalado taxi y sus negocios. Él me ayudó a planificar mi visita a la capital cubana sin omitir ningún rincón: Habana Vieja, castillos, Cruz del Cristo, Vedado, Malecón...


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    Centro Habana


    Ruta

    • Trayectos:
      - Avión Barcelona-La Habana, vía Madrid.
      1/ Taxi Aeropuerto al hospedaje, en Cerro.
      2/ Taxi al hotel Nacional, al castillo Tres Reyes del Morro y al Cristo.
      3/ Bicitaxi al Callejón de Hammel.
    • Alojamiento: Casa de mi colega Víctor, en Cerro.
    • Lo mejor:
      - Deambular sin rumbo fijo por las calles de la Habana Vieja.
      - Vistas de La Habana desde la cruz del Cristo.
      - Pude visitar algunas escuelas de la Habana Vieja.
    • Lo peor:
      - Vi a mucha gente necesitada.
      - Algunos chicos se acercaban para ofrecer servicios de guía o venderte cualquier cosa.

    Día 1: Vuelo a Madrid y a La Habana

    Aterricé en el aeroperto internacional de La Habana a las siete de la tarde. Unas horas antes había realizado transbordo en Madrid. Durante el vuelo a Cuba conocí a Raudys, una joven cubana residente en Barcelona que regresaba a su país cargada de bolsas con medicinas, ropa... En el aeropuerto me hice pasar por su compañero, de esta manera los guardias no registraron su equipaje.

    Víctor, que trabajaba de taxista en La Habana con un vetusto Lada, me esperaba en la terminal portando una cartel con mi apellido. Le presenté a Raudys, cargamos los bártulos y partimos hacia Capdevila Boyeros, barriada de La Habana donde residían los padres de ella. Minutos después, Víctor me condujo a su casa, en la calle San José del barrio de Cerro. Esa noche, su novia Madeleine preparó algo de cena.

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    Hospedaje. Barrio Cerro

    Día 2: De Vedado a La Habana Vieja

    Esa mañana, tras tomar un café con leche y unas tostadas con mantequilla, Víctor me dio una vuelta en su viejo Lada por el centro de La Habana. Le dije que me dejara en el hotel Nacional, situado de cara al mar en el barrio de Vedado. En su interior vi cuadros de huéspedes ilustres, como el Che Guevara, Hemingway o el propio Fidel Castro. En este peculiar edificio construido en 1930 inicié mi periplo a pie por La Habana.

    Por la calzada de la Infanta, sobria avenida jalonada de edificios coloniales porticados, accedí al barrio de Centro Habana. El bullicio propio del barrio, amenizado con bici-taxis, almendrones (coches americanos de los años 60) y vendedores ambulantes me trasladó de inmediato a una época pasada. Parecía que la ciudad se hubiera estancado en los años sesenta del siglo XX. La kilométrica calle San Rafael me condujo hasta el Capitolio, sede del gobierno cubano, que se caracteriza por tener una cúpula similar a la del capitolio de Washington. Di una vuelta por la ajetreada plaza, visité la fábrica de puros Partagás y, por el paseo del Prado, el más famoso de la capital, alcanzé el Malecón. A escasos metros, custodiando la entrada a la bahía, se alzaba la fortaleza de San Salvador, del siglo XVI.

    Visité el Centro Asturiano y los bares Floridita y Bodeguita del Medio, donde Hemingway se ponía hasta el culo de daikiris y mojitos, y luego penetré en la Habana Vieja, la parte más antigua de la ciudad. Admiré la plaza de la catedral, presidida por la catedral de San Cristóbal y otros edificios aristocráticos del siglo XVIII; caminé por la calle Obispo hasta la plaza de Armas, rodeada de un puñado de casonas barrocas del siglo XVIII, del castillo de la Real Fuerza (1577) y del palacio de los Capitanes Generales. A las siete de la tarde, fiel a mi cita con mi anfitrión en el parque de la Maestranza de Artillería (cerca de la catedral), Víctor subió la bandera y me llevó de vuelta a su casa en su precario taxi.




    Día 3: La Habana Vieja

    El día siguiente, segundo completo en La Habana, lo dediqué por entero a recorrer a pie la Habana Vieja. Partí a pie de casa de Víctor y, por la calzada del Monte (Máximo Gómez), alcancé la plaza del Capitolio. Desde allí me dirigí a la vieja estación de tren, donde un empleado me aconsejó que si quería visitar la isla sin morir en el intento debía tomar los autobuses para turistas Viazul. "El tren cubano no está preparado para los turistas", me dijo sonriendo.

    Desde el Capitolio me dirigí al barrio de Paula para ver la casa natal de José Martí, artífice de la independencia de Cuba. Callejeando por el barrio contemplé el arco, la iglesia y el convento de Belén; la iglesia del Espíritu Santo y la iglesia y el convento de Santa Clara. Por la calle de San Ignacio alcancé la plaza Vieja, una de las más importantes del centro histórico. Construida en 1559, había experimentado una reciente rehabilitación, aunque aún existían edificios medio derruidos.

    Cerca de la plaza Vieja visité un colegio de primaria. Me acerqué también a la plaza de San Francisco para ver el convento homónimo, del año 1591, y por el camino, en la calle Churruca, contemplé un viejo vagón de tren reconvertido en museo. Paseé por la calle Oficios, Mercaderes y Obispo, cargadas de edificios históricos; realicé algunas compras en el mercado de libros ubicado en la plaza de Armas y al atardecer me acerqué a la alameda de Paula, el paseo más antiguo de La Habana, del año 1776. Al final del mismo accedí al interior de la iglesia de San Francisco de Paula (1668), que cuenta con una hermosa fachada barroca. En un banco charlé con Nuris, la cuidadora del templo, con la que departí cerca de media hora. Más tarde, siendo noche cerrada, regresé en taxi a mi humilde morada. Esa noche cené en el Alberto's Paladar; rica comida cubana servida a buen precio.




    Día 4: Rincones de La Habana

    El tercer día completo en La Habana lo dediqué a recorrer algunos enclaves alejados del centro. Me moví a pie por el barrio de Cerro y Vedado para alcanzar, en veinte minutos, la desangelada plaza de la Revolución. Rodeada por la biblioteca Nacional, museos y edificios gubernamentales, la plaza está presidida por una gigantesca estatua de 18 metros de altura dedicada al señor José Martí y por el Memorial José Martí, una torre con forma de estrella de 109 metros de altura cuya cima se alcanza en ascensor.

    Abandoné la plaza y me dirigí a la estación de buses interprovinciales (Ómnibus). Obtuve un listado de horarios para viajar a Pinar del Río y Trinidad, y luego me dirigí a la avenida Ayesterán. Descansé junto a una fuente parecida a la de Canaletes, en la Rambla de Barcelona, y por la animada avenida Salvador Allende penetré en Centro Habana para recorrer algunas calles del barrio Chino. A continuación tomé un bicitaxi para acercarme al singular callejón de Hammel, que contiene un vistoso mural de 200 metros de longitud, obra del artista Salvador González, y altares consagrados a la santería. Un póstumo paseo por el achicharrado Malecón me trasladó hasta la fortaleza de Salvador de la Punta. En el paseo del Prado, junto a la emabajada española, almorcé en un bar con terraza.

    Dediqué parte de la tarde a contemplar algunos edificios del paseo del Prado (hotel Sevilla, Casino Español...), y a recorrer pausadamente el mercado ambulante de la plaza Maestranza de la Artillería, donde realicé algunas compras. Víctor, mi taxista anfitrión, se ofreció a llevarme al otro lado de la bahía (Casablanca) por el túnel subterráneo. Primeramente visité el castillo de los Tres Reyes del Morro, del siglo XVI, que alberga el Museo Marítimo y disfruta de unas impresionantes vistas del Malecón. Allí conocí a Sofía, una joven empleada que tenía una hermana viviendo en Sant Boi de Llobregat. Me reuní con Víctor y, tras recorrer unos pocos kilómetros por la carretera de la bahía, alcanzamos la Cruz del Cristo, de 18 metros de altura, el lugar ideal para contemplar una exquisita panorámica de La Habana al atardecer.





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viñales Ruta 2: Provincia de Pinar del Río

Viñales, Cayo Jutías, Minas de Matahambre y Pinar del Río
Del quinto al séptimo día

    Al oeste de Cuba, en la provincia de Pinar del Río, se encuentra Viñales, un apacible pueblo rodeado de mogotes (curiosas formaciones montañosas) y plantaciones de tabaco, que elegí para pasar mis siguientes días. Cayo Jutías, un paraíso coralino ubicado en la costa atlántica, supuso todo un descubrimiento.


    vinales viñales
    Mogotes de Viñales


    Ruta

    • Trayectos:
      1/ De La Habana a Viñales por Pinar del Río (autobús Viazul).
      2/ Cueva del Indio y Mural de la Prehistoria (bicicleta).
      3/ Cayo Jutías y Las Minas de Matahambre (moto).
      4/ De Viñales a Pinar del Río: [a pie y en camioneta (autostop)].
      5/ De Pinar del Río a La Habana (autobús Viazul).
    • Alojamientos:
      - Casa Irure (Calle Rafael Trejo), en Viñales.
      - Casa de mi colega Víctor, en La Habana.
    • Lo mejor:
      - Navegar por el interior de la cueva del Indio.
      - La familia de Miky, en Viñales, unos guajiros maravillosos.
      - Recorrer el valle de Viñales de bicileta.
    • Lo peor:
      - Me robaron dinero en Cayo Jutías mientras me mañaba en la playa.
      - Como consecuencia de ello, tuve que limitar gastos en Viñales.

    Día 5: Viñales

    Esa mañana, Víctor me acercó en su taxi a la estación de Ómnibus de La Habana. Antes de partir a las nueve en el bus Viazul (12$), una chica se me acercó y me preguntó adónde iba y si tenía alojamiento. "A Viñales; y no, no tengo alojamiento", le respondí. Pues nada, que una tal Sarita me esperaría a mi llegada a la población. Asunto resuelto.

    Al abandonar La Habana y tomar la autopista de Pinar del Río vi la exuberante Cuba: verde, repleta de palmeras y campos de cultivo. Entonces comprendí el porqué de la célebre frase "Más se perdió en Cuba" cuando te ocurre un infortunio. A las 10:15 paramos en La Chorrera, un área de servicio; pasadas las 11:30 nos detuvimos en la estación de buses de Pinar del Río; y por último, tras cubrir 27 kilómetros de carretera convencional, alcanzamos Viñales.


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    Autopista La Habana-Pinar del Río
    lachorrera
    La Chorrera

    vinales2 Sarita, una guapa treintañera, me esperaba en la estación de guaguas. Me acompañó hasta Villa Irure, su casa de huéspedes, y por el camino me habló de precios: 15$ por noche, 2$ el desayuno y 7$ la cena. "Me apunto a la cena de esta noche", le dije una vez me instalé en mi espaciosa habitación. No quise perder tiempo, almorcé en un bar de la plaza Principal (Martí) y en la calle Mayor, Salvador Cisneros Betancourt, alquilé una bicicleta a razón de 2,5$ por cuatro horas.

    Partí de Viñales en dirección al valle de San Vicente, un lugar que me pareció mágico: altos mogotes (colinas) cubiertos de vegetación, bohíos típicos (cabañas), guajiros (campesinos) arando o montados en carros tirados por bueyes, campos de tabaco, etc. Me detuve en la cueva Palenque de Cimarrones, que fue utilizada por esclavos africanos huidos, y cuando cubrí unos seis kilómetros alcancé la Cueva del Indio (5$). Cubrí a pie el primer tramo de la cueva y luego, en compañía de otros turistas, monté en barca para navegar durante 500 metros por el río subterráneo de San Vicente. Fue alucinante.



    La segunda parte de la excursión en bici la dediqué a Viñales y su valle, con sus característicos mogotes perfilándose como magnífico telón de fondo. Recorrí la calle principal, Salvador Cisneros Betancourt, y luego tomé la carretera de Minas. A unos dos kilómetros tomé un desvío a la derecha que me condujo, en 4 km al Mural de la Prehistoria, una pintura gigantesca de 180 metros de longitud realizada por el pintor Leovigildo González en 1962 en la pared del Mogote Dos Hermanas. No me gustó lo que vi.

    La última hora la empleé en pedalear por la carretera. Pedí agua en un bohío habitado por una familia de guajiros donde Miky, un niño de dos años, era el centro de atención. Minutos después me estiré en la cuneta de la carretera para disfrutar del entorno. Sentí que el tiempo se había detenido en los años 50 del siglo XX. Fue una tarde memorable. Esa noche, en Villa Irure, Sarita y su madre prepararon un pescado al horno que resultó delicioso. Fue la guinda a una estupenda jornada.




    Día 6: Cayo Jutías

    Esa mañana alquilé una moto (19$ con depósito lleno) y partí hacia Cayo Jutías por la carretera de Minas de Matahambre. El primer tramo, hasta Pons, me gustó mucho por la frondosidad del bosque, incluso avisté un buitre en la carretera. Alcancé Santa Lucía, pueblo costero que se asoma a los cayos del Atlántico y tras abonar 5$ en la barrera, penetré en el terraplén que conducía a la playa de Cayo Jutías.

    Cayo Jutías es un paraíso coralino ubicado en la costa atlántica. Cuenta con restaurante, zona de servicios y una playa de aguas cristalinas rodeada de manglares y corales. Tomé el sol, me bañé, buceé y cuando me di cuenta, algún hijo de cubano me sopló la pasta de la cartera (unos 80€). Dieron aviso en la barrera, registraron a tres individuos, pero no hallaron mi dinero. En el restaurante me compensaron con un almuerzo gratuito.

    En Santa Lucía la comisaría estaba cerrada. Un guardia motorizado me dijo que fuera a Minas de Matahambre a interponer la denuncia. Yo no quería, pero él insistió. No pude regresar a Viñales por la costa, como era mi intención. En Minas, tardé una hora en realizar la denuncia con una vieja máquina de escribir.

    Devolví la moto en Viñales a las seis de la tarde. Había dejado en Villa Irure el dinero suficiente para pagar mi estancia y regresar en bus a La Habana al día siguiente. No podía realizar excesos hasta llegar a casa de Víctor, donde tenía el resto del dinero.




    Día 7: De Viñales a Pinar del Río y La Habana

    Tomé el desayuno en Villa Irure, aboné la estancia y partí hacia la estación de buses. El Viazul a La Habana partía a las 13:30; no tenía pasta y no quería pasar toda la mañana dando vueltas por el pueblo, así que determiné marchar a Pinar del Río haciendo autostop. Los tres primeros kilómetros los realicé por pista de tierra, entre palmerales y campos de maizales y tabacales. Charlé con guajiros y se me hizo muy ameno.

    Pensé que alguien pararía rápidamente para recogerme pues el autostop era una práctica muy extendida entre la población cubana, pero no fue así. Había cubierto a pie la mitad de los 27 km. que separan Viñales de Pinar del Río cuando alcancé el embalse El Salto. Me quedé sin agua, me estaba deshidrantando y pedí agua en una cabaña. Cinco minutos más tarde, Santiago, el hombre que me atendió detuvo su camioneta en la cuneta. "Te llevo a Pinar del Río", me dijo. Me dejó a las afueras, pero no me importó.

    Caminé por las calles de Pinar del Río (conocida como la Ciudad de los Capiteles) hasta dar con su principal avenida, la calle Real o José Martí. Por esta avenida porticada jalonada de edificios coloniales fui a parar a la estación de buses. El Viazul de La Habana (11$) proveniente de Viñales partió con retraso, a las 14:30.



    En la estación de Ómnibus de La Habana me dijeron que a la mañana siguiente no había billetes Viazul para Cienfuegos. Quedaban plazas en Astro (buses para cubanos), pero no pude realizar la reserva por no llevar dinero suficiente. "Prueba mañana en la estación de tren, entre las 5 y las 5:15", me dijeron. Esa noche me acosté pronto en casa de Víctor. Me aguardaba un buen madrugón.



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trinidad Ruta 3: Mar Caribe

Cienfuegos, Trinidad, Parque El Cubano y Playa Ancón
Del octavo al undécimo día

    Esta etapa de cuatro días transcurre por la costa del Caribe, entre Cienfuegos y Trinidad, quizá la ciudad colonial más bonita de Cuba. Exploraré bellos rincones de estas provincias caribeñas, como Playa Ancón, salto de Javira en el parque El Cubano...


    caribe trinidad
    Plaza Mayor de Trinidad


    Ruta

    • Trayectos:
      1/ De La Habana a Cienfuegos (autobús Astro).
      2/ De Cienfuegos a Trinidad (taxi).
      3/ Salto de Javira, en el parque El Cubano (taxi).
      4/ Playa Ancón (ida: autobús de línea; vuelta: coche alquiler de unos colegas).
    • Alojamientos:
      - Casa Huésped Fernando Rivero Yero (Av. 42, entre calles 49 y 51), en Cienfuegos: buen desayuno y buena atención.
      - Casa Balbina Cadahía (Calle Maceo o Gutiérrez), en Trinidad: maravillosa, con patio andaluz, aire acondicionado, exquisito desayuno y cena, personal muy amable y servicial.
    • Lo mejor:
      - Casa Balbina, en Trinidad.
      - Pasear por el centro de Trinidad al atardecer.
      - La cascada de Javira, en el parque del Cubano.
    • Lo peor:
      - Mal funcionamiento del aire acondicionado en el autobús Astro a Cienfuegos. Caía agua a borbotones del techo.
      - Mucha gente pedigüeña en Cienfuegos y Trinidad.
      - La excursión al salto del Caburní, en Topes de Collantes, se truncó por culpa del coche de alquiler.

    Día 8: Cienfuegos

    Me levanté a las 4:50. Víctor tenía estropeado el taxi, así que me tocó caminar 20 minutos hasta la estación de tren de La Habana. El autobús Astro a Cienfuegos (17$) partió a las seis, paró en Vedado para recoger más gente, y luego encaró la autopista nacional A-1.

    Abandonamos la autopista a la altura de Aguada de los Pasajeros, con parada incluida de quince minutos a las afueras para desayunar. A la sombra de varios árboles tomé un bocadito de ternera y un refresco de naranja. El bus prosiguió hacia Cienfuegos por carretera de un carril por sentido. Atravesamos una zona de tierras bajas (embalse de Galindo, municipios de Rodas y Ariza y embalse de Damuji).


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    Un alto en Aguada
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    Carruajes en Aguada

    En la estación de buses de Cienfuegos, un muchacho me guio hasta la Casa Huésped Fernando Rivero, donde me alojé a razón de 15$, desayuno incluido. Tenía todo un día por delante para descubrir la Perla del Sur, como es conocida Cienfuegos. Inicié la visita por el paseo del Prado, principal eje vertebrador y comercial de la ciudad, sembrada de casas coloniales porticadas, de dos plantas, pintadas con colores pastel y aguantadas por altas columnas corintias.

    Llegué hasta el Malecón y ante la ausencia de árboles que dieran sombra di media vuelta para almorzar en la plaza de Armas (parque Martí), un rectángulo declarado monumento nacional por la cantidad de edificios históricos de principios del siglo XX que aglutina: Palacio del Ayuntamiento; Palacio Ferrer, con su cúpula de mosaicos azules; teatro Tomás Ferry... Aquí también se encuentra la catedral (1869), el Casino Español (1896) y una estatua dedicada al señor Martí.

    A media tarde emprendí una larga caminata a Punta Gorda, un bonito paseo que rodea la bahía por el sur de la ciudad y que cuenta con interesantes casas residenciales, con el Palacio del Valle (principios del s. XX) y el parque de la Punta, el lugar ideal para contemplar un maravilloso atardecer. Esa noche, en la avenida 54 (Bulevar), cené una rica hamburguesa en compañía de unos chicos asturianos y de una señora cubana cuyo padre también era asturiano. Qué cosas.




    Día 9: Casco antiguo de Trinidad

    Esa mañana tomé un rico desayuno, muy frutero, en la casa de Huéspedes de Cienfuegos. Fernando colocó mi mochila en su bici y me acompañó a la estación de buses. El Viazul a Trinidad partía tarde, a mediodía, así que, en compañía de Laura y Elvira, dos chicas italianas, partí en taxi (10$ por barba) ipso facto.

    El taxista detuvo su citroen Saxo en la cuneta de una zona boscosa para que compráramos algo de fruta a una guajira. Se trataba de anón, una fruta tropical parecida a la chirimoya que no me gustó. Los siguientes kilómetros avanzamos hacia el este por la costa y a las 10:30 arribamos a Trinidad. Yo me apeé primero, junto al parque Central (Carrillo).


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    Comiendo anón
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    Guajiros en la carretera

    La casa de huéspedes que me recomendó Fernando estaba completa y un joven empleado me condujo a Casa Balbina, en la cercana calle Maceo (Gutiérrez), que tenía una cama libre a razón de 15$ la noche (me quedaría dos). El desayuno costaba 1,5$ y esa noche cenaría langosta por 10$.

    collantes Aitor y Mírem, una joven pareja vasca que se alojaba en la casa, me pidieron que les acompañara en su pequeño coche de alquiler, un Hyundai Atos, al Salto de Caburní, en el Parque Natural Topes de Collantes. Me coloqué el bañador y partimos hacia el lugar. Al poco de entrar en el parque natural recogimos a una chica que hacía la botella (autostop) y en la primera rampa el coche se quedó a medio gas. Aitor determinó devolver el vehículo y de camino a Trinidad nos detuvimos en la desembocadura del río Guaurabo, en un sitio histórico. Un guía nos contó que en el año 1514, el español Diego Velázquez remontó el río para fundar Trinidad.

    Decidí no moverme de Trinidad, la ciudad colonial más hermosa de Cuba. Comencé la visita por el parque Central (plaza Carrillo), que acoge el ayuntamiento, y luego serpenteé por el casco antiguo, exquisitamente conservado, que mantenía la esencia de siglos pasados y destacaba por tener una homogeneidad en los edificios y las calles, que en su mayoría estaban adoquinadas.

    Marché hacia la plaza Mayor por la calle Simón Bolívar y antes de llegar me entretuve observando los puestos del Mercado de Artesanía. La plaza Mayor acogía la Casa de la Música, la iglesia de la Santísima Trinidad (catedral) y los principales edificios centenarios del casco antiguo, hoy reconvertidos en museos, como el Palacio Brunet (Museo Romántico), la Casa de Aldemán Ortiz (alberga una galería de arte), la Casa de los Sánchez Iznaga (Museo de Arquitectura Colonial) o el Palacio Cantero (Museo Histórico Municipal).

    Recorrí la plaza observando las bonitas fachadas de estos edificios históricos y luego recorrí una manzana para ir a ver otro de los símbolos de la ciudad, la iglesia y convento de San Francisco, construida en 1813, y que hoy acoge el Museo de la Lucha contra los Bandidos. Me asomé también a la plaza Real del Jigüe (Acacia), lugar donde el padre Bartolomé de las Casas celebró en 1514 la primera misa de Trinidad.

    A última hora de la tarde, en compañía de Laura y Elvira, las italianas del taxi, tomé una copa en el Canchánchara, una de las cantinas más famosas de Trinidad, emplazada junto a la plazuela del Jigüe, en un edificio del siglo XVIII. Por la noche cené langosta en la casa de huéspedes y a las 22:30, en compañía de las italianas, tomé un mojito en la Casa de la Música, uno de los edificios más emblemáticos de la plaza Mayor.




    Día 10: Parque El Cubano y Playa Ancón (Trinidad)

    javira Había quedado con Laura y Elvira en la plaza Mayor a las nueve. Llegué tarde y no las vi, por lo que di por fracasada mi excursión al Salto del Caburní, en Topes de Collantes. En la parada de taxis, un abuelete me propuso ir al parque El Cubano por 10$, pero yo lo rebajé a 6$. Partí en un viejo Mobile rojo del año 1955, por un camino de tierra que seguía los ríos Guaurabo y Javira.
    En quince minutos alcanzamos el aparcamiento, ubicado en el rancho 'El Cubano', un lugar que contaba con servicio de bar, restaurante, tiendas de souvenirs, una zona verde acondicionada para comer al aire libre y, cómo no, la taquilla donde despachaban los billetes para acceder a la cascada de Javira (6,5$ - incluía una pequeña consumición en el bar).

    El sendero "Huellas de la Historia" comenzaba en el rancho El Cubano. El tramo que yo me dispuse a emprender era de 3,6 km (ida) y disponía de cuatro horas para realizarlo (el taxista me recogería a las dos). A mitad de camino, cuando había cruzado el río Javira por varios puentes colgantes, apareció el puesto de control, con guardia incluido. Allí conocí a Irene, una estudiante de medicina sevillana que, junto a dos viajeros (un suizo y un francés), habían contratado los servicios de un guajiro. Me uní a ellos para cubrir el tramo final, hasta el salto de Javira, una cascada de unos siete u ocho metros de altura con una poza lo suficientemente profunda como para realizar espectaculares saltos.



    A las dos Pablo José me llevó de vuelta a Trinidad en su vetusto taxi. En la estación de autobuses tomé la guagua amarilla a Playa Ancón, adonde llegué en media hora. Me apeé a la altura del hotel Ancón cuando eran las tres de la tarde, entré en la playa y por fin, tras diez días de viajar en solitario por la isla, localicé a mi amigo Isidoro, que llevaba dos semanas en Cuba en compañía de su colega Miguel Ángel y de sus respectivas novias isleñas.

    La península de Ancón se encuentra a unos 10 kilómetros al sur de Trinidad. Fue una de las primeras zonas turísticas destinadas a los extranjeros que se construyeron en toda Cuba y posee playas de arena blanca, como la de Playa Ancón, de más de seis kilómetros de longitud. Pasé la tarde en la playa, charlando y bañándome en las limpias y claritas aguas de la playa. Al ocaso, mis colegas marcharon a Sancti Spiritus en su coche de alquiler y de camino me dejaron en Casa Balbina, en Trinidad.


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    Playa Ancón
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    Playa Ancón. Mis colegas


    Día 11 (matina): Cerro La Vigía (Trinidad)

    lavigia Esa mañana, desayuné, aboné mi estancia en la casa y le pedí a Balbina que me guardara la mochila. Partí hacia el cerro de La Vigía atravesando la plaza Mayor. En mi pequeña mochila había introducido una vieja camiseta blanca con la intención de dársela al primero que me la pidiera, como así fue. Tras las primeras rampas alcancé La ermita de Nuestra Señora de la Candelaria de la Popa, construida en el siglo XVIII sobre una colina que dispensaba buenas vistas de Trinidad.

    Vi la pequeña iglesia y continué por un pedregoso y polvoriento sendero, de un kilómetro de longitud, que finalizaba en la loma. Pasé junto al restaurante de la cueva, pero no me entretuve y continué hasta llegar a lo alto del promontorio, conocido como loma La Vigía. A 180 metros de altura divisé la tupida sierra de Escambray, Playa Ancón y Trinidad. El único ruido que turbaba mis oídos era el que producía un generador situado al pie de las antenas. Por lo demás, estar allí arriba resultó sumamente interesante.





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santamaria Ruta 4: Centro de Cuba

Sancti Spiritus, Santa Clara y Cayo Santa María
Días 11 y 12

    La cuarta etapa me lleva a recorrer el centro de la isla, desde el mar Caribe hasta cayo Santa María, en el Atlántico. Tierra adentro, en las provincias de Sancti Spiritus y Villa Clara, visito sus respectivas capitales: Sancti Spiritus y Santa Clara, dos ciudades que no dejan indiferente al viajero.


    centrocuba santamaria
    Cayos de la Herradura


    Ruta

    • Trayectos:
      1/ De Trinidad a Sancti Spiritus (autobús Viazul).
      2/ De Sancti Spiritus a Santa Clara (Viazul).
      3/ De Santa Clara a Caibarién (i/v - taxi).
      4/ De Caibarién a cayo Santa María (i/v - moto).
    • Alojamientos:
      - Casa huésped en la calle Independencia, frente a la plaza Mayor, en Sancti Spiritus.
      - Casa Javier y Katia, nº 225 de la calle Colón, en Santa Clara.
    • Lo mejor:
      - El valle de los Ingenios, entre Tinidad y Sancti Spiritus.
      - Cayo Las Brujas, una playa fantástica.
      - Cena maravillosa en Santa Clara, mezcla de españoles y cubanos.
    • Lo peor:
      - 55 kilómetros en moto hasta Cayo Santa María, una paliza.
      - Obras y verjas nos fastidiaron la idílica estancia en cayo Santa María.

    Día 11 (tarde): Sancti Spiritus

    Esa mañana, en Trinidad, había subido a la loma de la Vigía. A las 14:40, monté en un autobús Viazul y partí con destino a Sancti Spiritus (6$). En su interior coincidí con Irene, la chica sevillana que conocí en el salto de Javira. Ella viajaba a Santa Clara y al día siguiente tenía previsto visitar Cayo Santa María, en el Atlántico. "Si vamos los dos, nos saldrá más económico", me sugirió. El epílogo de mi viaje cubano estaba en el aire, no sabía cómo se desarrollaría mi paso por Sancti Spiritus. "Si no tengo planes, te llamaré", le dije.

    A doce kilómetros de Trinidad atravesamos el valle de San Luis, o Valle de los Ingenios, llamado así por la cantidad de ingenios (fábricas de azúcar) que se construyeron a principios del siglo XIX. Una de las principales fábricas de la zona fue la hacienda Manaca Iznaga, donde en 1840 vivieron cerca de 350 esclavos. Desde el bus pude ver la casa del hacendado y una alta torre que medía 45 metros de altura y que tenía siete niveles. Al fondo se encontraba la sierra de Escambray cubierta de nubes.

    El resto de la jornada en Sancti Spiritus, hasta la medianoche, la pasé en compañía de mi amigo Isidoro, de su colega Miguel Ángel y de sus respectivas novias. Me alojé en una casa de huéspedes próxima a la plaza Mayor (parque Serafín Sánchez), cené en un paladar y acudí a una fiesta al aire libre que estaba amenizada por una orquesta. No había planes para el día siguiente, así que llamé a Irene y le dije que estaría en Santa Clara antes de las nueve de la mañana.


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    Calle Independencia
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    Plaza Mayor (Serafín Sánchez)


    Día 12: Cayo Santa María, Remedios y Santa Clara

    De madrugada, en Sancti Spiritus, un bicitaxi me llevó a la estación de guaguas. A las seis partí en un bus Viazul (6$) hacia Santa Clara, adonde llegué en una hora y veinte minutos. En la etación de guaguas Che Guevara reservé una plaza a La Habana en ese mismo autobús para el día siguiente (no supuso coste alguno) y luego caminé al encuentro de Irene, en la calle Colón. Su casa de hospedaje estaba completa así que me alojé en Casa Javier y Katia, en el número 225 de la calle Colón (15$ + 3$ desayuno).

    herradura A las 9:20 apareció por la calle Colón Yoel, el taxista que había contratado Irene para llevarnos a Caibarién (24$), población que alcanzamos una hora más tarde. Sin perder un segundo, alquilamos una moto (18$) y partimos hacia Cayo Santa María por el terraplén más largo de Cuba (55 km), conocido como "Pedraplén" (4$). El cielo estaba encapotado y un fuerte viento soplaba en contra. Tardamos una hora y media en alcanzar Cayo Santa María, un enclave supuestamente maravilloso que estaba sembrado de grúas y de alambradas que impedían el acceso a la playa.

    "Están construyendo hoteles. Marchen a la playa del Ensenacho", nos dijo un tipo. Y eso hicimos. Las nubes se disiparon cuando nos bañamos en las revueltas aguas del cayo. Más tarde, en Cayo las Brujas, nos asomamos a un complejo hotelero que contaba con una playa idílica repleta de palmeras. Sencillamente espectacular.

    Regresamos a Caibarién, devolvimos las motos y, pasadas las cuatro de la tarde, Yoel nos llevó de vuelta a Santa Clara. Por el camino nos detuvimos en Remedios, población fundada en 1514 con el nombre de Santa Cruz de la Sabana, pero que en 1578, después de un incendio, fue reconstruida con el nombre de San Juan de los Remedios. Se trata del tercer emplazamiento más antiguo que los españoles fundaron en Cuba, tras Baracoa y Santiago de Cuba. En el corazón de su coqueto casco antiguo, junto a la plaza José Martí, destacaba la iglesia de San Juan Bautista, considerada como una de las catedrales más importantes de Cuba, con su alta torre.




    Santa Clara, capital de la provincia de Villa Clara, fue fundada en 1689 y tiene organizado su cuadriculado casco histórico alrededor del parque Leoncio Vidal, una elegante plaza rodeada de cuidados parterres, bancos de hierro y farolas antiguas. Visité el palacio Provincial, que acogía una biblioteca, y al norte del parque Leoncio, en la calle Marta Abreu, vi el teatro de la Caridad, inaugurado en 1885, y la fachada del Museo de Artes Decorativas.

    Esa noche, tras realizar algunas compras, cené en el patio de la casa donde se alojaba Irene, invitado por Kirk y su mujer. Fue una tertulia maravillosa, a lo cubano, con ron y en buena compañía: los anfitriones, una hermana de ella e Irene.


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    Plaza Leoncio Vidal. Santa Clara
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    Cena en Santa Clara


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autopista Ruta 5: De Santa Clara a La Habana

Santa Clara, Autopista A-1, Habana Vieja y Aeropuerto
Día 13

    El epílogo de mi paso por Cuba central y occidental había llegado. Esta jornada, la última, me deparó gratas sorpresas. Comenzó en Santa Clara, transcurrió por la atupista A-1 hasta La Habana y concluyó en el aeropuerto habanero, frente a las tristes figuras de Víctor y Madeleine.


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    Plaza del Cristo. La Habana


    Ruta

    • Trayectos:
      1/ De Santa Clara a La Habana (taxi).
      2/ De La Habana al aeropuerto (taxi de Víctor).
      3/ Vuelo La Habana-Barcelona, vía Madrid.
    • Lo mejor:
      - Viajé a La Habana en un "Almendrón", un Ford Custom Line del 57.
      - El cuadro para el salón de mi casa que compré en el mercado de la Maestranza, en La Habana.
    • Lo peor:
      - El Custom Line se quedó sin frenos en la autopista.
      - La despedida en el aeropuerto, amarga, con un nudo en la garganta.

    Un bicitaxi me llevó por 2$ desde la calle Colón hasta la estación de guaguas Che Guevara, en Santa Clara. Me disponía a adquirir mi billete Viazul a La Habana (tenía hecha la reserva), pero mi suerte cambió a partir del momento en que Pedro, un joven taxista, me propuso realizar ese largo trayecto en su viejo Ford Custom Line de 1957 por 15$, 3$ menos que la guagua. A las 7:15, en cuanto subió una pasajera cincuentenaria, nos pusimos en marcha.

    Dejamos atrás la plaza de la Revolución, presidida por el memorial a Che Guevara, un monumento construido en el año 1988 en conmemoración del 30 aniversario de la batalla que tuvo lugar en Santa Clara, y nos incorporamos a la autopista A-1. El destartalado Custom Line alcanzó los 100 km/h, pero hacia la mitad del trayecto, a la altura de Jagüey Grande, Pedro le dijo a su copiloto que nos habíamos quedado sin frenos. Paramos dos veces en la cuneta, hasta que los chicos solucionaron la avería.


    autopista
    Sin frenos en la A-1

    A las 10:30, tras tres horas y cuarto de viaje, ya estábamos circulando por las calles de La Habana. Dejamos a la mujer primero, y media hora más tarde yo me apeé en el mercado de Cuatro Caminos, en Cerro. Dejé la mochila en casa de Víctor, me cité con él a las seis en la parada de taxis de la Maestranza y marché por última vez hacia el casco viejo.

    Abordé las plazas del Capitolio y de la Fraternidad. Vi el triste espectáculo de los autobuses "camello", abarratodos de pasajeros, y luego penetré en La Habana Vieja a la altura de la emblemática plaza del Cristo. Cerca de la plaza Vieja, entre las calles Teniente Rey (Brasil) y Muralla, visité una exposición en la Fototeca, y en la plaza de la Catedral, admiré otra muestra de arte en la casa de las hermanas Cárdenas.

    Después de almorzar, aguanté un primer chaparrón cuando me dirigía a la plaza de San Francisco y, una vez adquirí mi preciado cuadro de Viñales en el mercado de la Maestranza, me guarecí en un autobús de turistas para evitar la segunda embestida, una tormenta precedida de un fuerte aguacero.



    A las seis de la tarde, fiel a mi cita, monté en el taxi de Víctor y pasé por su casa en busca de mis mochilas. Recogimos a su novia Madeleine y partimos hacia el aeropuerto. Aboné 15$ a mi compadre por la carrera y me despedí de ellos con un nudo en la garganta. En el control de pasaportes desenvolsé los 25$ correspondientes a la tasa turística y antes de despegar pasé por la tienda para abastecerme de un buen ron añejo Havana Club de 7 años (me costó 6,60$).


    aeropuerto
    Con Madeleine y Víctor


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abuela AGRADECIMIENTOS

A Raudys, Genoveva, Miky, Balbina, Irene, Yoel, Kirk, Víctor...
Del día 1 al 13

    La Cuba de Fidel Castro que yo conocí en 2003 me enseñó muchos valores, me dio una lección de lo que significaba salir adelante en una sociedad carente de recursos, donde la decadencia del sistema comunista era más que evidente y negaba al pueblo un bienestar mínimo. Los cubanos, con sus trapicheos y su buen hacer, lograban salir adelante, llegaban justos a fin de mes pero siempre con una sonrisa en la boca. Tras pasar trece días en la isla averigüé cuáles eran los verdaderos problemas de los cubanos, me di cuenta de que en España nos quejábamos, y nos quejamos, casi siempre de vicio.


    abuela
    Habanera risueña

    A RAUDYS
    Habanera residente en Barcelona. Coincidí con ella en el vuelo Madrid-La Habana. En sus grandes mochilas llevaba medicinas, ropa y productos básicos para su gente. En el aeropuerto de La Habana me hice pasar por su compañero para que los guardias no sospecharan y no le hicieran abrir las maletas. Tuvimos suerte.

    A NURIS
    Cuidadora de la iglesia de San Francisco de Paula, en La Habana Vieja. Charlé con ella cerca de media hora. Me dijo que eran pocos los turistas que se acercaban a esa bonita iglesia debido a que estaba algo retirada del centro histórico; de hecho, yo era el primer turista que pisaba el templo en todo el día. Cuando supo que yo era español, me agradeció, más si cabe, mi presencia en la iglesia. Me contó que varios colectivos de empresas españolas habían enviado recientemente un cargamento de bancos, sillas y demás objetos para la iglesia y que gracias a esa ayuda, los habaneros de la zona podían ir a misa. Nuris, que me pareció una mujer muy simpática y alegre, dijo estar al corriente de la prensa rosa española. Le gustaba mucho leer noticias provenientes de España para estar bien informada.

    A SOFÍA
    Empleada del castillo Tres Reyes del Morro, en La Habana. Me acompañó por varias estancias del castillo, reparó en una mochila que llevaba con publicidad del centro comercial Llobregat, en Cornellá, y me dijo que tenía una hermana viviendo en Sant Boi, población vecina. Quiso saber cómo era la vida en España, si se vivía tan bien como decían. "No a todo el mundo le va bien", le respondí.

    A GENOVEVA Y SARITA
    Madre e hija, propietarias de Casa Irure, en Viñales. Por preparar una cena exquisita, pescado al horno con patatas; por invitarme a cenar el día que me robaron dinero en Cayo Jutías (no acepté); por la tertulia que mantuvimos en el porche de la casa, al anochecer, mientras observábamos a varios chicos jugar a canicas en la calle; por el trato recibido, me hizo sentir como si estuviera en mi propia casa.

    A MIKY Y SU FAMILIA
    Guajiros pobres, residentes en un bohío en las afueras de Viñales. Estaba sediento, no llevaba agua y ellos me la proporcionaron. Charlé con madre e hija en presencia de Miky, un niño rubito de dos años de edad, de grandes ojos azules y sonrisa contagiosa. Vivían con lo puesto, sin excesos, pero eran felices. Al día siguiente, de camino a Cayo Jutías, les dejé una camiseta.

    A SANTIAGO
    Granjero de un bohío próximo al embalse El Salto, en Viñales. Yo realizaba un largo trekking por la zona. Pedí agua y me la dio. Minutos más tarde, me recogió en la carretera y me llevó, sin cobrarme nada, hasta Pinar del Río.

    A FERNANDO
    Propietario de la Casa de huéspedes de Cienfuegos donde me alojé. Por la charla que mantuvimos en su balcón mientras tomábamos unos zumos de guayaba recién exprimidos, en presencia de su mujer y sus dos hijas (la menor, de cinco años, saltó de alegría cuando le regalé un estuche de rotuladores); por acomodar mi mochila en su bici y acompañarme a la estación de autobuses y, en general, por su amabilidad y buen trato.

    A BALBINA Y RICARDO
    Propietarios de la Casa de huéspedes de Trinidad. Por la deliciosa cena que preparó Balbina la primera noche: una langosta tan grande que no me la pude acabar; por la tertulia que organizaban todas las noche Ricardo y su hijo Pablo en el patio, en torno a una mesa redonda donde no faltaba una buena botella de ron; por el buen trato recibido y por haber tenido la suerte de alojarme en una casa con un elegante patio, florido y exquisitamente adornado.

    A MÍREM Y AITOR
    Huéspedes vascos alojados en Casa Balbina, en Trinidad. Acababa de instalarme en la casa y, sin conocerme de nada, me invitaron a que les acompañara al salto del Carbuní, en el parque Topes de Collantes. El coche no respondió y me dejaron de vuelta en Trinidad. Ellos también participaron activamente en las tertulias vespertinas que organizaba Ricardo en el patio de su casa.

    A LAURA Y ELVIRA
    Dos chicas italianas con las que compartí gastos y copas. Viajé con ellas en taxi, desde Cienfuegos hasta Trinidad; tomé unas copas en el Canchánchara, una de las cantinas más famosas de Trinidad, y también en la Casa de la Música, uno de los edificios más emblemáticos de la trinitaria plaza Mayor. No pude ir con ellas al salto del Carburní, que en este viaje se me atragantó por dos veces.

    A PABLO JOSÉ
    Taxista sexagenario de Trinidad. Llegué tarde a mi cita con Laura y Elvira para ir al salto del Caburní. Tiré la toalla y él me propuso ir al salto de Javira, en el parque El Cubano. Me llevó por 6$ hasta el origen de la senda y me recogió cuatro horas más tarde. Gracias a él, pasé una mañana de vicio.

    A ISIDORO Y MIGUEL ÁNGEL
    Dos amigos de Barcelona accidentados. Ellos y sus novias cubanas tuvieron un accidente con su coche de alquiler mientras yo estaba en Viñales; un camión les arroyó en una curva. Este incidente condicionó en parte mi viaje. Pasaron unos días en el hospital y luego tuvieron que resolver asuntos burocráticos. Quedé con ellos en Trinidad y me dijeron que querían adelantar el vuelo a España prescindiendo de la semana que aún les quedaba. Logré arañar una segunda tarde a mi ajetreado viaje; cené con ellos en un paladar de Sancti Spiritus antes de proseguir hacia Santa Clara.

    A IRENE
    Sevillana, estudiante de medicina. Coincidí con ella de camino al salto de Javira. Se había roto un dedo una semana antes, en Viñales, pero ello no le impidió realizar interesantes actividades (había llegado en caballo al parque natural). Quedé con ella en Santa Clara y, abaratando costes, fuimos en moto hasta Cayo Santa María. Compartí con ella una maravillosa cena en Santa Clara, en la casa donde se alojaba.

    A YOEL
    Treintañero, taxista eventual en Santa Clara. Yoel trabajaba de lunes a viernes en los congresos y para ganar un sobresueldo ejercía de taxista los fines de semana. Era un tipo grandote, simpático y locuaz. Nos llevó a Irene y a mí hasta Caibarién en su viejo Lada azul y de regreso a Santa Clara nos enseñó Remedios, una de las villas más antiguas de Cuba.

    A KIRK
    Propietario de una casa de huéspedes en Santa Clara. Kirk y su mujer regentaban una casa de huéspedes en la calle Colón. Eran amigos de Irene, que se alojaba en su casa. Esa noche nos invitaron a cenar y nosotros correspondimos regalándoles una botella de ron. Fue una noche maravillosa, en el patio, con tertulia incluida y, por supuesto, sin televisión de por medio.

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    Irene, Kirk, su mujer y su cuñada

    A PEDRO
    Conductor de Santa Clara. Él y su copiloto me acercaron a La Habana en un precario Ford Custom Line de 1957. El "almendrón" se quedó sin frenos en la autopista A-1 y tuvimos que parar dos veces. Abrieron el capó, se llenaron de grasa hasta los codos y en media hora, con mucho tesón y aplomo, consiguieron reparar la avería. En La Habana, me dejaron donde yo les indiqué.

    A VÍCTOR
    Taxista de La Habana. Por alojarme en su casa sin tener el permiso oportuno, permitiendo que yo durmiera en la cama mientras él y su novia Madeleine descansaban en el suelo, sobre los cojines del sofá; por acercarme en su taxi a lugares emblemáticos de La Habana; por custodiar parte de mi equipaje en su casa mientras yo recorría la isla; por hacerme ver la realidad cubana, la que le obligaba a trapichear, al margen de la ley, en la tienda estatal donde trabajaba Madeleine, arriesgándose a ser encarcelado.
    Por todo ello, desde esta humilde página, quiero mandar un fuerte abrazo a Víctor, o "la Máscara", como lo conocían sus compadres, un hombre maravilloso que un buen día perdió todo cuanto tenía y que, como muchos otros compatriotas suyos, tuvo que abandonar forzosamente su país para tratar de rehacer su vida en otra parte. Suerte amigo.

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    Con Madeleine y Víctor

    AL PUEBLO CUBANO
    Acogedor, luchador y hospitalario, que con tesón y mucha fuerza de voluntad trata de salir adelante con los pocos medios de que dispone. Cuando yo hice este viaje, nueve de cada diez cubanos realizaban alguna actividad en el mercado negro para llegar a final de mes. El Régimen y la mayoría de los isleños vivían al margen del planeta, como uno de los últimos ejemplos de régimen comunista. Los turistas teníamos libertad para movernos libremente y disfrutábamos de ciertos privilegios; por ejemplo, nosotros estábamos exentos de hacer cola frente a los mostradores. Como pude comprobar, la cartilla de racionamiento y los bajos sueldos no alcanzaban para comprar productos básicos. Hombres y mujeres se apostaban en las puertas de los supermercados para pedir una diminuta pastilla de jabón o para pedirme una sencilla camiseta.
    La cartilla de racionamiento se instituyó para garantizar una alimentación mínima, al margen del salario y de la ley del mercado. Por un dólar ofrecía unos kilos de arroz y de azúcar, medio de frijoles, un litro de aceite, una pastilla de jabón, pasta de dientes, algo de café, seis huevos cada quince días y un litro gratuito de leche por cada niño menor de siete años. La relación entre precio y supuestos productos no era mala, pero la mitad de las veces aquellos no existían.
    Ya hace años que Fidel nos dejó, la sociedad cubana exige cambios, quiere subirse al tren de la modernidad. En cuanto pueda regresaré a la isla para comprobar de motus propio si ha habido algún progreso.



    Cerrar Agradecimientos










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