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Mis libros sobre Interrail
Diccionario etimológico y toponímico
Estambul. Turquía   2º Interrail   Julio 1994
ETAPA 6: Eminonu I Cuerno de Oro I Karakoy I Puente Bogazici I Uskudar (parte asiática)
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El obejetivo de mi segundo Interrail era alcanzar Estambul desde Barcelona a bordo de trenes y barcos. Mi colega Isidoro y yo sólo disponíamos de quince días para acometer tal empresa. Y lo logramos, aunque no fue un paseo de rosas. Por cierto, si clicáis en los respectivos enlaces haréis un descubrimiento sorprendente sobre el origen etimológico de los nombres Estambul, Bizancio, Constantinopla, Mármara, Dardanelos y Bósforo.
TOPÓNIMOS DE ESTAMBUL BIZANCIO CONSTANTINOPLA


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Estambul desde la torre Gálata


Consejos e información útil

  • Trayectos:
    1/ Tren de Salónica a Estambul (i/v).
    2/ Taxi a Uskudar, la parte asiática de Estambul, por el puente Bogazici.
  • Alojamiento:
    - En los compartimentos de los trenes nocturnos.
    - Hotel Sultán, en el barrio Eminonu.
  • Lo mejor:
    - Llegar a Estambul desde Barcelona, en Interrail.
    - El grupo de españoles que formamos en Estambul.
    - Los monumentos de Estambul: palacio Topkapi, basílica Santa Sofía, mezquitas, torre Gálata...
  • Lo peor:
    - Caótica entrada a Turquía en el tren nocturno.
    - Un malentendido con los taxistas nos llevó al cuartelillo.
    - Dos miembros del grupo fueron pillados cuando trataban de colarse en la cisterna Basílica.



Primer día


Estación Sirkeci (Eminonu)

Esa noche habíamos viajado en el tren nocturno procedente de Salónica. De madrugada, estando detenidos en territorio turco fronterizo con Grecia, Isodoro y yo, junto a seis españoles más, fuimos conducidos a una garita para desembolsar 10 dólares por barba. Una vez pagamos, pudimos continuar hacia Estambul por la región turca de Tracia.

El tren avanzó hacia oriente, muy cerca del estrecho de los Dardanelos, y poco después, lo hizo por la orilla septentrional del mar de Mármara. A primera hora de la mañana, tras completar 16 horas en el interior de ese cochambroso vagón, alcanzamos Sirkeci, la principal estación de Estambul occidental, o de la parte europea, situada en el barrio de Eminonu.

TOPÓNIMO DE DARDANELOS


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Estación Sirkeci



Palacio Topkapi

Unos chiquillos que aguardaban en la estación la llegada del tren, a la caza de turistas, nos condujeron al hotel Sultán. La tarifa, muy económica, ya nos vino bien al recién formado grupo de ocho españoles. Una vez nos instalamos en el hotel y cambiamos divisas en un banco, iniciamos la visita a la ciudad desplazándonos a pie hasta el palacio Topkapi, el más importante de Estambul. Entramos por la monumental puerta de la Acogida (Bab Us Selam).


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Puerta de la Acogida. Topkapi

La entrada a Topkapi incluía un guía de habla inglesa. Tras cruzar el primer patio, accedimos al edificio del Harén. Tal y como me temía, no me enteré de gran parte de las explicaciones. Menos mal que Fernando, el chico de Logroño, se dedicó a traducirnos lo que pudo gracias a su buen inglés.

Después del Harén visitamos otros patios y diferentes estancias del palacio, en cuyo interior hallamos piezas de museo de un valor incalculable, como la sala de "El tesoro", que contenía esmeraldas y otras joyas que pertenecieron a los sultanes.


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Patio de Topkapi

En otras salas vimos la cocina, los establos, una colección de tapices, una colección de miniaturas, otra de relojes y hasta una mezquita interna. Quedamos todos muy sorprendidos cuando descubrimos una vitrina, fuertemente custodiada, que supuestamente contenía un pelo de Mahoma. En fin.

En la zona del tesoro nos asomamos a unos balcones que ofrecían buenas vistas panorámicas del Bósforo y del mar de Mármara. Era la mejor zona para contemplar el estrecho canal de agua que separa Asia de Europa. En la orilla asiática se encuentra el barrio de Uskudar, que visitaríamos al día siguiente.


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El Bósforo desde Topkapi



Basílica Santa Sofía

Salimos del palacio Topkapi y continuamos el recorrido por el Cuerno de Oro accediendo a la explanada que acoge la basílica de Santa Sofía, la mezquita Azul y la cisterna Basílica. En este lugar, los romanos construyeron en el año 200 d.C. un hipódromo con capacidad para cien mil personas, pero apenas quedan vestigios de él.

En primer lugar visitamos la basílica de Santa Sofía. Como hiciera en Topkapi, en las taquillas mostré mi carnet del metro como si se tratara del carnet de estudiante, y volví a obtener un suculento descuento. El resto del grupo alucinaba con mis métodos para ahorrar dinero.


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Basílica Santa Sofía

Santa Sofía, antigua catedral de Constantinopla y símbolo de Estambul, se construyó en el año 537, pero en 1453 los otomanos la convirtieron en mezquita tapando los mosaicos bizantinos y añadiendo cuatro minaretes. En 1935 el templo se convirtió en museo.


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Mosaicos y medallones de Santa Sofía

Recorrimos el interior del templo observando las cúpulas, los mosaicos y los medallones que añadieron los otomanos. Emulando a otros turistas, introduje la mano en la grieta de la columna de San Gregorio para pedir un poco de buena suerte.


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Cúpula de Santa Sofía



Basílica Cisterna

Cuando salimos de la la basílica eran más de las tres de la tarde. Acordamos entre todos ir a almorzar después de la visita a la cisterna Basílica, o Yerebatan, emplazada muy cerca de Santa Sofía. El acceso se encuentra en la avenida Alemdar, el prinicipal eje que vertebra el Hipódromo, y que está unido a Eminonu por una moderna línea de tranvía.


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Avenida Alemdar

La cisterna Basílica se construyó en el año 532 y es la más grande de las 60 cisternas que se fundaron en la ciudad en época bizantina. Se utilizó hasta el siglo XIV y tiene una capacidad para 100.000 m³ de agua. Pasamos casi todos al interior, unos pagando y otros gratis, haciendo uso de carnés de estudiante y carnés de metro, como fue mi caso (a dos chicos del grupo los pillaron cuando trataban de usar unas tarjetas de pega).


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Cisterna Basílica

No había visto nunca un lugar tan enigmático como éste, con cientos de columnas (336, para ser exactos) aguantando un techo que está a ocho metros de altura. Me llamó la atención que el fondo de la cisterna almacenara un agua tan cristalina y limpia. De entre todo este bosque de columnas, destacan un par que contienen dos cabezas de medusa en la base.


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La medusa. Cisterna Basílica



Gran Bazar

Acabamos de almorzar pasadas las cinco de la tarde. La mezquita Azul cerraba sus puertas a las seis, por lo que determinamos visitar el Gran Bazar de Estambul. Fundado en 1483, el Gran Bazar es un laberinto de calles cubiertas por bóvedas donde venden prácticamente de todo: artículos de piel, joyas, especias, productos textiles, alfombras, antigüedades y, por supuesto, falsificaciones.

Todos quedamos embelesados observando las muchas tiendas que aglutina este monumental mercado, que según indicaba mi guía de viajes, es uno de los más grandes del mundo. Una visita a Estambul sin el Gran Bazar nunca será completa. La guía también recalcaba que tuviéramos cuidado con los carteristas. Pero, como nosotros éramos ocho, nos movimos con más tranquilidad entre los puestos. Los avispados vendedores empleaban algunas palabras en castellano para llamar nuestra atención, y cuando lo conseguían, gastaban bromas y se hacían los graciosos antes de acometer el arte del regateo.


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Gran Bazar



Mezquita Solimán

Pasamos por el hotel para dejar las compras realizadas en el Gran Bazar y a continuación acometimos el ascenso a la colina que acoge la mezquita de Solimán. A partir de la mezquita Nueva, serpenteamos por el entramado de calles que componen Eminonu. Pasamos por el bazar Egipcio, o de las Especias, un mercado cubierto en forma de 'L' construido en 1664, y también vimos la peculiar mezquita de Rüstem Pacha, del año 1561.


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Mezquita Nueva

Gracias a nuestro buen sentido de la orientación, alcanzamos la loma que alberga la mezquita de Solimán el Magnífico, un mejestuoso templo construido entre 1550 y 1557 por encargo del sultán Solimán. Dejamos los zapatos en el umbral de la puerta principal del templo y, una vez dentro, dimos fe de que esta mezquita es una de las más espectaculares de Estambul.


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Mezquita Solimán

Era la primera vez en mi vida que pisaba una mezquita y, ciertamente, no me dejó indiferente. Cuando salimos del templo, realizamos un descanso en las escaleras que preceden a la entrada. Fue un buen momento para hacer una foto de grupo.


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Mezquita Solimán



Acueducto de Valente

A última hora de la tarde, proseguimos la caminata por Eminonu hacia el acueducto de Valente, descendiendo de la colina por calles en fuerte pendiente. Atravesábamos una zona poco segura, o al menos esa es la impresión que teníamos. Muchos lugareños nos miraban con cara extraña; debían pensar eso de, "qué hacen estos tipos por aquí".

Salimos del entramado de callejuelas yendo a parar al bulevar de Atatürk. Esta amplia avenida nos condujo al acueducto de Valente, una gigantesca obra de ingeniería situdada entre dos colinas, construida por los romanos en el año 368 d.C. Pasamos bajo los arcos del acueducto admirando sus 20 metros de altura y sus 800 metros de longitud (antiguamente medía más).


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Acueducto de Valente

Descendiendo por el bulevar Ataturk hacia el puerto, en busca de nuestro hotel, contemplamos de lejos la cálida imagen que desprende la mezquita de Solimán. Fue una pena que estuviera anocheciendo.


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Mezquita Solimán



La noche en Estambul

Esa noche, gracias a una pareja valenciana que conocimos en las inmediaciones de nuestro hotel, cenamos en un restaurante turco ubicado cerca de la cisterna Basílica. Los chicos valencianos nos aconsejaron en la elección del menú, pues ellos ya habían estado en ese local con anterioridad.

Fue una noche muy entretenida y divertida. Durante la cena se sucedieron varios espectáculos, unos amenizados por músicos y otros por los camareros, con bailes incluidos entre ellos y los sorprendidos comensales. A la hora de pagar dividimos la cantidad entre todos. El precio, acorde con lo comido y lo visto, estuvo muy bien.


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Cena en el restaurante

Y para culminar la jornada, antes de retirarnos al hotel, los valencianos nos propusieron a todos que hiciéramos una terapia de relajación a base de cachimba. Decidimos acompañarles a un garito de fumeteo ubicado a escasos metros del restaurante. Dos cachimbas, con sus respectivas piedras, fueron suficientes para los diez. Para suavizar un poco las gargantas, pedimos unos vasitos de té con limón.


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Fumando cachimba



Segundo día


Puente de Gálata

Esa mañana, los ocho integrantes del grupo, acordamos realizar las excursiones por este orden: torre de Gálata en el barrio de Karakoy, parte asiática de Estambul, en taxi, y mezquita Azul. Iniciamos la jornada desayunando en las inmediaciones de la estación Sirkeci, circunstancia que aprovechamos para anotar los horarios del tren nocturno que debía llevarnos de vuelta a Grecia.

Una vez hechos los deberes, nos encaminamos hacia el puente de Gálata, que une Eminonu con Karakoy. A mano izquierda volvimos a contemplar la monumental fachada de la mezquita Nueva, templo construido en 1597


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Mezquita Nueva



Torre de Gálata (Karakoy)

Cruzamos el puente de Gálata y nos adentramos en el barrio de Karakoy. De inmediato comenzamos a subir por las empinadas calles que llevan hasta la torre de Gálata. Llegamos a desorientarnos un poco, pero al final dimos con la base de la torre, que está considerada como una de las más antiguas del mundo, pues fue construida en el año 528. Los genoveses la reconstruyeron en 1348 y le dieron su forma actual.


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Puente de Gálata desde la torre

En la taquilla nos dijeron que debíamos pagar un suplemento por usar las cámaras de fotos. Yo oculté la mía y me ahorré la pasta. Un moderno ascensor nos condujo hasta lo alto de la torre. Desde arriba, a 61 metros de altura, contemplamos unas vistas espectaculares de todo Estambul y del estrecho del Bósforo. Hacia el sur podimos ver el mar de Mármara y hacia el oeste Uskudar, la parte asiática. Tuvimos la gran suerte de que el día estuviera prácticamente soleado.


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Estambul desde la Torre de Gálata

Permanecimos en lo alto de la torre un buen rato, observando a vista de pájaro el puente de Karakoy, la mezquita Nueva y, especialmente, el Cuerno de Oro, con el palacio Topkapi, la basílica de Santa Sofía y la mezquita Azul destacando sobre los demás edificios.


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Cuerno de Oro desde la torre de Gálata

En Karakoy se encuentran la mayoría de las iglesias cristianas de Estambul. Durante el descenso por la colina que acoge la torre de Gálata, descubrimos la iglesia de San Benito. Poco después alcanzamos la avenida Kemeralti, una de las principales arterias que discurren por la orilla occidental del Bósforo.


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Avenida Kemaralti



Puente Bogazici

Había llegado el momento de cruzar a Uskudar, la parte asiática de Estambul. En la avenida Kemaralti tomamos dos taxis, y de inmediato, nos pusimos en movimiento por la orilla occidental del Bósforo. A lo lejos divisé el puente Bogazici, que nos catapultaría a Asia.


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Puente Bogazici

Cruzamos el Bósforo por el gran puente colgante de Bogazici, del año 1973, el único del mundo que une dos continentes. Desde su parte superior, contemplé las azules aguas del Bósforo, el estrecho canal de agua que separa Asia de Europa y que une el mar Mediterráneo con el mar Negro.


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El Bósforo desde el puente Bogazici

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El Bósforo desde el puente Bogazici



Uskudar (parte asiática)

Los taxistas pagaron el peaje por cruzar el puente y, ya en la parte asiática, avanzaron por la carretera O-1 hasta la primera salida. A partir de ese momento, condujeron por el barrio de Uskudar hasta un parque situado sobre unas lomas. Cuando bajamos de los coches, comprendimos que estábamos en un magnífico mirador.


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Mirador de Uskudar

El lugar era fantástico. Desde allí arriba el estrecho del Bósforo parecía un pequeño riachuelo que discurre entre colinas y, debido a la larga distancia que había, el puente Bogazici parecía que fuera de juguete. Lo que más nos entusiasmó a todos, aparte de las vistas, fue que acabábamos de pisar el continente asiático por primera vez en nuestras vidas.


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Mirador de Uskudar

Hicimos las fotos pertinentes, y una vez montamos en los taxis, tomamos el camino de vuelta a la parte europea de Estambul. Les dijimos a los taxistas que nos dejaran en la zona del Hipódromo, frente a la mezquita Azul.



Explanada del Hipódromo

Un malentendido en el precio de las carreras (nosotros queríamos pagar 2 dólares y los taxistas pedían 20 por coche), nos condujo a todos al cuartelillo situado cerca de la cisterna Basílica. El comisario, tras escuchar las dos versiones, resolvió el asunto de forma tajante, y nos hizo pagar 10 dólares por coche.

Superado el mal trago, nos presentamos de nuevo en el corazón del Hipódromo, un lugar reservado a la mezquita Azul, cuyo tamaño es más o menos la mitad que su vecina, la basílica de Santa Sofía.


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Basílica Santa Sofía

La mezquita Azul se levantó en 1616 y es la más importante de Estambul. Tiene seis minaretes y una cúpula de 23 metros de diámetro y 43 metros de altura. Al igual que en la mezquita de Solimán, para entrar en este majestuoso templo también fue necesario descalzarse. En la puerta principal había empleados que repartían pañuelos para cubrir hombros y piernas, pues no se podía entrar con camiseta de tirantes ni con pantalones cortos.


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Mezquita Azul

Recorrí el interior de la mezquita admirando su prestancia y grandiosidad. Me quedé embobado al observar la gigantesca lámpara repleta de velas que colgaba del techo. También quedé sorprendido al contemplar los más de veinte mil azulejos de color azul que adornan la cúpula y la parte superior del templo. Muchos fieles musulmanes rezaban sobre las alfombras, entre las columnas, en las esquinas, en grupos o en solitario, por lo que debíamos ser respetuosos y permanecer en silencio.


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Mezquita Azul

Almorzamos tarde, en un restaurante ubicado en el mercado de alfombras próximo a la mezquita Azul. Un captador del mercado nos llevó hasta allí, en busca de potenciales clientes, pero nosotros, jóvenes mochileros, no teníamos intención de adquirir ningún recuerdo de esas dimensiones.



Tren Estambul-Salónica

A primera hora de la noche nos presentamos todos en la estación Sirkeci. Había llegado la hora de abandonar Estambul. Dos miembros del grupo, los riojanos Fernando y Arturo, partieron en primer lugar hacia Sofía, la capital de Bulgaria, y el resto (Olga, Josep, Nacho, Jaume, Isidoro y yo), salimos poco después en el "Chatarra Exprés", con dirección a Salónica. Nos agurdaban 16 horas de viaje.

A medianoche, Isidoro y yo tuvimos algnos problemillas en la frontera greco-turca, cuando los guardias turcos nos hicieron rellenar una octavilla antes de sellar los pasaportes. Afortunadamente, pudimos abandonar Turquía sin más contratiempos.








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