José Cánovas
Viajero

Grandes rutas por Europa



Rutas por Grecia

La idea de pasar una semana en Grecia, a mediados de enero, surgió como una genial alternativa a la fría Centroeuropa. Mi hermana Raquel me lo sugirió. Y acertamos. Vuelos por cien euros (i/v), entradas a recintos arqueológicos a mitad de precio, pocos turistas, tiempo soleado (aunque también vimos nieve)... Visitas a Atenas, una excursión en barco a la isla Egina y tres desplazamientos en coche conforman este maravilloso viaje al país heleno, considerado como la cuna de la Europa clásica.


coche
Templo de Poseidón
filopapo
Acrópolis desde Filopapo


Consejos e información útil

Recomendaciones para el viaje y la estancia:

  • Este viaje, organizado para una estancia de dos días en Atenas y tres de excursiones, sólo era viable con un plan de vuelo + coche de alquiler.
  • El metro une el aeropuerto con la plaza Sintagma por 10€. Hay un convoy cada media hora.
  • Existe una amplia oferta de hoteles en Atenas, pero yo os aconsejo que os alojéis cerca de Monastiraki o la Plaka. Nosotros elegimos el hotel Hermes, en la Plaka, perfecto para abordar los sitios arqueológicos y las calles peatonales. Ideal también para cenar.
  • La zona de Monastiraki y la Plaka está surtida de buenos restaurantes.
  • No os vayáis de Grecia sin probar su rica y variada gastronomía: souvlaki, musaka, pitas, yogures, pescado, café frapé...
  • Entre noviembre y marzo, las entradas a los principales sitios arqueológicos del país cuestan la mitad. Aprovechaos de ello. En muchos lugares, apenas había turistas.
  • En enero oscurece a las 17,30h. Tenerlo en cuenta a la hora de realizar visitas (a pie o en coche).

Y en cuanto al coche y las carreteras:

  • Si vais a estar uno o dos días en Atenas antes de realizar excursiones, como fue mi caso, os aconsejo que recojáis el coche de alquiler en las oficinas del centro de la ciudad y que lo devolváis en el mismo sitio, o en el aeropuerto el día de vuestra partida.
  • El seguro opcional de coche nos costó 50€. Yo recomiendo que lo contratéis porque los griegos son muy agresivos al volante.
  • Cuando os entreguen el coche de alquiler, comprobad con el empleado el nivel del depósito de gasolina y los bollos que tenga. Evitaréis malentendidos y problemas.
  • Aparcar en Atenas es complicado. Una noche en un párking cuesta entre 16€ y 18€. Existen zonas de aparcamiento regulado y otras libres de pago, pero es complicado dar con ellas.
  • Los principales sitios arqueológicos de Grecia están bien indicados (Delfos, Olimpia, Poseidón). Para el resto, por falta de carteles, nos costó sudor y esfuerzo dar con ellos.
  • Os aconsejo que llevéis un buen mapa de carreteras, o que contratéis un GPS con el alquiler del coche. Aun y así, antes de partir debéis estudiar muy bien la ruta a seguir (google maps). Tened en cuenta que muchos carteles sólo están escritos en alfabeto griego.
  • Cuando hay retenciones en las carreteras, los griegos acostumbran a circular por el arcén. Es norma de la casa.
  • En Atenas existen muchas avenidas con medianeras que impiden realizar giros, lo cual resulta estresante.
  • También son estresantes las motos que se cuelan entre carriles. Los griegos circulan pegados a la línea izquierda del carril para dejarles pasar.
  • Si vais al Peloponeso, debido a las largas distancias y a lo abrupto de la península, os aconsejo que pernoctéis en algún pueblo y que toméis la autopista siempre que podáis. Las carreteras del interior son de alta montaña, retorcidas a más no poder.

Mapa de las rutas





Rutas del circuito


atenas Atenas clásica y bizantina
Plaka, Ágora romana, Acrópolis, Pta. Adriano, Estadio Kalimármaro...
Primer día

    El primer día, nada más instalarnos en el ateniense hotel Hermes, fuimos al grano. Paseamos por la Plaka, el barrio más bohemio de la capital, admiramos iglesias bizantinas, el Ágora romana y luego nos aupamos hasta la Acrópolis (tercera vez en mi vida que visitaba el recinto). Completamos la jornada en el estadio Kalimármaro.


    atenas atenas
    Acrópolis de Atenas


    Ruta

    • Trayectos:
      - Avión: Barcelona-Atenas.
      - Metro: Aeropuerto-Sintagma (10€).
    • Alojamiento: Hotel Hermes (Calle Apollonos de la Plaka).
    • Almuerzo: Restaurante Royal, en la calle Ermou. Especialistas en pitas y souvlakis. Precios económicos.
    • Lo mejor:
      - Visitar la Acrópolis por tercera vez para mí (segunda para mi hermana).
      - Entrada a la Acrópolis a mitad de precio (10€) y pocos turistas en el recinto.
    • Lo peor:
      - En invierno, los recintos cierran a las 17h (en algunos de ellos el último acceso es a las 16,45h).


    1/ Vuelo y aeropuerto

    Despegamos de Barcelona a las 7,30h, con puntualidad. El vuelo a Atenas duró algo menos de tres horas, pero debido a la diferencia horaria, tuvimos que adelantar una hora los relojes. Desde el aire avistamos Sicilia, el sur de la bota italiana y algunas islas griegas del mar Jónico.


    vuelo
    Vuelo Barcelona-Atenas
    trenaeropuerto
    Tren Aeropuerto-Sintagma
    sintagma
    Plaza Sintagma

    Aterrizamos en Atenas a las 11,15 (hora local), con los cielos despejados y las montañas cubiertas de nieve. Era una Grecia muy diferente a la que mi hermana y yo habíamos vivido años atrás. Esta vez el calor pegajoso, propio de la región en verano, no nos iba a aguar la fiesta. En la cercana estación de tren aguardamos la llegada de nuestro transporte y a las 12,30 partimos hacia la plaza Sintagma, en el corazón de Atenas. Tardamos tres cuartos de hora en llegar (10€) y quince minutos en alcanzar a pie el hotel Hermes, ubicado en la calle Apollonos de la Plaka.


    hotelhermes
    Hotel Hermes
    hotelhermes2
    Hotel Hermes. Azotea


    2/ La Plaka

    A mediados de enero anochece pronto, así que no perdimos ni un segundo en el hotel. Estábamos en la Plaka, rodeados de monumentos y de edificios históricos. Nos dirigimos a la calle Ermou con la intención de picar algo. De camino vimos la catedral de Atenas (1862), la pequeña iglesia de San Eleuterio (siglo XII) y, en la calle Ermou, la singular iglesia bizantina de Kapnikarea, que parecía estar incrustada en la acera.

    Tras un rápido almuerzo pitero iniciamos el ascenso a la Acrópolis. A mano derecha, perfectamente visible desde la verja exterior, contemplamos las ruinas del Ágora Romana, de las que sobresalía el reloj hidráulico de Andrónico Kiristo, monumento en forma octogonal construido en el siglo I a.C.





    3/ La Acrópolis

    En las taquillas me llevé una grata sorpresa: de noviembre a marzo las entradas a los principales recintos arqueológicos griegos costaban la mitad de precio. El acceso a la Acrópolis nos salió por 10€. Era la tercera vez que visitaba la "ciudad alta" ateniense (1994 y 2002) y no salí defraudado.

    La única pega que le puse a la visita fue que el Partenón estaba en obras. De hecho, siempre lo he visto con andamios a su alrededor, imagino que restaurándolo por fases. Cada año arreglan una parte y vuelta a empezar. La Acrópolis es el mejor mirador de Atenas, en esta ocasión con las montañas nevadas. Aconsejo recorrerla pausadamente para poder admirar el teatro Odeón, o el distante templo de Zeus, o el Erecteión (el templo de las Cariátides, si bien las estatuas originales están en museos). Rodear el Partenón, aunque esté revestido de andamios, es otro de esos placeres a los que nunca renunciaré en mis futuras visitas a la capital griega.





    4/ Dionisos, Adriano y Kalimármaro

    Salimos de la Acrópolis por unas escaleras que conducían a la zona baja de la muralla sur, yendo a parar a las ruinas del templo de Asklepios y al teatro de Dionisos (s. V a.C.). Por la calle Dionisio Areopayitu, jalonada de edificios del siglo XIX, penetramos brevemente en la Plaka. Abandonamos el barrio por la Puerta de Adriano (año 131 d.C), una puerta en forma de arco levantada en honor al emperador romano Adriano.

    Nos alejamos del centro de Atenas por la avenida Leof Vasilissis, donde se encuentra el principal acceso al templo de Zeus u Olimpeión, fundado alrededor del año 515 a.C., y del que sólo quedan unas pocas columnas en pie. Al final de la avenida fuimos a parar al estadio Kalimármaro, construido en 1870 en mármol blanco, en el mismo lugar donde en el año 330 a.C. se levantó el primer estadio. La entrada sólo costaba 2,5€ (reducida), pero eran las cinco y echaban el cierre. Al menos lo vimos bien desde el exterior.

    Anochecía mientras regresábamos a la Plaka. Las calles peatonales del barrio estaban un pelín desangeladas, con pocos turistas ojeando los escaparates de las tiendas de regalos. En una plaza poco iluminada vimos la linterna de Lisícrates (334 d.C.), un monumento dedicado a un acaudalado ciudadano griego. Cenamos pronto, en un local de la plaza Monastiraki que nos brindó una imagen maravillosa de la Acrópolis iluminada.





    Cerrar Atenas Clásica


egina Ruta 1: Atenas y golfo Sarónico
Colina Filopapo, Ágora griega, El Pireo e isla Egina
Segundo día

    El segundo día en Grecia está dividido en dos partes: en Atenas visitamos la colina Filopapo y el Ágora griega, y llegados al Pireo en metro, embarcamos a la isla de Egina, en el golfo Sarónico, buscando un poco de tranquilidad antes de que lleguen las tres etapas automovilísticas.


    islaegina egina
    Isla Egina


    Ruta

    • Trayectos:
      1/ Colina Filopapo y Ágora griega a pie.
      2/ Metro: De Monastiraki al Pireo (2,75€ i/v).
      3/ Barco: Del Pireo a Egina (23€ i/v).
    • Alojamiento: Hotel Hermes (Calle Apollonos de la Plaka).
    • Almuerzo: Taberna Ágora, cerca del mercado de Egina. Exquisitas raciones de pescado y calamares.
    • Lo mejor:
      - Las vistas de la Acrópolis desde Filopapo.
      - El almuerzo y el posterior café frapé en bares de Egina.
      - Visitamos en solitario las ruinas de Colonna, en Egina.


    1/ Colina Filopapo

    Atenas, como Roma, también cuenta con un buen puñado de colinas. La más próxima a la Acrópolis es Filopapo, con sus laderas cubiertas de pinos y un laberinto de caminos que conducen a monumentos con siglos de historia. Atacamos la colina desde la Plaka, por el mismo camino que conduce a la entrada de la Acrópolis.

    Nos detuvimos brevemente en el mirador-roquedo ubicado a los pies de la Acrópolis, que nos brindó una imagen sorprendente de Atenas. Luego nos aproximamos al inicio de la calle adoquinada que lleva a Filopapo. Unos metros más adelante, a la altura de la iglesia bizantina de Demetrios Loubardiaris (1648), giramos a la izquierda y comenzamos a ascender por una senda pedregosa. Transcurridos 10 minutos alcanzamos el monumento de Filopapo, levantado en el 114 d.C. tras la muerte del senador romano Julio Filopapo. Junto a él se encuentra el mirador de Filopapo, con una de las vistas más maravillosas de la Acrópolis y el sur de Atenas. Valió la pena el esfuerzo.





    2/ Ágora griega

    Descendimos de la colina por la calle Apostolou Pavlou, en dirección a Thisio. Llegados a la vía de metro dimos con la entrada al Ágora griega, fundada en el siglo VI a.C. y considerada como el corazón de la ciudad durante 1.200 años. La entrada también estaba a mitad de precio: 5€.

    Recorrimos el Ágora sin apenas turistas, con temperatura fresca. Nada que ver con la última vez que la visité, en un mes de julio del año 1994. Las calles del recinto estaban jalonadas de ruinas de edificios como el tholos o el odeón de Agripa, con sus tres estatuas dándonos la bienvenida. En la parte alta del Ágora vimos el templo de Hefesto, el templo clásico mejor conservado de Atenas, dedicado al dios del fuego y a Atenea. En el lado opuesto, junto a la muralla, visitamos el museo del Ágora, ubicado en el interior del Estoa de Attalos, una impresionante estructura de dos pisos de altura levantada en el 138 a.C.





    3/ Monastiraki

    Abandonamos el Ágora y por la calle Adrianou, plagada de restaurantes y que ofrece una fantástica vista de la Acrópolis, llegamos a las ruinas de la biblioteca de Adriano, levantada por orden del emperador romano Adriano en el año 132 d.C. Rodeamos el recinto por el exterior, para contemplar columnas, el patio y los huecos de mármol que guardaban los rollos manuscritos.

    Completamos la vuelta alrededor de la biblioteca y fuimos a parar a Monastiraki, una de las plazas más emblemáticas de Atenas. De aquí parten las calles del mercadillo de Monastiraki, repleto de tiendas de antigüedades y baratijas. La plaza alberga una iglesia, restaurantes y, en su centro, acoge prácticos kioscos. En un extremo se encuentra la parada de metro que, en media hora, une el centro de Atenas con el puerto de El Pireo, nuestro siguiente destino de la jornada.





    4/ El Pireo

    Entramos en el suburbano ateniense y sacamos dos billetes de ida y vuelta a El Pireo en la máquina expendedora (2,75€ cada uno). Tardamos media hora en llegar a nuestro destino, el principal puerto de Atenas, un lugar que yo ya conocía de mis dos anteriores visitas a la capital helena (la segunda embarqué a Santorini).

    En la zona portuaria compramos dos billetes de ida y vuelta para la isla de Egina (23€ cada uno, un ferry rápido a la ida y otro más lento a la vuelta. "Vuestro barco zarpa en diez minutos", nos dijo el empleado. Caminamos rápido hasta el muelle donde se hallaba nuestro transporte, un catamarán de la compañía Flying Dolphin que sólo admitía pasajeros. A las 12,50 zarpamos hacia Egina.


    elpireotren
    Estación de El Pireo
    elpireopuerto
    Puerto de El Pireo
    elpireobarco
    Catamarán Flying Dolphin


    5/ Isla Egina

    Tardamos 35 minutos en llegar a Egina, isla situada en el centro del golfo Sarónico, en el mar Egeo. La capital, Egina, es uno de esos lugares tranquilos donde se respira paz y tranquilidad. Llegamos a la hora de almorzar y mientras recorríamos el paseo portuario, con sus terrazas atestadas de mesas aguardando turistas, fuimos mirando los menús de los bares. Finalmente nos decantamos por comer junto al mercado de pescado, en la taberna Ágora, donde degustamos buenas raciones de pescado y calamares a buen precio.

    Más tarde, en una terraza que daba al puerto, tomamos unos exquisitos cafés frapé, especialidad griega de la que di buena cuenta años atrás. A continuación recorrimos a pie el centro de Egina por calles peatonales y por otras que no lo eran. No había mucho que ver, así que decidimos caminar hacia las cercanas ruinas de Colonna, emplazadas al oeste de la capital. El taquillero nos dijo que el museo estaba cerrado, pero abrió la verja y decidió acompañarnos para mostrarnos el sitio arqueológico. Al concluir se ganó un propina.

    A las 17,30 horas, tras una agradable estancia en la isla, embarcamos en el Apolos, un buque de más calado que admitía vehículos y que iba provisto de cómodos sillones. Esta vez tardamos una hora y quince minutos en llegar a El Pireo, el doble de tiempo que en el trayecto de ida.





    Cerrar Ruta 1


poseidon Ruta 2: La Ática
Templos de Poseidón y Artemisa, Artemis y Maratón
Tercer día

    Esta ruta, la primera en coche de alquiler, transcurre por la provincia de la Ática, que corresponde con la península homónima. En el extremo más meridional alcanzamos el cabo de Sunio, que acoge el templo de Poseidón, luego continuamos hacia el norte, hasta Vravrona, donde se encuentra el templo de Artemisa. La ruta concluye en las ruinas de Maratón.


    atica poseidon
    Templo de Poseidón (Sunio)


    Ruta

    • Trayectos:
      1/ De Atenas a Sunio.
      2/ De Sunio al templo de Artemisa.
      3/ Vravrona y Artemis.
      4/ De Artemis a Maratón.
      5/ De Maratón a Atenas (42 km).
    • Alojamiento: Hotel Hermes (Calle Apollonos de la Plaka).
    • Almuerzo: Restaurante Arhontikon, en Artemis. Exquisito menú por 10€, junto al mar (entrante y postre incluidos).
    • Lo mejor:
      - Los templos de Poseidón y Artemisa sin turistas.
      - El almuerzo en Artemis (souvlaki y pescado), junto a la playa.
      - Cubrimos los 42 km que separan Maratón de Atenas (en coche, claro está).
    • Lo peor:
      - Faltaban indicadores para llegar de una pieza a los sitios arqueológicos. Nos perdimos una infinidad de veces.
      - El museo de las ruinas de Maratón había cerrado cuando llegamos nosotros.
      - Circular de noche por Atenas, sin GPS en el coche. Fue toda una proeza llegar a la Plaka y al hotel.


    1/ Sunio: templo de Poseidón

    Esa mañana en Atenas, después de desayunar en el hotel, acudimos a recoger el coche de alquiler, un Hyundai i30. Había estudiado sobre mapa cómo salir de Atenas en dirección sur. Y me vino muy bien, porque una kilométrica avenida, Leof Vouliagmenis, nos condujo hasta Voula y las playas del sur de la Ática. Alcanzada la costa, ya sólo tuvimos que seguir la carretera que zigzagueaba por la costa. Transcurrida una hora y media llegamos al cabo Sunio. Desde la distancia, en lo alto de una colina que dominaba el mar, pudimos admirar el templo de Poseidón.

    Estacionamos el coche en el aparcamiento, abonamos la entrada (5€) y accedimos al santuario de Sunio en solitario. Seguimos el sendero marcado, sin más turistas, soportando un fuerte viento de origen marino, muy húmedo y frío. No había nadie realizando la visita, lo cual agradecimos mientras nos fotografiábamos junto a las columnas blancas del templo de Poseidón, del siglo V a.C., uno de los pocos construidos en honor al dios del mar.

    La senda descendía hacia el azul intenso del mar Egeo. La seguimos para descubrir más restos arqueológicos, unos asentamientos pétreos de formas cuadriculares que apenas se elevaban unos centímetros del irregular terreno. Sólo el templo de Poseidón parecía resistir al inexorable paso del tiempo.





    2/ Templo de Artemisa

    Una carretera retorcida y estrecha partía de Sunio hacia el norte. Buscábamos el santuario de Vravrona, donde se alza el templo de Artemisa, y para llegar más rápido dejamos la costa y tomamos la carretera de Koropi, o del aeropuerto. El problema vino minutos más tarde, cuando giramos a la derecha en dirección a Vravrona y no vimos carteles que anunciaran el templo de Artemisa. Pregunté en un pueblo y conseguí encarrilar la situación. Sin embargo, llegados al sitio arqueológico, a falta de un cartel que anunciara Artemisa, nos pasamos de largo, yendo a parar otra vez a la costa. Pregunté por segunda vez y ahora sí, regresamos sobre nuestros pasos para dar con la entrada al santuario.

    Como ya era constumbre en este viaje, no había nadie en el santuario de Vravrona. La entrada costaba 3€ e incluía la visita al museo arqueológico. Ambos, santuario y museo, los recorrimos en solitario. Del templo de Artemisa, dedicado a Artemisa -diosa del parto y la caza-, cabe decir que se encuentra en una marisma, con mucha presencia de agua y de vegetación, hábitat de muchas especies de aves. De hecho, en la senda que unía el aparcamiento con el templo pudimos ver carteles anunciando la reserva avícola. Junto al templo se encuentra la iglesia cristiana de San Jorge, del siglo XV, que a mí pareció un sonoro parche.





    3/ Vravrona y Artemis

    Fue fácil salir del templo y avanzar hacia el norte por la carretera de la costa (no nos perdimos). Buscábamos un lugar donde almorzar, y no nos costó mucho. Dejamos atrás la villa de Vravrona, una sucesión de casas desparramadas a ambos lados de la calzada, y llegados a Artemis, dimos con el restaurante Arhontikon. Ubicado en la playa del municipio, el local ofrecía buenos platos de comida griega. Elegimos souvlaki y sardinas asadas. El entrante y el postre estaban incluidos en el menú de 9€.


    artemis
    Playa de Artemis
    artemis2
    Restaurante Arhontikon. Artemis


    4/ Maratón

    Era pronto para volver a Atenas y no había mucho que ver en la Ática, al menos cerca de donde estábamos. Echamos un vistazo al mapa de carreteras y descubrimos que Maratón estaba relativamente cerca. En los aledaños de esta mítica población podríamos ver las antiguas ruinas de la ciudad y el escenario donde persas y griegos libraron una cruenta batalla en el año 490 a.C. Vencieron los primeros, con menos hombres. El soldado griego Fidipedes corrió los 42 km. que separan Maratón de Atenas para anunciar la victoria. Cuando llegó a su destino proclamó: "hemos vencido", y al instante murió desfallecido. En recuerdo de este hecho, en el maratón moderno se cubre la distancia que recorrió Fidipedes.

    Llegar a Maratón fue eso, un poco maratoniano: una carretera que acababa en el mar, continuos vistazos al mapa de carreteras, es por aquí; no, es por allá. En fin, lo de siempre cuando se conduce por Grecia. Una amplia avenida de doble carril nos condujo hasta el sitio arqueológico de Maratón, alejado de la villa varios kilómetros, en un bello entorno de olivos y prados donde pastaban ovejas. El museo y el acceso a las ruinas habían cerrado a las tres (horario de invierno). Al menos, desde la verja exterior pudimos ver algunos restos de templos funerarios.

    Ahora queríamos ver el monumento conmemorativo que habían erigido en el campo de batalla donde lucharon griegos y persas. Llegados a Maratón seguimos el único cartel que anunciaba el lugar. Recorrimos un par de kilómetros por una amplia avenida y a falta de nuevos indicadores, decidimos tirar la toalla.

    Partimos de Maratón por la carretera de Atenas, una amplia calzada que a cada kilómetro nos anunciaba la distancia que quedaba para llegar a la capital, en recuerdo de la hazaña que realizó Fidipedes dos mil años atrás. Llegados al extrarradio de Atenas nos metimos en un colosal atasco. Creo que Fidipedes habría llegado antes corriendo.


    maraton
    Ruinas de Maratón
    maraton2
    Museo de Maratón
    maraton3
    Ruinas de Maratón


    Cerrar Ruta 2


delfos Ruta 3: Norte de Corinto
Macizo Citerón, Tebas, Arachova y Delfos
Cuarto día

    Esta ruta nos lleva al norte del golfo de Corinto, desde Atenas hasta las ruinas de Delfos. Por el camino veremos nieve, mucha nieve, en el macizo Citerón; nos detendremos en Tebas para admirar su museo arqueológico, y en Arachova, bonito pueblo de alta montaña encaramado a los pies del mítico monte Parnasos.


    delfos delfos
    El Tolos de Delfos


    Ruta

    • Trayectos:
      1/ De Atenas a Tebas.
      2/ De Tebas a Delfos por Livadia.
      3/ De Delfos a Atenas.
    • Alojamiento: Hotel Hermes (Calle Apollonos de la Plaka).
    • Almuerzo: Restaurante Delfikon, en Delfi: bebida, ensalada de atún y deliciosa musaka por 10€.
    • Lo mejor:
      - Las ruinas y el museo de Delfos.
      - Montañas repletas de nieve en el macizo Citerón, entre Atenas y Tebas.
    • Lo peor:
      - Por falta de tiempo, no pudimos ver el monumento a Leónidas, en Termópilas.


    1/ Macizo Citerón

    Partimos de Atenas tras tomar el desayuno en el hotel. La noche anterior estudié la ruta a seguir para salir de la ciudad indemne, sin problemas, pasando por las plazas Sintagma, Omonia y Karaiskaki. Y lo logré. Logré salir por la autopista 8 y tomar la salida por la E962, carretera que debía conducirnos a Tebas.

    Hacia la mitad del recorrido, al atravesar el macizo Citerón (fronterizo entre las regiones de Ática y Beocia), vimos que todo estaba cubierto de nieve. La cuneta, las montañas y pequeños pueblos como Eritras habían sucumbido recientemente ante una copiosa nevada. Grecia era así de imprevisible, y nosotros tuvimos suerte de atravesar el puerto de montaña con la vía limpia gracias a las quitanieves. Eso sí, la temperatura exterior rondaba los 3 grados centígrados.

    Las fotos corresponden a los dos sentidos de la marcha, pues regresamos a Atenas por la misma carretera, la E962.





    2/ Tebas

    Poco queda de la micénica Tebas, la que fuera escenario de la trágica historia de Edipo. El museo Arqueológico (3€), uno de los más importantes de Grecia tras el arqueológico de Atenas, recoge una interesante colección de piezas de origen micénico, hallazgos de las excavaciones de la antigua Beocia. Mi hermana y yo dimos buena cuenta de ella.

    Presidiendo el recinto se hallaba la torre medieval perteneciente a una antigua fortaleza franca, construida en 1278. En el patio, en torno a la torre, vimos una colección de estatuas micénicas y bajo los cimientos del edificio principal descubrimos restos de antiguos asentamientos, de los pocos que se conservan en la ciudad.





    3/ Monte Parnasos y Arachova

    A partir de Tebas, la carretera dio un giro hacia el oeste. Avanzamos por una llanura muy verde, con la vía del ferrocarril pegada a nuestra derecha. Por ella, a bordo de trenes diurnos y nocturnos, pasé yo años atrás en el transcurso de mis interrailes. Dejamos Livadia a la izquierda, y a partir de entonces la carretera se fue empinando. Estábamos en las estribaciones del monte Parnasos, de 2.457 metros de altitud, que lógicamente, por estar en enero, tenía toda la cima cubierta de un manto blanco.


    parnasos
    Monte Parnasos
    parnasos2
    Monte Parnasos

    Fuimos ganando altura a la sombra del poderoso Parnasos, que parecía una mole pétrea inexpugnable. En sus faldas (imaginé que en la cara norte), existe una estación de esquí, y uno de los pueblos que ofrece una buena base alternativa para la estación, y también para Delfos, es Arachova. Antes de entrar en el municipio nos detuvimos en un mirador ubicado en una curva de la carretera. Arachova era un pueblo de montaña suspendido en la ladera de la montaña. Más tarde, al recorrerlo por su angosta calle principal (o sea, la carretera), vimos que su economía giraba en torno a los deportes de invierno, pues eran muchas las tiendas donde se vendía material de esquí.


    arachova
    Arachova desde el mirador
    arachova2
    Arachova
    arachova3
    Arachova


    4/ Delfos

    Nueve kilómetros separan Arachova de Delfos, ciudad antigua que está dividida en tres partes: santuario de Apolo, fuente Castalia y el santuario de Atenea (Marmaria). Aparcamiento gratuito, entrada a mitad de precio y pocos turistas, fue el aperitivo de lo que nos aguardaba en adelante en uno de los recintos arqueológicos más importantes de Grecia, y que mi hermana Raquel ya conocía de una anterior visita.

    ruinasdelfos
    Zona arqueológica de Delfos
    Antes que nada, os recomiendo que estacionéis el coche junto a las taquillas y os mováis a pie entre los recintos. Respiraréis aire puro y contemplaréis un paisaje alucinante.
    Primero debéis pasar por taquilla para adquirir la entrada conjunta al santuario de Apolo y el museo Arqueológico. El santuario de Atenea es de libre acceso.
    El orden de las visitas debe ser:
    1/ Santuario de Apolo.
    2/ Santuario de Atenea.
    3/ Fuente Castalia.
    4/ Museo Arqueológico.


    Santuario de Apolo y Museo

    Las ruinas principales de Delfos, el santuario de Apolo, se encuentran antes de entrar en la pequeña población de Delfi, en la ladera de una escarpada montaña. Un sendero, correspondiente con la vía Sacra, recorre el recinto en continuo ascenso. Y así, de esta guisa, fuimos viendo sucesivos templos, unos en mejor estado de conservación que otros. Pocas columnas quedaban en pie, algunas de ellas sostenían pequeños templos como el del Tesoro Ateniense, otras, en cambio, se mantenían en equilibrio, solitarias, desafiantes al paso del tiempo, caso del Trípode de Platea o columna de las Serpientes. En la parte alta vimos el Teatro (s. IV a.C), con sus gradas en perfecto estado, y desde esa atalaya contemplamos el templo de Apolo en toda su magnitud.

    Tras la visita al recinto, y por el precio de la entrada, accedimos al museo Arqueológico, uno de los mejores de Grecia. En su interior vimos bustos de todos los tamaños, con y sin cabeza, frisos, piezas rescatadas de este y de otros sitios arqueológicos, y sobre todo, descubrimos una estatua que entusiasmó groso modo a mi hermana: el Auriga de Delfos, construida en bronce.


    El aparcamiento Acceso al recinto. Ágora Romana Vía Sacra Tesoro de los Atenienses Pórtico de los Atenienses Altar de Apolo Templo de Apolo y Trípode de Platea Templo de Apolo Teatro de Delfos Templo de Apolo Trípode de Platea Museo Arqueológico Museo Arqueológico Museo Arqueológico: Auriga




    Santuario de Atenea Pronoia

    Habíamos visto el santuario de Apolo y el museo Arqueológico. Ya sólo nos faltaba desplazarnos a pie hasta el santuario de Atenea Pronoia, la encargada de guardar el lugar sagrado. Caminamos por la carretera, con los restos del Gimnasio a nuestra derecha, hasta dar con el camino que descendía al recinto, que era de libre acceso. Primero nos detuvimos en un Mirador, desde donde pudimos contemplar una buena panorámica del Tholos, edificio circular del siglo IV a.C.

    Tras completar el descenso al raso (menos mal que estábamos en enero y no hacía calor), nos acercamos al Tholos para admirar las tres columnas dóricas que quedaban en pie. También vimos las ruinas de otros edificios de los siglos VI y V a.C. De regreso a la carretera, en una terraza situada en un nivel superior, vimos los restos del Gimnasio, del siglo IV a.C. Y de camino al parking, en una curva de la carretera, nos detuvimos junto a la fuente Castalia, cuyas aguas servían para purificar a aquellas personas que querían visitar el oráculo de Delfos.




    Delfi pueblo

    La población de Delfi se encuentra junto a las ruinas, a cinco minutos a pie, aunque nosotros, por habernos dado una buena caminata por los recintos arqueológicos y andar justos de tiempo (iban a dar las tres), optamos por desplazarnos en coche. Aparcamos a la entrada del pueblo, y desde la acera contemplamos atónitos el profundo barranco sobre el que se agolpaban las casas. Mirando hacia la derecha avistamos las aguas del mar Jónico, en concreto una porción del golfo de Corinto.


    delfi
    Vistas desde Delfi
    delfi2
    Golfo de Corinto

    No teníamos intención de caminar mucho por el pueblo. A la entrada dimos con el restaurante Delfikon, que también era hotel. Dos refrescos de cola, una ensalada de atún para compartir y un par de musakas completaron el menú. Pagamos menos de 20€.


    delfi
    Delfi
    restaurantedelfi
    Restaurante Delfikon

    Tenía previsto acercarme a Termópilas, pueblo situado a unos 30 km. al norte de Delfos. Quería ver la estatua levantada en honor a Leónidas, uno de los grandes héroes griegos de todos los tiempos, famoso por haber luchado hasta la muerte contra los persas con tan solo 300 guerreros (o eso dicen los libros y algunas pelís). El caso es que eran las cuatro de la tarde, anochecía en una hora y teníamos por delante una carretera de montaña con muchas curvas y algunos tramos nevados. Creímos más sensato iniciar el regreso a Atenas, donde ya tenía previsto estacionar el coche de forma gratuita en la avenida Leof Vasilissis, como así fue.



    Cerrar Ruta 3


olimpia Ruta 4: Peloponeso
Langadia, Olimpia y Nauplio
Quinto día

    El Peloponeso es grande, muy grande. Alberga interesantes sitios arqueológicos: Epidauro, Micenas, Acrocorinto, Esparta... y Olimpia, ruinas declaradas Patrimonio de la Unesco, que yo ya conocía de una anterior visita a Grecia, y que en este viaje me comprometí con mi hermana para verlas de nuevo.


    peloponeso olimpia
    Estadio de Olimpia


    Ruta

    • Trayectos:
      1/ De Atenas a Olimpia.
      2/ De Olimpia a Nauplio.
      3/ De Nauplio a Atenas.
    • Alojamiento: Hotel Hermes (Calle Apollonos de la Plaka).
    • Almuerzo: Restaurante sito en la calle principal de Olimpia. Un par de souvlakis y una pita, más bebida, por menos de 10€.
    • Lo mejor:
      - Caminar por las ruinas de Olimpia sin apenas turistas, y a la fresca.
      - El museo arqueológico.
    • Lo peor:
      - Distancias kilométricas. No pude ver otros sitios arqueológicos del Peloponeso.
      - La carretera de Langadia. Fue una tortura transitar por ella. A la vuelta dimos un rodeo para enlazar antes con la autopista.


    1/ Acrocorinto y Langadia

    Lo vi en Google Maps la noche anterior: 3h, 40min para llegar a Olimpia por autopista y bordeando la costa sur del Peloponeso. El interior de la península no aparecía ni como ruta alternativa, pero no presté atención a este detalle. Salimos pronto de Atenas, pues la ruta era larga. Tomamos la autopista 8, pasamos por el canal de Corinto sin detenernos (el caso es que no barajé esta posibilidad), y entramos en el Peloponeso haciendo fu como el gato.

    Más adelante dejamos la A-8 (iba en dirección a Patras) y proseguimos hacia Trípoli por la A-7. En breve, a nuestra derecha apareció el alto roquedo sobre el que se asienta Acrocorinto, la fortificación natural más resistente de la Antigua Grecia. Desde la autopista contemplamos la muralla que rodea el perímetro, que es en su mayoría medieval turca construida sobre edificios más antiguos.


    autopista
    Autopista A-8
    acrocorinto
    Acrocorinto

    Dejamos la autopista unos 20 km. antes de llegar a Trípoli, cuando leímos el primer cartel que anunciaba Olimpia. Y no hicimos bien. Al principio, por la carretera 111, avanzamos más o menos a buen ritmo, pero cuando tomamos la carretera 74 la cosa empeoró, con continuas curvas y la ralentización de la marcha al atravesar pequeños pueblos. En mitad de un paraje sumamente agreste, con cimas nevadas y profundos barrancos, apareció Langadia, municipio que parecía estar sacado de una postal. A partir de aquí, fue una odisea avanzar por la ruta, retorcida a más no poder. Llegué a Olimpia cansado y un tanto mareado.


    langadia
    Langadia


    2/ Olimpia

    Estacionamos el coche en el pueblo de Olimpia, pues el acceso motorizado a las ruinas estaba prohibido. Habíamos empleado 3h, 45min en cubrir la ruta desde Atenas. Ahora entendía por qué Google Maps te guiaba por una ruta más larga pero más rápida, evitando las sinuosas carreteras del centro del Peloponeso.

    olimpia
    Zona arqueológica de Olimpia
    Las ruinas de Olimpia se encuentran a unos 500 metros del pueblo, en suave descenso hasta el margen del río Kladeos, donde se localizan las taquillas. Al inicio del recorrido, situado en un altozano sobre una enorme plaza redonda, vimos el museo de Historia.
    Recorrimos ese trecho a pie y en solitario, y eso que eran las doce del mediodía. Al adquirir la entrada en la taquilla (6€), supimos que también incluía las visitas a los museos de Historia y Arqueológico.
    El orden de las visitas debe ser:
    1/ Olimpia.
    2/ Museo Arqueológico.
    3/ Museo de Historia (que nosotos no vimos).

    Mi primer contacto con Olimpia fue en agosto de 2002, cuando realizaba un Interrail por Europa del este con mi colega Isidoro. Habían transcurrido diecisiete años y medio desde entonces y, prácticamente, no recordaba nada. Sé que pasé mucho calor y que me emocioné al ver el primer Estadio Olímpico de la historia.

    Esta vez, junto a mi hermana Raquel, la situación había dado un giro sorprendente. Era invierno, hacía fresco (no frío), apenas había turistas y las luces, debido al sol bajo, mostraban una Olimpia diferente, muy verde, húmeda y repleta de largas sombras que de alguna manera nos hacían ver que caminábamos por un lugar misterioso, olvidado, anclado en el pasado.


    Norte de Olimpia y Estadio

    El primer contacto con Olimpia nos lleva desde la entrada hasta el Estadio Olímpico y discurre por el norte del recinto. Por este orden, vimos el Gimnasio y las termas Kronion, del siglo II a.C. (junto a la entrada), el Pritaneión, la Palestra, el circular edificio del Filipeión (parecía un Tholos), el templo de Hera o Heraión (s. VII a.C.), el Ninfeo de Herodes, el Metroon y por último, el Estadio Olímpico (s. V a.C.), que conserva su forma y las gradas (de hierba) intactas pese al paso del tiempo.




    Sur de Olimpia y templo de Zeus

    Con el Estadio dimos por concluida la primera fase de la visita a Olimpia. Ahora solo nos restaba desplazarnos hacia el sur del recinto para ver más templos, casas y termas. Comenzamos por el Pórtico de Eco (s. IV a.C.), con su única columna en pie; proseguimos por las casas de Nerón y del Octógono, de época romana, situadas en la esquina meridional este, y luego nos acercamos al templo de Zeus (470 a.C), situado en el centro del complejo, para admirar sus colosales columnas (muchas en el suelo y solo una en pie). En su interior, siglos atrás, se hallaba la célebre estatua de Zeus sentado en su trono, realizada por Fidias en oro y marfil. Al este del templo vimos la base de Peonio, una curiosa columna con forma triangular levantada en el siglo V a.C.

    Queríamos recorrer todo el recinto, ver todos los templos que un día acogieron a atletas griegos y a nobles ciudadanos romanos. De hecho, los romanos levantaron termas, casas y otros edificios, enriqueciendo de esta manera el patrimonio cultural de Olimpia.

    En la parte meridional vimos el Pórtico Sur (s. IV a.C.) y los restos de unas termas Romanas. Al oeste del templo de Zeus nos impresionó mucho el taller de Fidias, uno de los edificios mejor conservados de Olimpia. Fue construido en el año 440 a.C. para que el famoso escultor realizara la escultura de Zeus en oro y marfil, de 12 metros de altura, una de las siete maravillas del Mundo Antiguo. A continuación rodeamos el Leonidio (330 a.C.), edificio de grandes dimensiones construido para alojar personalidades. Junto a él vimos las termas Romanas de Leonidio (s. III-VI d.C.), con suelos decorados con bonitos mosaicos. Y rodeando nuevamente la Palestra, encaramos la puerta de salida.




    Museo Arqueológico de Olimpia

    Unos doscientos metros separan, por una verde explanada, las taquillas del museo Arqueológico de Olimpia, uno de los más importantes de Grecia. En su interior vimos esculturas, vasijas, frisos, estatuas, bustos... pertenecientes a hallazgos realizados en Olimpia, además de varias maquetas del santuario.

    En una sala admiramos los mármoles del templo de Zeus, dos impresionantes frontones de más de 26 metros de longitud, decorados con esculturas realizadas en mármol. Y en otra vimos una colección de escultura clásica, entre la que destacaba la Niké de Peonio (420 a.C), una estatua colocada en su día delante del templo de Zeus, y el Hermes de Praxítedes (343 a.C.), donde el dios aparece con el niño Dioniso en brazos.

    Otras estatuas, como las metopas donde se representan los doce trabajos de Hércules, se encuentran en el museo del Louvre. Aquí pudimos ver algunas copias de ellas, pero no es lo mismo. Los franceses deberían devolverlas, y lo mismo deberían hacer los británicos con las piezas que exhiben en el British Museum. No es lo mismo visitar Olimpia y luego acercarte al museo Arqueológico para disfrutar de los hallazagos, como era el caso, que encontrártelos a miles de kilómetros, en otro país. Creo que esas esculturas están fuera de contexto, cuando las ves no las valoras como deberías.





    3/ Nauplio

    No tuvimos tiempo de ver el otro museo de Olimpia, el de Historia. Almorzamos en un restaurante de la calle principal de Olimpia pueblo, souvlakis y pitas, y partimos de inmediato hacia el norte del Peloponeso. Esta vez evitamos el centro de la península y circulamos por la costa hasta Kalo Nero, donde tomamos una ruta que nos condujo a la autopista A-7 y a Trípoli.

    Era tarde para ver Epidauro (cerraban a las 17h), así que nos propusimos visitar la ciudad costera de Nauplio, en el mar Egeo, una de las más bonitas de Grecia. Pero no contábamos con la tortuosa carretera que une Trípoli con la costa. Perdimos mucho tiempo en el descenso, si bien disfrutamos con el sorprendente paisaje que nos brindó un mirador ubicado en la cuneta, con Nauplio y el mar Egeo como brillante telón de fondo.


    miradornauplio
    Mirador: Nauplio y mar Egeo
    miradornauplio2
    Mirador: Nauplio y mar Egeo

    Llegamos a Nauplio pasadas las cinco, cuando ya empezaba a anochecer. Vimos el pueblo a unos cien metros de distancia, desde el aparcamiento donde tetuve el Hyundai. No teníamos tiempo de patear el centro histórico ni de auparnos hasta su Acrópolis, en lo alto de la colina, que alberga dos fortalezas venecianas. Potentes focos comenzaban a iluminar sus murallas. "Otra vez será", pensé, antes de arrancar el vehículo y poner rumbo a Atenas. Al igual que a la ida, cruzamos el canal de Corinto por la autopista, a toda leche, tratando de llegar cuanto antes a la capital griega para devolver el coche.


    nauplio
    Centro de Nauplio
    nauplio2
    Acrópolis de Nauplio


    4/ Atenas

    Nos reservamos la cena de nuestra última noche en Atenas para la mítica Plaka. Estábamos cansados y no queríamos alejarnos del hotel, como habíamos hecho las pasadas noches, desplazándonos hasta Monastiraki. La taberna Byzantino, en la calle Kidathineon, nos solucionó sobradamente la papeleta. El hecho de que todas las mesas estuvieran ocupadas, y que los comensales fueran guiris y locales a partes iguales, nos ayudó en la elección. Las raciones, como unos souvlakis o unas croquetas de puerros, resultaron deliciosas.


    nauplio
    La Plaka


    Cerrar Ruta 4


sintagma2 Atenas II
Plaza Sintagma y aeropuerto de Atenas
Sexto día

    El vuelo a Barcelona despegaba a las 12,30 horas y teníamos que estar en el aeropuerto ateniense un par de horas antes, lo que hacía prácticamente imposible realizar visitas de última hora.


    atenas2 sintagma2
    Plaza Sintagma


    Ruta

    • Trayectos:
      1/ Tren: de Sintagma al aeropuerto de Atenas.
      2/ Avión: de Atenas a Barcelona.
    • Lo mejor:
      - Llegamos al eropuerto con tiempo de sobras.
      - El vuelo duró tres horas, pero en realidad fueron dos porque tuvimos que retrasar una hora el reloj.
      - Ver Barcelona desde el avión, con día despejado. Fue maravilloso.
    • Lo peor:
      - Pasamos cinco controles antes de embarcar. Imagino que en alguna ocasión se les debió colar un polizón. No entendíamos este proceder.


    1/ Atenas

    Desayunamos pronto en el hotel Hermes, abonamos la estancia en recepción y partimos raudos, bajo una fina lluvia, hacia la cercana plaza Sintagma. En nuestra estancia en la capital, habíamos visto siempre esta plaza en día laborable, atiborrada de atenienses que iban y venían de la céntrica calle Ermou. Ese sábado, en cambio, apenas había transeúntes. Eché en falta el bullicio propio de Atenas cuando enfilé escaleras abajo por la boca del metro.


    sintagma3
    Plaza Sintagma

    Adquirimos los billetes al aeropuerto (10€ cada uno) y partimos en la línea 3 del suburbano. Nos apeamos al final de la línea, en Doukissis Plakentias, y sin cambiar de andén, aguardamos 10 minutos hasta que llegó el tren del aeropuerto. Finalmente, cubrimos todo el trayecto en 45 minutos. Lo que habíamos previsto.

    Lo que no habíamos previsto fue los cinco controles que tuvimos que pasar en los pasillos del aeropuerto para acceder al avión. Fueron excesivos. En todos ellos tuvimos que mostrar DNI y el código de embarque que llevábamos en el móvil. No quise imaginar qué habría pasado si me hubiera quedado sin batería. Por eso recomiendo que llevéis los códigos de embarque en dos móviles, o en su defecto, imprimidos en una hoja. Nunca se sabe qué puede pasar con el móvil.


    metro
    Parada Doukissis Plakentias
    metro2
    Parada Doukissis Plakentias


    2/ Barcelona

    El vuelo a Barcelona duró tres horas justas, dos si tenemos en cuenta que tuvimos que retrasar una hora el reloj. Al aproximarnos al aeropuerto de El Prat, el avión voló frente al litoral catalán, ofreciéndonos una fantástica panorámica de la Ciudad Condal, con el puerto y las playas en primer término.


    barcelona
    Barcelona
    barcelona2
    Barcelona


    Cerrar Atenas II










© www.josecanovas.com