José Cánovas
Viajero







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Pirineos


La cordillera pirenaica se extiende a lo largo de 415 kilómetros, desde el Atlántico (Golfo de Vizcaya) hasta el Mediterráneo (cabo de Creus) y conforma la frontera natural entre España y Francia, con Andorra de por medio. En su parte central tiene un amplitud máxima de 150 kilómetros y alberga los picos más altos, destacando de mayor a menor las cimas del Aneto (techo de los Pirineos, con 3.404 metros de altitud; el Posets (3.371 metros) y el Monte Perdido (3.355 metros), todos en territorio español.

En la vertiente española, los Pirineos abarcan tres autonomías: Navarra, Aragón y Cataluña; y por el lado francés tenemos las regiones de Pirineos Atlánticos, Midi Pirynées y Pirineos Orientales. Yo tengo la suerte de haber recorrido una buena parte de la cordillera, parques naturales y nacionales incluidos, si bien aún me quedan algunos valles por descubrir, sobre todo en el lado francés.



Lo último


Pirineo central y oriental










Pirineo Navarro








Pirineo francés














Book fotográfico:

Ochagavía. Pirineo navarro Ordesa. Pirineo aragonés Benasque. Pirineo aragonés Val d'Aran. Pirineo catalán Puigcerdà. Pirineo catalán Andorra la Vella. Andorra Gavarnié. Pirineo francés





Senderos

De entre todos los senderos que surcan los Pirineos cabe destacar el GR-11, una Gran Ruta que cruza todo el Pirineo español de Oeste a Este adentrándose unos tramos en Andorra. Parte del cabo Higuer, en el Mar Cantábrico, y llega hasta el Cabo de Creus en el Mar Mediterráneo. La Senda Pirenaica, como también se la conoce, es un recorrido de montaña que requiere una mínima experiencia en este tipo de terreno, o la compañía de una persona experta. Por la cara norte de los Pirineos, desde Hendaya hasta Banyuls, discurre la GR-10 francesa, otra Gran Ruta que serpentea por entre los valles más fascinantes del país vecino.


Gr-11
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Sin embargo, también son muchas las excursiones fáciles que, aprovechando la señalización del GR-11, recorren los valles sin dificultad ni peligro. En mi caso, he seguido esta senda a pie por varios valles aragoneses: Bujaruelo, Ordesa, Pineta, Estós y Ballibierna, y catalanes: Parque Nacional de Aigüestortes y Vall de Nuria, descubriendo vertiginosos paisajes al amparo de las cimas más altas de los Pirineos.


Estós
GR-11 en el valle de Estós




Refugio militar de Cerler

A mediados de 1990 inicié el servicio militar en el desaparecido cuartel General Ricardos de Barbastro, en Huesca. El destino quiso que formara parte de la Plana Mayor, integrado en el equipo de Transmisiones, o lo que es lo mismo, encargado de dar nuevas a los altos mandos por medio de una vieja radio que pesaba una tonelada y que casi siempre debía llevar a la espalda (a veces se quedaba en el interior de los vehículos).

Durante un largo año realicé diferentes maniobras militares por las provincias de Zaragoza (campo de San Gregorio) y Huesca, siendo esta última la que acogió más ejercicios. Los recónditos y poco conocidos valles pirenaicos de Jasa y Aísa, en las proximidades de Jaca; o el valle de Bielsa, fueron algunos de los rincones donde planté la tienda de campaña. Sin embargo, hubo un lugar especial que me retuvo y me cautivó durante todo un mes, de noviembre a diciembre: el refugio militar de Cerler, sito en el maravilloso valle de Benasque.

El refugio, emplazado en una ladera por encima del pueblo de Cerler, junto a la carretera que asciende al Ampriu, acoge durante el periodo invernal a compañías militares españolas y extranjeras dispuestas a realizar maniobras en la nieve, si bien mi cometido sólo consistió en estar al tanto de la barrera junto a mis dos acompañantes, un San Bernardo y un husky siberiano.


Refugio Cerler Refugio Cerler

Desde el año 1992 una leyenda está asociada a este singular edificio. Ese año un comando de militares con base en el refugio salió a hacer unas maniobras de esquí en la nieve. Un alud los sorprendió y acabó con la vida de nueve de los integrantes del grupo. Desde entonces, algunos militares dicen haber oído ruidos y golpes en el piso superior, fruto quizá de algún fantasma.


Refugio Cerler









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