José Cánovas
Viajero

Mis Interrailes



Cuarto Interrail
(Transilvania)

Mi cuarto Interrail, un pase global de casi un mes de duración, tuvo lugar en 2002, en compañía de mis colegas Isidoro y Miguel. Gran parte del viaje estuvo pasado por agua, fuertes aguaceros nos sorprendieron en Venecia, Villach (Austria), Zágreb (Croacia), Podgorica (Montenegro), Atenas, Verona (Italia) y Luxemburgo; pero el dato más importante de esta aventura, es que la iniciamos tres viajeros y al final la acabé yo solo.


Cuarto Interrail


Ruta
  • Transportes: Trenes de segunda clase, autobuses y barcos.
  • Alojamientos: Youth hostels, hostales, pequeños hoteles y casas privadas en Croacia.
  • Lo mejor:
    - El viaje se realizó de forma totalmente improvisada.
    - La gente tan maravillosa que conocí por el camino.
    - El castillo de Drácula, en Bran (Rumanía).
    - Las playas de Santorini y las ruinas de Pompeya.
  • Lo peor:
    - Fuertes tormentas durante todo el viaje.
    - Noche aciaga en el interior de algunos trenes.

Etapa 1: De Italia a Croacia

El interrail comienza en Barcelona, como de costumbre, en el interior de un tren que se dirige a Portbou y, posteriormente, a Milán. Tras visitar la capital lombarda, continuamos hacia la hermosa Venecia, que nunca deja de maravillarme. Hicimos noche a las afueras de Venecia, en el municipio de Mira.

Partimos de Venecia al caer la noche, inmersos en la primera tormenta del viaje. Sorteamos los Alpes hasta la ciudad austriaca de Villach, donde realizamos transbordo para proseguir hacia Liubliana, la capital de Eslovenia. Por la tarde, un nuevo tren que sigue el cauce del río Sava, nos trasladó hasta Zágreb, la capital de Croacia. Aquí hicimos parada y fonda.




Etapa 2: Dalmacia (Croacia), Montenegro y Serbia

La costa de Dalmacia, región croata que se asoma al mar Adriático, más Montenegro y Serbia, constituyen la segunda etapa del viaje. El primer día visitamos Split, la villa que el emperador romano Diocleciano eligiera para levantar su palacete de retiro. Esa tarde, a bordo de un rápido catamarán, alcanzamos Korcula (pronúnciese 'córchula'), isla rodeada de aguas cristalinas que viera nacer al viajero Marco Polo. Nos alojamos en una casa particular.

Al día siguiente, a bordo de dos ferrys, alcanzamos tierra firme en Ploce, donde un autobús nos condujo hasta Dubrovnik, la ciudad más hermosa de Croacia. Nos alojamos en una casa particular y luego visitamos la ciudad amurallada hasta el viejo puerto.

El séptimo día de viaje transcurrió por Montenegro, que junto a Serbia, conformaban los últimos países de Yugoslavia. Un par de autobuses, con tramo de ferry incluido, nos llevaron hasta Podgorica, la capital montenegrina. No había mucho que ver en el bombardeado casco histórico. Vimos la torre Sahat Kula, el río Ribnica y zonas devastadas por el episodio bélico. Por la noche tomamos un tren y partimos hacia la vecina Serbia.

El octavo día transcurrió en Belgrado, la capital serbia. En el casco histórico vimos algunos edificios bombardeados por la ONU durante el episodio bélico, además del Parlamento. Nos aupamos también hasta el castillo, para ver el gran río Danubio. Por la noche partimos hacia Rumania en un cochambroso tren.




Etapa 3: Transilvania (Rumanía) y Bulgaria

Bucarest, la capital de Rumanía, no despertó gran interés entre los tres viajeros. Un destartalado centro urbano, casas ruinosas, calles sin encanto, se confabularon para que esa misma tarde partiéramos en tren hacia Transilvania, en busca del mito de Vlad Tepes, más conocido como Drácula. Esa noche nos alojamos en Brasov, en una casa particular.

Al día siguiente, décima jornada, partimos hacia Bran, pueblo que aloja el castillo del empalador Vlad Tepes. Visitado el castillo de Drácula, regresamos a Brasov, a tiempo de patear su coqueto casco antiguo. Por la tarde partimos en un nuevo tren hacia Bucarest y al caer la noche nos dirigimos hacia Sofía, la capital de Bulgaria.

La undécima jornada la empleamos en visitar Sofía. Recorrimos el casco antiguo y sus numerosos parques, prestando atención a la catedral, a la fuente termal Banya Basi y al Parlamento. Por la noche tomamos un tren y partimos hacia Salónica, capital de la Macedonia griega.




Etapa 4: Grecia (Meteora, Atenas, Santorini y Olimpia)

El Interrail prosigue por Grecia, país que recorremos de norte a sur para admirar su legado arquitectónico y disfrutar de hermosas playas en donde relajarnos. Los dos primeros días en territorio griego los empleamos en visitar algunos monasterios de Meteora, encaramados sobre altos riscos de difícil acceso. Nos alojamos en Kastraki y la última tarde partimos hacia el puerto del Pireo.

Un ferry de gran calado nos condujo por aguas del mar Egeo hasta Santorini, isla famosa por sus pueblos encalados de un resplandeciente color blanco. Nos instalamos a las afueras de Thira, la capital, y moviéndonos en autobuses, nos dejamos ver por idílicas playas, como la roja de Akrotiri. En la capital, que se asoma al cráter del extinto volcán, disfrutamos de un magnífico atardecer junto a la cuesta de los burros. La segunda noche, a bordo de un ferry, regresamos al puerto del Pireo.

Se cumplen dieciséis días desde que salimos de Barcelona. Estamos Atenas, ciudad que ya visitamos en el Interrail que culminamos en Estambul. No nos dejamos nada en el tintero en la milenaria Atenas: Acrópolis, teatro de Dionisos, templo de Zeus, Estadio de Atenas, Ágora griega, barrio de la Plaka...; y todo regado por un tremendo aguacero fruto de una inesperada tormenta. Esa noche partimos hacia el Peloponeso en el ferrocarril de vía estrecha.

El último día completo en territorio griego lo dedicamos a Olimpia, la urbe que viera nacer los primeros Juegos Olímpicos de la historia. Llegamos a ella vía Pirgos, en autobús. Contemplamos el estadio y las ruinas de algunos templos y por la tarde partimos en tren desde Pirgos hasta Patras, pues esa noche teníamos previsto zarpar hacia el puerto italiano de Brindisi.




Etapa 5: Italia, de sur a norte

La quinta etapa transcurre por Italia, país que recorremos de sur a norte. Iniciamos nuestro periplo (día 19) en Pompeya, visitando las ruinas de la ciudad que en el año 79 d.C. fuera sepultada por el volcán Vesubio. No os perdáis la villa de los Misterios, a las afueras del recinto. Esa tarde tomamos un tren a Nápoles y tres horas después, en un convoy de largo recorrido, alcanzamos la eterna Roma.

Sus siete colinas, el Coliseo, el Palatino, los Foros Imperiales..., junto a la Roma barroca de la plaza Navona, la Fontana de Trevi o la plaza de España, marcó el devenir de una apacible jornada en la capital italiana. Esta vez sí que pude entrar en el Vaticano, incluso me aupé hasta uno de sus balcones para disfrutar de una fenomenal vista aérea de toda Roma. Pasamos dos noches en un youth hostel y la última mañana partimos hacia Florencia con la intención de descubrir la Toscana.

Encontramos alojamiento a las afueras de Florencia, en el youth hostel Villa Camerata (dos noches). A partir de mediodía recorrimos el casco histórico de la capital mundial del Renacimiento, desde la plaza del Duomo hasta el puente Viejo pasando por la plaza de la Señoría.

Los dos siguientes días los disfrutamos viajando en tren por la Toscana. El primero, tras recorrer de buena mañana las salas de la Galería Uffizi, uno de los museos más importantes de Italia, nos desplazamos hasta Siena, la ciudad más encantadora de la región, famosa por su ovalada plaza del Campo, por sus calles medievales y por su catedral. El segundo día visitamos Pisa y su recinto milagroso, compuesto por la Torre, el Duomo y el Baptisterio. Esa misma tarde, viajando ya en solitario, me desplacé en tren hasta Verona vía Porretta, por entre un bello paisaje montañoso. Me alojé en un albergue juvenil.

Se cumplían 24 días de viaje. Me hallaba en Verona, la ciudad más romántica de Italia, con su Casa de Julieta recibiendo a sonrientes enamoradizos. Su casco histórico, plagado de grandes obras arquitectónicas, también esconde un pasado romano: Anfiteatro 'Arena', arcos, calzadas, puentes... Esa noche, bajo una atronadora tormenta, enfilé hacia el norte de Europa atravesando el corazón de los Alpes. Luxemburgo me reclamaba.




Etapa 6: Luxemburgo, Ámsterdam y París

El epílogo de este viaje lo dedico, para mi gozo y disfrute, a pisar un nuevo país: Luxemburgo, y a impregnarme de la magia que desprenden dos ciudades que siempre me han causado buenas sensaciones: Ámsterdam y París. Luxemburgo me recibe con lluvia y con fresco pese a hallarnos a mitad de agosto. Su casco antiguo, organizdo en torno al río Petrusse, aloja bonitas plazas y calles peatonales, y en torno a él se alza el castillo Bock, que forma parte de las fortificaciones españolas.

Partí de Luxemburgo tras el almuerzo y, vía Bruselas, alcancé Ámsterdam. Encontré alojamiento en un youth hostel del centro y esa misma noche me dispuse a patear la ciudad. Al día siguiente recorrí aquellos lugares más significativos de Ámsterdam: plaza Dam, canales, Torre de la Moneda, barrio Rojo, mercado Nuevo... A última hora del día partí en un tren nocturno hacia París.

Me presenté de buena mañana en la parisina estación del Norte. Me propuse recorrer París sin montar en transporte público, alcanzando la estación Austerlitz a última hora del día. Fueron muchos kilómetros a pie, pero valió la pena. Comencé visitando Notre Dame y el museo del Louvre, uno de los más importantes del mundo. Tras el almuerzo enfilé por la avenida de los Campos Elíseos hasta el arco de Triunfo y desde allí me dirigí a la Torre Eiffel. Una nueva pateada me condujo hasta el cementerio de Montparnasse, cuyas puertas ya habían echado el cierre. Proseguí por el barrio Latino y cuando llegó la hora partí hacia Barcelona en mi último tren nocturno. Llegué a casa tras 28 días de viaje.











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Tercer Interrail
(Escandinavia y Escocia)

Mi tercer Interrail, un pase global de un mes de duración, tuo lugar en 1995, año en que Miguel Indurain ganó su quinto Tour de Francia. Dos objetivos nos habíamos propuesto Isidoro, mi fiel compañero de viajes, y yo: navegar por los fiordos noruegos y contemplar el lago Ness, en Escocia; y a bien que lo conseguimos.


Tercer Interrail


Ruta
  • Transportes: Trenes de segunda clase, TGV, autobuses y barcos.
  • Alojamiento: Youth hostels.
  • Lo mejor:
    - Excursión por los fiordos noruegos.
    - Los viajeros que conocí.
    - Trayectos en barco Estocolmo-Helsinki y Turku-Estocolmo.
    - Ver ganar a Miguel Indurain su quinto Tour de Francia en París.
    - Bañarme en el lago Ness y regresar para contarlo.
  • Lo peor:
    - Dos trayectos en tren: Bratislava-Varsovia y Varsovia-Viena; para olvidar.
    - El alojamiento en Londres. Tuvimos que dormir en el aeropuerto.
    - Los horarios de los trenes británicos nos impidió viajer por la noche.

Etapa 1: Mar Báltico y los mil lagos

La primera parte de este fantástico Interrail transcurre por Francia y Alemania. Primeramente nos detenemos en París para visitar Notre Dame y luego marchamos al palacio de Versalles. De regreso a París somos testigos del final del Tour de Francia, con final feliz para Miguel Indurain. Hamburgo es la siguiente ciudad en la ruta, que nos sorprende por su exquisita arquitectura.

Hamburgo es nuestra puerta de entrada a Escandinavia. Pasamos un día en Estocolmo, emplazada entre el lago Malar y el mar Báltico, y a continuación embarcamos hacia Helsinki. El barco, que surca el mar Báltico entre centenares de islas, es un paraíso del juego y las compras. En Finlandia descubrimos algunos de los parajes más agrestes de Europa, como la región de los mil lagos, y de vuelta a Suecia en otro casino flotante, visitamos Uppsala, ciudad estudiantil que posee edificios de gran valor arquitectónico.




Etapa 2: Los grandes fiordos

Esta etapa transcurre por dos países escandinavos: Noruega y Dinamarca. Noruega ya la conocía de mi anterior visita al Círculo Polar Ártico. En esta ocasión quise descubrir la sorprendente región de los grandes fiordos, capitaneados por el todopoderoso Sognefjord, el más largo y profundo de Europa.

Tras las visitas obligadas a Bergen, la capital de los fiordos, y Oslo, la capital del país, abandonamos la península escandinava para visitar Copenhague, la capital de Dinamarca, famosa por acoger la Sirenita y un coqueto casco antiguo.




Etapa 3: Centro de Europa

Tras completar la travesía por el mar Báltico entre Dinamarca y Alemania, visitamos tres ciudades del antiguo bloque comunista: Berlín, con el añadido de Potsdam y el campo nazi de Sachsenhausen; Bratislava, capital de Eslovaquia, emplazada junto al Danubio, y Varsovia, la renovada capital de Polonia.

A continuación penetramos en Austria, vía Viena, para descubrir dos ciudades de gran importancia: Salzburgo, la ciudad natal de Mozart, situada junto al río Salzach, e Innsbrück, la brillante capital del Tirol.




Etapa 4: Londres y Escocia

La última parte del viaje, después de haber visitado Bruselas, la capital europea, nos lleva hasta Gran Bretaña. Dedicamos tres días alternos a descubrir Londres (cosas de los hoteles), visitando los lugares más importantes, museo Británico incluido.

La etapa escocesa, última del viaje, nos obsequia con algunos de los paisajes más fascinantes de Gran Bretaña: las Highlands. Inverness, capital de las Tierras Altas, es el punto de partida de una trepidante excursión a pie hasta el enigmátio lago Ness. El tren, como no podía ser de otra manera, nos acerca a Edimburgo, la capital escocesa, y a Glasgow, la segunda ciudad del país, plagada de monstruos nocturnos...











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Segundo Interrail
(Objetivo Estambul)

Mi segundo Interrail, de poco más de quince días de duración, también lo realicé junto a mi amigo Isidoro. Esta vez nos propusimos alcanzar Estambul en tren a través de Italia y Grecia, y para llevarlo a cabo elegimos un pase de dos zonas que comprendía la zona de Francia, Luxemburgo, Países Bajos y Bélgica, más la zona que más nos importaba a nosotros: Italia, Grecia, Turquía y el tramo marítimo entre Italia y Grecia. Como ya he mencionado anteriormente, los pormenores de este viaje aparecen en mi segundo libro: "Raíles 2: Estambul y Marrakech".


Segundo Interrail


Ruta
  • Transportes: Trenes de segunda clase, barcos, bicicleta y coche.
  • Alojamientos: Youth hostel (Corfú), pensión (Foggia) y hoteles.
  • Lo mejor:
    - Travesía en barco entre Italia y Grecia (i/v).
    - Las nuevas amistades que surgieron por el camino.
    - Las playas de Corfú (alucinantes).
    - Llegar a Estambul en tren vía Atenas.
  • Lo peor:
    - Me quemé la espalda en Corfú, cosas del astro Sol y de la bicicleta.
    - La frontera greco-turca y los taxistas de Estambul.
    - Los mosquitos en el youth hostel de Corfú (fue una noche horrible).

Mi segundo Interrail, "Mares del Mediterráneo", es un viaje de dos semanas, entre Barcelona y Estambul, que realicé en trenes y barcos. Recorrí toda la orilla norte del Mediterráneo, desde el golfo de León hasta el mar de Mármara y el Bósforo, muy cerca del mar Negro. Contemplé los mares de Liguria, Tirreno, Adriático, Jónico y Egeo. Atravesé cinco países: Francia, Mónaco, Italia, Grecia y Turquía, y también divisé la costa albanesa desde la isla griega de Corfú.


Etapa italiana

La primera etapa nos lleva desde Barcelona hata Italia por el sur de Francia. Nos detenemos en la costa tirrena para visitar dos ciudades de diferente condición: la renacentista Pisa, con su famosa torre Inclinada, y Nápoles, capital de la Campania, la ciudad que inventó la pizza. En la costa adriática, tras hacer noche en Foggia, nos desplazamos hasta Brindisi, puerto desde donde embarcamos a Grecia.

De regreso a Barcelona, en la última etapa del Interrail, hicimos un alto para descubrir Florencia, ciudad repleta de magníficas obras arquitectónicas que inspiró a grandes maestros de la historia, caso de Miguel Angel y Leonardo Da Vinci.




Etapa griega

La segunda etapa del Interrail transcurre por territorio griego y tiene su inicio en la isla jónica de Corfú, todo un paraíso de playa y sol, adonde llegamos tras una noche de navegación por los mares Adriático y Jónico. Posteriormente, ya en la península del Peloponeso, un tren nos conducirá hasta Atenas, donde nos aguarda la Acrópolis, El Pireo y Melina, una chica argentina que...

El viaje prosigue en tren por la península griega. Alcanzamos Salónica, la capital de la Macedonia griega, que nos sorprende por su rico legado romano. Esta ciudad es la puerta que nos permite penetrar en territorio turco a través de la bella región de Tracia, con sorpresa incluida en la frontera.




Etapa turca

Estambul, la ciudad que vive a caballo entre dos continentes, conforma la siguiente etapa del viaje. Dos días en compañía de un grupo de españoles dan para mucho: conocer la mayoría de sus monumentos, cruzar el Bósforo hasta Asia, cenar a la turca y también vivir alguna que otra experiencia desafortunada.

El regreso a casa nos conduce nuevamente a Salónica, Atenas y el Peloponeso, donde nos aguarda el barco que ha de llevarnos otra vez a Italia por los mares Jónico y Adriático. No obstante, por el camino realizamos una última visita a Florencia, la ciudad del arte y el Renacimiento.











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Primer Interrail
(Círculo Polar Ártico)

El primer Interrail, un pase global de un mes de duración por todos los países miembros, lo realicé en 1991 junto a mis amigos Isidoro y Fernando, poco después de la caída del Muro de Berlín y la desmantelación de los antiguos regímenes comunistas en los países del Este. El principal objetivo, tal y como relato en mi libro "Raíles 1: Tulipanes y Vikingas", consistió en alcanzar en tren el Círculo Polar Ártico para contemplar el sol de medianoche, con luz constante las 24 horas del día. La magia de Escandinavia y de sus aguerridas vikingas marcó el inicio de nuestra posterior aventura por el centro de Europa, con Suiza como nexo de unión.


Primer Interrail


Ruta
  • Transportes: Trenes de segunda clase, cercanías, TGV y ferries.
  • Alojamientos: Youth hostels y apartamento en Praga.
  • Lo mejor:
    - Nuestro periplo por Noruega: sol de medianoche, chicas vikingas...
    - Arrancar un pedazo de piedra del muro de Berlín.
    - Las playas de la Costa Azul.
    - Los lagos, paisajes y ciudades suizas; sencillamente espectaculares.
  • Lo peor:
    - Las noches de tren por los países del Este.
    - Cambiar de divisa cada vez que cambiabas de país.

Etapa 1: Círculo Polar Ártico

La primera parte del Interrail transcurre por el oeste de Europa, visitando París y Ámsterdam, dos viejas conocidas para mí tras mi reciente viaje de fin de curso a Holanda.

A continuación penetramos en Escandinavia. Pasamos un día en Copenhague, otro en Oslo y luego marchamos hacia el norte de Noruega, hasta Bodo, más allá del Círculo Polar Ártico, en busca del sol de medianoche. Antes de partir hacia Estocolmo nos detenemos en Trondheim, la antigua capital noruega.




Etapa 2: Del Báltico al Adriático

Una nueva travesía por el Báltico y henos de nuevo en Alemania. Dos días en Berlín marca el inicio de nuestro periplo por los países del Este, cuyo régimen comunista acaba de pasar a mejor vida. Praga, en Checoslovaquia, y Budapest, la encantadora capital de Hungría, con precios muy bajos y controles policíales desproporcionados, condicionan esta parte del viaje.

El centro de Europa nos ocupa la siguiente etapa del Interrail. Ciudades como Colonia, con su magnífica catedral; Múnich, que recorremos en bicicleta; Venecia, con sus canales y sus cientos de turistas; o la hermosa Viena del Danubio Azul, nos permiten comprobar in situ cuán magnánimo es el billete Interrail.




Etapa 3: Suiza va, Suiza viene

La última parte del viaje la dedicamos casi por completo a visitar hermosas ciudades de la sorprendente y montañosa Suiza: Lausana y su lago; Zúrich, el motor financiero del país; Ginebra y Lausana, a orillas del lago Lemán, y Berna, la brillante capital suiza.

Suiza constituye el nexo de unión para descubrir encantadoras ciudades europeas, como la alemana Colonia, con su catedral gótica; la elitista Costa Azul francesa, capitaneada por Cannes, Niza y Mónaco, y la eterna Roma, ciudad milenaria cuajada de fascinantes templos milenarios y curiosos monumentos.










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