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El Peloponeso. Curva va, curva viene   Enero 2020
ETAPA 5: Langadia I Olimpia I Nauplio

El Peloponeso es grande, muy grande. Alberga interesantes sitios arqueológicos: Epidauro, Micenas, Acrocorinto, Esparta...; y también Olimpia, ruinas declaradas Patrimonio de la Unesco, que yo ya conocía de una anterior visita a Grecia, y que en este viaje me comprometí con mi hermana para verlas de nuevo.


peloponeso olimpia
Estadio de Olimpia


Consejos e información útil

  • Trayectos:
    1/ De Atenas a Olimpia.
    2/ De Olimpia a Nauplio.
    3/ De Nauplio a Atenas.
  • Alojamiento: Hotel Hermes (Calle Apollonos de la Plaka).
  • Almuerzo: Restaurante sito en la calle principal de Olimpia. Un par de souvlakis y una pita, más bebida, por menos de 10€.
  • Lo mejor:
    - Caminar por las ruinas de Olimpia sin apenas turistas, y a la fresca.
    - El museo arqueológico.
  • Lo peor:
    - Distancias kilométricas. No pude ver otros sitios arqueológicos del Peloponeso.
    - La carretera de Langadia. Fue una tortura transitar por ella. A la vuelta dimos un rodeo para enlazar antes con la autopista.
coche
Hyundai i30




Acrocorinto y Langadia

Lo vi en Google Maps la noche anterior: 3h, 40min para llegar a Olimpia por autopista y bordeando la costa sur del Peloponeso. El interior de la península no aparecía ni como ruta alternativa, pero no presté atención a este detalle. Salimos pronto de Atenas, pues la ruta era larga. Tomamos la autopista 8, pasamos por el canal de Corinto sin detenernos (el caso es que no barajé esta posibilidad), y entramos en el Peloponeso haciendo fu como el gato.

Más adelante dejamos la A-8 (iba en dirección a Patras) y proseguimos hacia Trípoli por la A-7. En breve, a nuestra derecha apareció el alto roquedo sobre el que se asienta Acrocorinto, la fortificación natural más resistente de la Antigua Grecia. Desde la autopista contemplamos la muralla que rodea el perímetro, que es en su mayoría medieval turca construida sobre edificios más antiguos.


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Autopista A-8
acrocorinto
Acrocorinto

Dejamos la autopista unos 20 km. antes de llegar a Trípoli, cuando leímos el primer cartel que anunciaba Olimpia. Y no hicimos bien. Al principio, por la carretera 111, avanzamos más o menos a buen ritmo, pero cuando tomamos la carretera 74 la cosa empeoró, con continuas curvas y la ralentización de la marcha al atravesar pequeños pueblos. En mitad de un paraje sumamente agreste, con cimas nevadas y profundos barrancos, apareció Langadia, municipio que parecía estar sacado de una postal. A partir de aquí, fue una odisea avanzar por la ruta, retorcida a más no poder. Llegué a Olimpia cansado y un tanto mareado.


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Langadia



Olimpia

Estacionamos el coche en el pueblo de Olimpia, pues el acceso motorizado a las ruinas estaba prohibido. Habíamos empleado 3h, 45min en cubrir la ruta desde Atenas. Ahora entendía por qué Google Maps te guiaba por una ruta más larga pero más rápida, evitando las sinuosas carreteras del centro del Peloponeso.

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Zona arqueológica de Olimpia
Las ruinas de Olimpia se encuentran a unos 500 metros del pueblo, en suave descenso hasta el margen del río Kladeos, donde se localizan las taquillas. Al inicio del recorrido, situado en un altozano sobre una enorme plaza redonda, vimos el museo de Historia.
Recorrimos ese trecho a pie y en solitario, y eso que eran las doce del mediodía. Al adquirir la entrada en la taquilla (6€), supimos que también incluía las visitas a los museos de Historia y Arqueológico.

El orden de las visitas debe ser:
1/ Olimpia.
2/ Museo Arqueológico.
3/ Museo de Historia (que nosotos no vimos).

Mi primer contacto con Olimpia fue en agosto de 2002, cuando realizaba un Interrail por Europa del este con mi colega Isidoro. Habían transcurrido diecisiete años y medio desde entonces y, prácticamente, no recordaba nada. Sé que pasé mucho calor y que me emocioné al ver el primer Estadio Olímpico de la historia.

Esta vez, junto a mi hermana Raquel, la situación había dado un giro sorprendente. Era invierno, hacía fresco (no frío), apenas había turistas y las luces, debido al sol bajo, mostraban una Olimpia diferente, muy verde, húmeda y repleta de largas sombras que de alguna manera nos hacían ver que caminábamos por un lugar misterioso, olvidado, anclado en el pasado.


1. Norte de Olimpia y Estadio

El primer contacto con Olimpia nos lleva desde la entrada hasta el Estadio Olímpico y discurre por el norte del recinto. Por este orden, vimos el Gimnasio y las termas Kronion, del siglo II a.C. (junto a la entrada), el Pritaneión, la Palestra, el circular edificio del Filipeión (parecía un Tholos), el templo de Hera o Heraión (s. VII a.C.), el Ninfeo de Herodes, el Metroon y por último, el Estadio Olímpico (s. V a.C.), que conserva su forma y las gradas (de hierba) intactas pese al paso del tiempo.





2. Sur de Olimpia y templo de Zeus

Con el Estadio dimos por concluida la primera fase de la visita a Olimpia. Ahora solo nos restaba desplazarnos hacia el sur del recinto para ver más templos, casas y termas. Comenzamos por el Pórtico de Eco (s. IV a.C.), con su única columna en pie; proseguimos por las casas de Nerón y del Octógono, de época romana, situadas en la esquina meridional este, y luego nos acercamos al templo de Zeus (470 a.C), situado en el centro del complejo, para admirar sus colosales columnas (muchas en el suelo y solo una en pie). En su interior, siglos atrás, se hallaba la célebre estatua de Zeus sentado en su trono, realizada por Fidias en oro y marfil. Al este del templo vimos la base de Peonio, una curiosa columna con forma triangular levantada en el siglo V a.C.

Queríamos recorrer todo el recinto, ver todos los templos que un día acogieron a atletas griegos y a nobles ciudadanos romanos. De hecho, los romanos levantaron termas, casas y otros edificios, enriqueciendo de esta manera el patrimonio cultural de Olimpia.

En la parte meridional vimos el Pórtico Sur (s. IV a.C.) y los restos de unas termas Romanas. Al oeste del templo de Zeus nos impresionó mucho el taller de Fidias, uno de los edificios mejor conservados de Olimpia. Fue construido en el año 440 a.C. para que el famoso escultor realizara la escultura de Zeus en oro y marfil, de 12 metros de altura, una de las siete maravillas del Mundo Antiguo. A continuación rodeamos el Leonidio (330 a.C.), edificio de grandes dimensiones construido para alojar personalidades. Junto a él vimos las termas Romanas de Leonidio (s. III-VI d.C.), con suelos decorados con bonitos mosaicos. Y rodeando nuevamente la Palestra, encaramos la puerta de salida.





3. Museo Arqueológico de Olimpia

Unos doscientos metros separan, por una verde explanada, las taquillas del museo Arqueológico de Olimpia, uno de los más importantes de Grecia. En su interior vimos esculturas, vasijas, frisos, estatuas, bustos... pertenecientes a hallazgos realizados en Olimpia, además de varias maquetas del santuario.

En una sala admiramos los mármoles del templo de Zeus, dos impresionantes frontones de más de 26 metros de longitud, decorados con esculturas realizadas en mármol. Y en otra vimos una colección de escultura clásica, entre la que destacaba la Niké de Peonio (420 a.C), una estatua colocada en su día delante del templo de Zeus, y el Hermes de Praxítedes (343 a.C.), donde el dios aparece con el niño Dioniso en brazos.

Otras estatuas, como las metopas donde se representan los doce trabajos de Hércules, se encuentran en el museo del Louvre. Aquí pudimos ver algunas copias de ellas, pero no es lo mismo. Los franceses deberían devolverlas, y lo mismo deberían hacer los británicos con las piezas que exhiben en el British Museum. No es lo mismo visitar Olimpia y luego acercarte al museo Arqueológico para disfrutar de los hallazagos, como era el caso, que encontrártelos a miles de kilómetros, en otro país. Creo que esas esculturas están fuera de contexto, cuando las ves no las valoras como deberías.





Nauplio

No tuvimos tiempo de ver el otro museo de Olimpia, el de Historia. Almorzamos en un restaurante de la calle principal de Olimpia pueblo, souvlakis y pitas, y partimos de inmediato hacia el norte del Peloponeso. Esta vez evitamos el centro de la península y circulamos por la costa hasta Kalo Nero, donde tomamos una ruta que nos condujo a la autopista A-7 y a Trípoli.

Era tarde para ver Epidauro (cerraban a las 17h), así que nos propusimos visitar la ciudad costera de Nauplio, en el mar Egeo, una de las más bonitas de Grecia. Pero no contábamos con la tortuosa carretera que une Trípoli con la costa. Perdimos mucho tiempo en el descenso, si bien disfrutamos con el sorprendente paisaje que nos brindó un mirador ubicado en la cuneta, con Nauplio y el mar Egeo como brillante telón de fondo.


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Mirador: Nauplio y mar Egeo
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Mirador: Nauplio y mar Egeo

Llegamos a Nauplio pasadas las cinco, cuando ya empezaba a anochecer. Vimos el pueblo a unos cien metros de distancia, desde el aparcamiento donde tetuve el Hyundai. No teníamos tiempo de patear el centro histórico ni de auparnos hasta su Acrópolis, en lo alto de la colina, que alberga dos fortalezas venecianas. Potentes focos comenzaban a iluminar sus murallas. "Otra vez será", pensé, antes de arrancar el vehículo y poner rumbo a Atenas. Al igual que a la ida, cruzamos el canal de Corinto por la autopista, a toda leche, tratando de llegar cuanto antes a la capital griega para devolver el coche.


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Centro de Nauplio
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Acrópolis de Nauplio


Atenas

Nos reservamos la cena de nuestra última noche en Atenas para la mítica Plaka. Estábamos cansados y no queríamos alejarnos del hotel, como habíamos hecho las pasadas noches, desplazándonos hasta Monastiraki. La taberna Byzantino, en la calle Kidathineon, nos solucionó sobradamente la papeleta. El hecho de que todas las mesas estuvieran ocupadas, y que los comensales fueran guiris y locales a partes iguales, nos ayudó en la elección. Las raciones, como unos souvlakis o unas croquetas de puerros, resultaron deliciosas.


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La Plaka


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