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Mis libros sobre Interrail
Diccionario etimológico y toponímico
Montenegro, el último de Yugoslavia   4º Interrail   Agosto 2002
ETAPA 8: Frontera con Croacia I Herzeg Novi I Bocas de Kotor I Podgorica
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Montenegro, o Crna Gora, es uno de los países más jóvenes de Europa. En 2002, cuando yo lo visité, todavía formaba parte de Yugoslavia junto a Serbia. Lo recorrí en autobús, ferry y tren, desde la frontera con Croacia hasta la frontera con Serbia. En Podgorica, la capital, todavía eran visibles los estragos causados por la Guerra de los Balcanes.

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Bienvenidos a Montenegro


Consejos e información útil

  • Trayectos:
    1/ Autobús de la frontera con Croacia hasta Podgorica (con ferry incluido).
    2/ De Podgorica a Belgrado (tren nocturno).
  • Alojamiento: En el vagón litera del expreso nocturno.
  • Lo mejor:
    - El paisaje de Montenegro: montañoso y abrupto.
    - Su gente: un derroche de buen rollo.
    - En Podgorica estuvimos en las dependencias de la ONG MPDL.
  • Lo peor:
    - Las tormentas de verano no daban tregua.
    - El tren nocturno no tenía compartimentos exentos de pago.



Herzeg Novi

Entramos en Montenegro, quizá, por su frontera más descuidada: la croata a través de la costa Dálmata. Mostramos los pasaportes a los gendarmes de la aduana y anduvimos por la carretera hasta dar con un destartalado autobús. Nos cobraron 5€ hasta Herzeg Novi, un poco caro para tratarse de un trayecto de 12 km. Nos apeamos en la estación de autobuses de esta pequeña población ubicada junto a las Bocas de Kotor. En las taquillas adquirimos los billetes para el bus de Podgorica (5€ para un trayecto de 100 km.)


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Frontera Croacia-Montenegro



Bocas de Kotor

Partimos de Herzeg Novi a mediodía, en un moderno y cómodo autobús. Y a los quince minutos nos detuvimos en la tercera angostura de las Bocas de Kotor, una extensa bahía que penetra tierra adentro, entre las altas y oscuras montañas que dieron nombre a este pequeño país.


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Ferry Kamenari-Lepetani

Cuatro ferries se encargaban de transportar los vehículos entre Kamenari y Lepetane, 300 metros en 10 minutos, evitando así rodear la bahía (30 km. en unos 40 minutos). Durante el corto trayecto pude salir del autobús, momento que aproveché para tomar unas fotos.


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Ferry Kamenari-Lepetani

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Bahía de Kotor desde el ferry



Podgorica

La siguiente parada en la ruta fue en Budva, ciudad costera asentada junto al Adriático. A partir de aquí avanzamos hacia el interior del país a través de una empinada y revirada carretera, con peligrosas curvas cerradas que, si bien mostraban un hermoso paisaje, originaban que el morro del autobús quedara suspendido al borde del abismo.

Pasamos por Cetiña, o Cetinje, ciudad histórica que acoge la sede del Gobierno de Montenegro; y a las tres horas justas de viaje alcanzamos la estación de autobuses de Podgorica, ubicada junto a la de trenes, circunstancia que aprovechamos para almorzar en el restaurante y adquirir los billetes del tren que partía esa noche con destino a Belgrado.


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Estación ferroviaria. Podgorica

No había muchos edificios de interés en Podgorica, la capital administrativa de Montenegro, una ciudad que fue prácticamente destruida durante la Segunda Guerra Mundial y que por tanto casi todas las edificaciones tenían menos de 70 años. El más reseñable lo vimos en la plaza de la República, una gran explanada con forma cuadrada rodeada de feos edificios blancos. Se trataba de la Torre del Reloj, construida en 1667 por los otomanos.


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Torre del Reloj. Podgorica

Caminando por calles de nueva factura dimos, por casualidad, con la sede de la ONG española MPDL. Estuvimos media hora en su interior, charlando mientras tomábamos unos cafés con Juanjo, el director de la ONG, y otros integrantes. Aquí supimos que más del 50% de los montenegrinos querían separarse de Serbia, y deshacer así Yugoslavia (circunstancia que ocurrió en 2006); que la moneda del país era el euro y que la grafía era latina (no cirílica, como en Serbia). La labor de la ONG consistía, principalmente, en ayudar a los refugiados bosnios (15.000) que entraron en Montenegro durante la guerra de los Balcanes y, sobre todo, en devolver las tierras a sus propietarios tras el final de la guerra en Bosnia. Juanjo nos aconsejó que nos acercáramos a ver los puentes sobre el río Moraca. Y eso fue exactamente lo que hicimos.


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Puente sobre el río Moraca

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Puente sobre el río Moraca

Que la ONG española estuviera echando una mano a los ciudadanos más desamparados de la ciudad, fue motivo suficiente para que nuestro paso por Podgorica se viera recompensado con sonrisas y apretones de mano cada vez que alguien preguntaba por nuestra procedencia, y respondíamos "españoles". El caso es que no vimos turistas en toda la tarde, ni en la plaza de la República, ni en los puentes sobre el río Moraca, ni en la zona de copas a la que acudimos mientras nos sorprendía una nueva tormenta vespertina.


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Una calle de Podgorica

Esa noche cenamos en la estación ferroviaria, en el mismo restaurante donde habíamos almorzado a nuestra llegada a la ciudad. Los empleados estaban muy contentos con nuestra presencia, pues éramos turistas y, encima, españoles, un bien muy cotizado por esas fechas en una de las capitales europeas más olvidadas.


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Bar de la estación. Podgorica



Tren Podgorica-Belgrado

El expreso nocturno con destino a Belgrado salió a su hora, con nosotros recorriendo los pasillos de los vagones en busca de compartimentos con asientos. Pero no vimos ninguno, ya que ese tren sólo contaba con coches cama y litera, no aptos para Interrail. Afortunadamente, el revisor nos ubicó en un compartimento y nos asignó tres literas (10€ cada una).

Juanjo, el director de la ONG española, nos aconsejó que viéramos el cañón del río Moraca, a 40 km. de Podgorica, un profundo corredor natural que une la costa de Montenegro con el interior del país y con Serbia. No teníamos tiempo de echarle un vistazo; pero esa noche, desde mi litera, cuando el tren acometía la parte superior de este profundo desfiladero, pude divisar las tenues luces de los coches que se movían por la carretera, junto al río Moraca, y gracias a los rayos de la tormenta que nos perseguía, me di cuenta de la magnitud que tenía el cañón.







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