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De Atenas a Delfos. Nieve y oráculos   Enero 2020
ETAPA 4: Macizo Citerón I Tebas I Arachova I Delfos

Esta ruta nos lleva al norte del golfo de Corinto, desde Atenas hasta las ruinas de Delfos. Por el camino veremos nieve, mucha nieve en el macizo Citerón; nos detendremos en Tebas para admirar su museo Arqueológico, y en Arachova, bonito pueblo de alta montaña encaramado a los pies del mítico monte Parnasos.


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El Tolos de Delfos


Consejos e información útil

  • Trayectos:
    1/ De Atenas a Tebas.
    2/ De Tebas a Delfos por Livadia.
    3/ De Delfos a Atenas.
  • Alojamiento: Hotel Hermes (Calle Apollonos de la Plaka).
  • Almuerzo: Restaurante Delfikon, en Delfi: bebida, ensalada de atún y deliciosa musaka por 10€.
  • Lo mejor:
    - Las ruinas y el museo de Delfos.
    - Montañas repletas de nieve en el macizo Citerón, entre Atenas y Tebas.
  • Lo peor:
    - Por falta de tiempo, no pudimos ver el monumento a Leónidas, en Termópilas.
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Macizo Citerón

Partimos de Atenas tras tomar el desayuno en el hotel. La noche anterior estudié la ruta a seguir para salir de la ciudad indemne, sin problemas, pasando por las plazas Sintagma, Omonia y Karaiskaki. Y lo logré. Logré salir por la autopista 8 y tomar la salida por la E962, carretera que debía conducirnos a Tebas.

Hacia la mitad del recorrido, al atravesar el macizo Citerón (fronterizo entre las regiones de Ática y Beocia), vimos que todo estaba cubierto de nieve. La cuneta, las montañas y pequeños pueblos como Eritras habían sucumbido recientemente ante una copiosa nevada. Grecia era así de imprevisible, y nosotros tuvimos suerte de atravesar el puerto de montaña con la vía limpia gracias a las quitanieves. Eso sí, la temperatura exterior rondaba los 3 grados centígrados.

Las fotos corresponden a los dos sentidos de la marcha, pues regresamos a Atenas por la misma carretera, la E962.





Tebas

Poco queda de la micénica Tebas, la que fuera escenario de la trágica historia de Edipo. El museo Arqueológico (3€), uno de los más importantes de Grecia tras el arqueológico de Atenas, recoge una interesante colección de piezas de origen micénico, hallazgos de las excavaciones de la antigua Beocia. Mi hermana y yo dimos buena cuenta de ella.

Presidiendo el recinto se hallaba la torre medieval perteneciente a una antigua fortaleza franca, construida en 1278. En el patio, en torno a la torre, vimos una colección de estatuas micénicas y bajo los cimientos del edificio principal descubrimos restos de antiguos asentamientos, de los pocos que se conservan en la ciudad.





Monte Parnasos y Arachova

A partir de Tebas, la carretera dio un giro hacia el oeste. Avanzamos por una llanura muy verde, con la vía del ferrocarril pegada a nuestra derecha. Por ella, a bordo de trenes diurnos y nocturnos, pasé yo años atrás en el transcurso de mis interrailes. Dejamos Livadia a la izquierda, y a partir de entonces la carretera se fue empinando. Estábamos en las estribaciones del monte Parnasos, de 2.457 metros de altitud, que lógicamente, por estar en enero, tenía toda la cima cubierta de un manto blanco.


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Monte Parnasos
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Monte Parnasos

Fuimos ganando altura a la sombra del poderoso Parnasos, que parecía una mole pétrea inexpugnable. En sus faldas (imaginé que en la cara norte), existe una estación de esquí, y uno de los pueblos que ofrece una buena base alternativa para la estación, y también para Delfos, es Arachova. Antes de entrar en el municipio nos detuvimos en un mirador ubicado en una curva de la carretera.


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Arachova desde el mirador

Arachova era un pueblo de montaña suspendido en la ladera de la montaña. Al atravesarlo por su angosta calle principal (o sea, la carretera), vimos que su economía giraba en torno a los deportes de invierno, pues eran muchas las tiendas donde se vendía material de esquí.


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Arachova
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Arachova


Delfos

Nueve kilómetros separan Arachova de Delfos, ciudad antigua que está dividida en tres partes: santuario de Apolo, fuente Castalia y el santuario de Atenea (Marmaria). Aparcamiento gratuito, entrada a mitad de precio y pocos turistas, fue el aperitivo de lo que nos aguardaba en adelante en uno de los recintos arqueológicos más importantes de Grecia, y que mi hermana Raquel ya conocía de una anterior visita.

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Zona arqueológica de Delfos
Antes que nada, os recomiendo que estacionéis el coche junto a las taquillas y os mováis a pie entre los recintos. Respiraréis aire puro y contemplaréis un paisaje alucinante.
Primero debéis pasar por taquilla para adquirir la entrada conjunta al santuario de Apolo y el museo Arqueológico. El santuario de Atenea es de libre acceso.

El orden de las visitas debe ser:

  1. Santuario de Apolo.
  2. Santuario de Atenea.
  3. Fuente Castalia.
  4. Museo Arqueológico.


1. Santuario de Apolo y Museo

Las ruinas principales de Delfos, el santuario de Apolo, se encuentran antes de entrar en la pequeña población de Delfi, en la ladera de una escarpada montaña. Un sendero, correspondiente con la vía Sacra, recorre el recinto en continuo ascenso. Y así, de esta guisa, fuimos viendo sucesivos templos, unos en mejor estado de conservación que otros. Pocas columnas quedaban en pie, algunas de ellas sostenían pequeños templos como el del Tesoro Ateniense, otras, en cambio, se mantenían en equilibrio, solitarias, desafiantes al paso del tiempo, caso del Trípode de Platea o columna de las Serpientes. En la parte alta vimos el Teatro (s. IV a.C), con sus gradas en perfecto estado, y desde esa atalaya contemplamos el templo de Apolo en toda su magnitud.

Tras la visita al recinto, y por el precio de la entrada, accedimos al museo Arqueológico, uno de los mejores de Grecia. En su interior vimos bustos de todos los tamaños, con y sin cabeza, frisos, piezas rescatadas de este y de otros sitios arqueológicos, y sobre todo, descubrimos una estatua que entusiasmó groso modo a mi hermana: el Auriga de Delfos, construida en bronce.


El aparcamiento Acceso al recinto. Ágora Romana Vía Sacra Tesoro de los Atenienses Pórtico de los Atenienses Altar de Apolo Templo de Apolo y Trípode de Platea Templo de Apolo Teatro de Delfos Templo de Apolo Trípode de Platea Museo Arqueológico Museo Arqueológico Museo Arqueológico: Auriga





2. Santuario de Atenea Pronoia

Habíamos visto el santuario de Apolo y el museo Arqueológico. Ya sólo nos faltaba desplazarnos a pie hasta el santuario de Atenea Pronoia, la encargada de guardar el lugar sagrado. Caminamos por la carretera, con los restos del Gimnasio a nuestra derecha, hasta dar con el camino que descendía al recinto, que era de libre acceso. Primero nos detuvimos en un Mirador, desde donde pudimos contemplar una buena panorámica del Tholos, edificio circular del siglo IV a.C.

Tras completar el descenso al raso (menos mal que estábamos en enero y no hacía calor), nos acercamos al Tholos para admirar las tres columnas dóricas que quedaban en pie. También vimos las ruinas de otros edificios de los siglos VI y V a.C. De regreso a la carretera, en una terraza situada en un nivel superior, vimos los restos del Gimnasio, del siglo IV a.C. Y de camino al parking, en una curva de la carretera, nos detuvimos junto a la fuente Castalia, cuyas aguas servían para purificar a aquellas personas que querían visitar el oráculo de Delfos.





3. Delfi, la villa

La población de Delfi se encuentra junto a las ruinas, a cinco minutos a pie, aunque nosotros, por habernos dado una buena caminata por los recintos arqueológicos y andar justos de tiempo (iban a dar las tres), optamos por desplazarnos en coche. Aparcamos a la entrada del pueblo, y desde la acera contemplamos atónitos el profundo barranco sobre el que se agolpaban las casas. Mirando hacia la derecha avistamos las aguas del mar Jónico, en concreto una porción del golfo de Corinto.


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Vistas desde Delfi
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Golfo de Corinto

No teníamos intención de caminar mucho por el pueblo. A la entrada dimos con el restaurante Delfikon, que también era hotel. Dos refrescos de cola, una ensalada de atún para compartir y un par de musakas completaron el menú. Pagamos menos de 20€.


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Delfi
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Restaurante Delfikon

Tenía previsto acercarme a Termópilas, pueblo situado a unos 30 km. al norte de Delfos. Quería ver la estatua levantada en honor a Leónidas, uno de los grandes héroes griegos de todos los tiempos, famoso por haber luchado hasta la muerte contra los persas con tan solo 300 guerreros (o eso dicen los libros y algunas pelís). El caso es que eran las cuatro de la tarde, anochecía en una hora y teníamos por delante una carretera de montaña con muchas curvas y algunos tramos nevados. Creímos más sensato iniciar el regreso a Atenas, donde ya tenía previsto estacionar el coche de forma gratuita en la avenida Leof Vasilissis, como así fue.


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