mundo
JOSECANOVAS.COM


Grandes viajes - Pirineos
Mis libros sobre Interrail
Diccionario etimológico
Chequilla y las piedras rojas. Alto Tajo   Agosto 2020
Chequilla I El Guijarral I Valle del Sacedo I Senda GR-10

Situado a 1.350 metros de altitud, se podría decir que sus casas blancas conviven en armonía con las curiosas formaciones rocosas de arenisca rojiza, en forma de gigantescos monolitos y torreones, que la rodean. Este paraje se asemeja a una "ciudad encantada", como la que podemos encontrar en Cuenca o en Castroviejo (Soria).


INFORMACIÓN DEL PARQUE NATURAL   


chequilla chequilla
Chequilla


Consejos e información útil

TOPÓNIMO: El aporte que me han proporcionado los hermanos Goitia, me ha servido para descifrar el topónimo de Chequilla, que proviene precisamente de estas peculiares piedras. Está escrito en la lengua euskérica que se hablaba en la península Ibérica hace miles de años. Y aquí tendríamos dos opciones:
  1. AITZ/ATXA-E = "roca, peña" + K = "plural (equivalente a la 's' castellana)" + ILLA/IÑA = "corte casi vertical".
    TXEKIÑA > TXEKILLA (con el cambio habitual "ñ" por "ll") > CHEQUILLA
    sería "un conjunto de peñas verticales". Casos similares: Chumillas (Valencia), Utrillas (La Rioja).

  2. AITZ/ATXA-E = "roca, peña" + K = "plural" + LLA = "aislado, separado".
    TXEKLLA > TXEKILLA > CHEQUILLA
    sería "un conjunto de peñas separadas". Caso similar: Illescas (Toledo)
Y otros ejemplos de roquedos inexpugnables con la raíz ÑA los encontramos en Uña (Cuenca) o en Oña (Burgos).
Chequilla no es la hermana pequeña de Checa. No tiene nada que ver con el topónimo de su vecina. Se trata de un "conjunto de rocas verticales". Durante miles de años, su nombre apenas ha variado. Ni romanos, visigodos, celtas o musulmanes han alterado su significado.


El mirador de Chequilla

Si llegáis a Chequilla procedentes de Megina cruzaréis la sierra que separa el arroyo Jándula del Cabrillas, y en lo más alto de la carretera se encuentra el amplio mirador de Chequilla, desde el que se domina este pintoresco pueblo y su entorno, con las rocas rojas protagonizando la escena.


mirador
Mirador de Chequilla


El pueblo

Chequilla ha cambiado mucho con el paso de los años. Cuando nació mi cuñada, en la época en que mis suegros llevaban el bar, el pueblo era un hervidero, con hombres y mujeres extenuados tras las duras jornadas de trabajo en el campo; con niños correteando por la pedregosa plaza en busca de unos caramelos que alguien había lanzado al vuelo desde la puerta de una recia casa. Eran tiempos duros, de escasez y penuria. Pero todo cambió en los años sesenta, cuando un buen día alguien emigró en busca de una vida mejor y, poco a poco, el pueblo se quedó huérfano. Las casas se cerraron para siempre, bueno, quedaron a la espera de que sus propietarios volvieran en verano. Como así ha ocurrido hasta la fecha.

Hoy día, como ocurre casi todos los meses de agosto, voy al pueblo con mi mujer, hija de chequillanos, en compañía de nuestra hija. Abrimos el candado, retiramos la pesada puerta de hierro, la desenpolvamos y la guardamos durante una semana, que es el tiempo medio que solemos quedarnos. Y así obra el resto de familias, abordando el pueblo en verano y abandonándolo el resto del año. Es una pena, pero esta situación se repite en la España vaciada, la del interior, la que no tiene playa. Da igual que Chequilla sea un lugar maravilloso, habitado probablemente desde el neolítico (ellos le dieron el nombre euskérico o íbero), cada año sus visitantes regresan tristes a la ciudad, resignados por no poder quedarse más tiempo. "Aquí no hay trabajo ni futuro", suele ser la frase reina de cada verano, o como suelen decir muchos partisanos bajo el chopo de la fuente: "nadie invierte un duro en la zona, ni explota los recursos con que cuenta el Alto Tajo". Y no les falta razón. Nos hallamos en el Parque Natural del Alto Tajo, una zona preciosa de España, tan bonita como olvidada.

Y como ocurre cada año, la pesada puerta ocupa su lugar, custodiando la casa hasta el siguiente verano. El clic del candado viene acompañado de un leve suspiro. Es un breve episodio de resignación, de impotencia, porque sé que me aguarda otro año confinado en la ciudad, rodeado de asfalto, ruido y polución.

Aquí tenéis Chequilla a vista de pájaro.

Y aquí unas imágenes de los principales atractivos del pueblo a ras de suelo, entre los que destacan: la iglesia parroquial de San Juan Bautista, la fuente y la piedra Trascastillo:


La plaza El frontón La iglesia La fuente Iglesia y fuente El Ejido Piedra Trascastillo Arroyo Sacedo Chequilla desde las piedras El Cristo (19 de agosto) Suelta de vaquillas La orquesta





El Guijarral

Las piedras de Chequilla se originaron hace unos 180 millones de años, en un proceso de sedimentación por la regresión del mar. Son rocas silíceas formadas por carbonatos y hierro, elemento este último que les da su característico color rojizo. A la entrada del pueblo por el río Cabrillas tenemos el Guijarral, una pequeña elevación del terreno sembrada de torreones y monolitos de roca dura. Vale la pena detenerse unos minutos para admirar de cerca las piedras del Camión, de la Serpiente y del Covacho.





La plaza de toros

Varias sendas serpentean entre estos singulares relieves y una de ellas conduce a una curiosa formación circular utilizada como plaza de toros. ¿Sabríais encontrarla?


plazatoros
La plaza sin toros
toros
La plaza con toros


Senda GR-10 (Chequilla-Checa)

Dos grandes rutas de ámbito nacional confluyen en Chequilla: el Camino del Cid (GR-160) y la senda GR-10 (Lisboa-Valencia). La primera, de más de dos mil kilómetros de longitud, es un itinerario turístico cultural basado en Rodrigo Díaz de Vivar y en una obra literaria: El Cantar del Mío Cid. Atraviesa ocho provincias (Burgos, Soria, Guadalajara, Zaragoza, Teruel, Castellón, Valencia y Alicante) y puede recorrerse tanto por carretera como por sendero. La senda entra en Chequilla desde Megina cruzando el río Cabrillas y luego continúa hacia Checa por el arroyo Sacedo.

El GR-10 es una senda de 1.600 kilómetros de longitud que une Lisboa con Puçol (Valencia), o lo que es lo mismo, une el Atlántico con el Mediterráneo por el centro de la península. Atraviesa todo el Parque Natural del Alto Tajo de este a oeste y entra en Chequilla, proveniente de Peralejos de las Truchas, por el depósito de agua (aquí coincide con el GR-160). El tramo de GR-10 que realizamos, entre Chequilla y Checa (de 5,3 kilómetros), es el que os relato a continuación.


gr10
Chequilla desde el GR-10

Para llegar al depósito desde Chequilla hay que tomar la calle que deja el frontón a la izquierda y, antes de llegar al cementerio, girar a la derecha por el "Callejón", un camino natural parcialmente cementado que asciende de forma abrupta entre altas piedras. En la parte superior, una vez alcanzado el depósito de agua, giraremos a la izquierda siguiendo los palos rojos y blancos del GR-10 (no hay que seguir la pista apta para vehículos que desciende al arroyo Sacedo, que se corresponde con el GR-160).

El ascenso por la ladera de la montaña nos permite ver Chequilla a vista de pájaro, con las relucientes casas blancas sobresaliendo entre las descomunales piedras rojas. Al fondo veremos la loma pelada de El Santo (que antiguamente fue conocida, muy probablemente, como cerro del Castillo). Este dato queda reflejado en una de las piedras más grandes que se pueden ver en Chequilla: la piedra Trascastillo.

TOPÓNIMO DE CASTILLO: Como nos explica Javier Goitia en su web "eukele", la voz "Aitz/atxa" significa peña, y "aillo" es una voz de origen euskérico que significa "lugar prominente, un punto de vigilancia". Si las unimos tenemos: AITZAILLO, que con el paso de los siglos ha derivado en ASTAILLO > CASTILLO.
Un AITZAILLO no es más que una "peña vigía". Al norte de Guadalajara tenemos la sierra de Ayllón, una perfecta atalaya desde la que se domina una área muy extensa, y en el resto de España existen cientos de enclaves llamados castillo/castell donde nunca hubo fortaleza alguna.

Ahora se trata de alcanzar la cresta de la montaña, a 1.500 metros de altura, por la que caminaremos en dirección a Checa. A la derecha aparece la Canaleja y el arroyo Sacedo y a la izquierda el valle del Cabrillas. Transcurridos tres kilómetros penetramos en El Picorzo, una tupida zona de pinos. La senda pasa por la Fuente Salada, lugar desde donde ya avistaremos Checa. Bordeamos la montaña hasta las antenas del municipio, punto desde el que se obtienen buenas vistas de Checa, y desde el que iniciamos el regreso a Chequilla por la misma senda.

Nota: En 2012, un devastador incendio quemó más de mil hectáreas del término municipal de Chequilla (también alcanzó a los municipios de Traíd y Checa), por lo que si realizáis este mismo itinerario veréis las consecuencias en primera persona. El dicho "los árboles no me dejan ver el bosque" carecerá de sentido en algunos tramos de la senda.




∧ Volver arriba


altotajo2


ALTO TAJO



viajesgold


DESTINOS