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Isla Egina. Golfo Sarónico   Enero 2020
ETAPA 2: El Pireo I Isla Egina

Excursión vespertina a la isla de Egina, en el golfo Sarónico. Este rincón del Egeo es muy frecuentado por los atenienses que quieren liberarse del ajetreo que reina diariamente en la capital, sobre todo los fines de semana. Nosotros fuimos entre semana, y hallamos la paz que buscábamos, con visita incluida a las ruinas de Colonna.


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Isla Egina


Consejos e información útil

  • Trayectos:
    1/ Metro: De Monastiraki al Pireo (2,75€ i/v).
    2/ Barco: Del Pireo a Egina (23€ i/v).
  • Alojamiento: Hotel Hermes (Calle Apollonos de la Plaka).
  • Almuerzo: Taberna Ágora, cerca del mercado de Egina. Exquisitas raciones de pescado y calamares.
  • Lo mejor:
    - El almuerzo y el posterior café frapé en bares de Egina.
    - Visitamos en solitario las ruinas de Colonna.



El Pireo

Entramos en el suburbano ateniense y sacamos dos billetes de ida y vuelta a El Pireo en la máquina expendedora (2,75€ cada uno). Tardamos media hora en llegar a nuestro destino, el principal puerto de Atenas, un lugar que yo ya conocía de mis dos anteriores visitas a la capital helena (la segunda embarqué a Santorini).


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Estación de El Pireo

En la zona portuaria compramos dos billetes de ida y vuelta para la isla de Egina (23€ cada uno, un ferry rápido a la ida y otro más lento a la vuelta. "Vuestro barco zarpa en diez minutos", nos dijo el empleado. Caminamos rápido hasta el muelle donde se hallaba nuestro transporte, un catamarán de la compañía Flying Dolphin que sólo admitía pasajeros. A las 12,50 zarpamos hacia Egina.


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Puerto de El Pireo
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Catamarán Flying Dolphin


Isla Egina

Tardamos 35 minutos en llegar a Egina, isla situada en el centro del golfo Sarónico, en el mar Egeo. La capital, Egina, es uno de esos lugares tranquilos donde se respira paz y tranquilidad. Llegamos a la hora de almorzar y mientras recorríamos el paseo portuario, con sus terrazas atestadas de mesas aguardando turistas, fuimos mirando los menús de los bares. Finalmente nos decantamos por comer junto al mercado de pescado, en la taberna Ágora, donde degustamos buenas raciones de pescado y calamares a buen precio.

Más tarde, en una terraza que daba al puerto, tomamos unos exquisitos cafés frapé, especialidad griega de la que di buena cuenta años atrás. A continuación recorrimos a pie el centro de Egina por calles peatonales y por otras que no lo eran. No había mucho que ver, así que decidimos caminar hacia las cercanas ruinas de Colonna, emplazadas al oeste de la capital. El taquillero nos dijo que el museo estaba cerrado, pero abrió la verja y decidió acompañarnos para mostrarnos el sitio arqueológico. Al concluir se ganó un propina.

A las 17,30 horas, tras una agradable estancia en la isla, embarcamos en el Apolos, un buque de más calado que admitía vehículos y que iba provisto de cómodos sillones. Esta vez tardamos una hora y quince minutos en llegar a El Pireo, el doble de tiempo que en el trayecto de ida.




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