Mi paso por Jordania fue un viaje a través del tiempo y del desierto: desde las antiguas ciudades de la Decápolis y la mítica Vía de los Reyes, hasta los ecos de Petra y el silencio dorado de Wadi Rum. Recorrí los castillos del desierto, floté en las aguas del Mar Muerto y sentí la espiritualidad de Betania. Todo culminó en Ammán, donde el pasado y el presente se entrelazan bajo la misma luz oriental.